1960: Teatro Sauto, patrimonio del pueblo

En esta fecha, en 1960, ocurrió un acontecimiento de trascendencia para la ciudad de Matanzas, cuando el teatro Sauto, pasó a manos del pueblo. Eso significó la asignación de un presupuesto estatal, garantía de su funcionamiento acorde a la política cultural de la Revolución.
El colectivo del teatro Sauto, declarado Monumento Nacional en 1978 y Premio Nacional de Restauración 2020, ha sido celoso en la programación de espectáculos que elevan el nivel cultural de los matanceros.
Sus inicios se remontan a 1863 y desde entonces, deviene uno de los símbolos de la ciudad. Presenta su interior en forma de U y consta de 775 asientos, cubierto con paneles de madera. Posee tres balcones y su primer piso puede elevarse para convertir al auditórium en un salón de baile.
La cortina original del teatro es una pintura del puente Lacret que pasa sobre el río Yumurí. El lobby está adornado por estatuas de diosas griegas de mármol de Carrara y al techo del salón principal lo adornan pinturas figurativas de las musas.
En cuanto a la iluminación, cuenta con 46 lámparas artísticas restauradas por Miguel Ojito Fariñas, quien se encargó de devolverle el esplendor a cada una. Resalta la lámpara de tipo araña que engalana el salón principal, trasladada en el año 1967 desde el Cabaret Parisién del hotel Nacional hacia el Sauto, que tiene la particularidad de formar parte de las únicas tres reliquias de este tipo que existen en el país. Otra de las luminarias de gran valor patrimonial se colocó en el Salón de los Espejos, proveniente del Gran Teatro de La Habana, Alicia Alonso.
Como se aprecia, el Teatro Sauto, institución propiedad del pueblo, atesora valiosos objetos que son conservados por el destacado colectivo de trabajadores, dirigido por Kalec Acosta, que cuidan con tesón esta joya arquitectónica y artística de la cultura nacional.


