20 de febrero de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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Urbano Martínez Carmenate y su devoción por la historia

Hace algún tiempo asistí a una conferencia en la Casa de Cultura Bonifacio Byrne, de la ciudad de Matanzas. Se trataba de una exposición a propósito del aniversario del natalicio de Carilda Oliver Labra, a cargo de su biógrafo, el ensayista, historiador e investigador matancero Urbano Martínez Carmenate.

Me interesaban el tema y el ponente, sobre todo después de la lectura de Carilda Oliver Labra: la poesía como destino, con la firma del prestigioso intelectual. Aquel interesante y revelador conversatorio acerca de una de mis escritoras de cabecera superó todas mis expectativas.

El hombre que apoyaba sus parlamentos en unas cuantas notas manuscritas, con un lenguaje diáfano y sencillo, hizo gala de su enciclopédico conocimiento, la pasión con que asume y aborda cada una de sus investigaciones y su habilidad como comunicador.

De su incuestionable laboriosidad ha nacido cerca de una treintena de textos, entre ellos las biografías de notables personalidades de la cultura cubana y universal.

  • Carpentier, la otra novela, uno de los libros de su autoría que más recientemente se ha publicado, ha sido también para usted “el más dolido y trabajoso”. ¿Cuánto tuvo que ocurrir, cuánto tiempo transcurrir para que viera la luz?

“Lo comencé sobre el año 2000 o 2001 y lo terminé entre 2018 y 2019. Pasaron cinco años y se publicó en 2024, o sea, ha sido una carrera bastante larga que tuvo muchos impedimentos, muchas dificultades.

“Primero que todo cuando lo comencé estaba viva Lilia Esteban, viuda y albacea de Carpentier quien, en un determinado momento se opuso, a pesar de que la Fundación Alejo Carpentier había reconocido el proyecto con el Premio Razón de Ser. Ella dijo que yo no lo podía hacer porque no era musicólogo y otras expresiones que me hicieron detener el proyecto por un tiempo.

“Terminé una primera versión. Después de su muerte comencé una segunda y finalmente una tercera con todos los documentos que estaban en la Fundación, cuya dirección asumió Graciela Pogolotti, que sí me ayudó apasionadamente.

“Por todas esas razones es un libro muy dolido, muy dificultosa su compaginación, el proceso. Todo fue difícil, es extenso, pero felizmente ahí están los resultados”.

  • Sé, por la experiencia cotidiana, que a un padre nunca debe preguntársele por su hijo preferido, pero esta vez me arriesgaré. Entre los libros que ha escrito, ¿tiene Urbano alguno predilecto?

«Yo creo que lo he dicho en otra ocasión. Es muy difícil escoger entre los hijos. Yo lo que te pudiera decir algunas cosas que no tienen que ver con mi preferencia. Por ejemplo, la de Domingo del Monte es la más premiada, la más reconocida, nacional e internacionalmente; la de Milanés, la que me trae más tristeza y me identifico mucho con ella; la de Byrne, que fue la primera; la de Carpentier, que fue la última.

“Me sería muy difícil escoger entre ellas porque todas las he hecho apasionadamente, con un gran amor, con una gran dedicación. He tratado de poner en todas lo mejor de mí. Algunas han quedado mejores que otras, por supuesto.

“Mira, cuando hice la biografía de Nicolás Heredia pensé que era necesario porque es uno de nuestros mejores novelistas en el siglo XIX. Leonela está considerada una de las novelas más importante de esa época, junto con Mi tío el empleado y Cecilia Valdés.

“En segundo lugar porque había vivido la mayor parte de su vida en Matanzas y valía la pena entonces destacarlo por esas cosas. Pensé que sería un personaje simple, pero cuando comencé a investigar las complejidades eran enormes, hasta sus relaciones con Martí y otras cuestiones que sencillamente lo convirtieron en un personaje complicadísimo. Yo mismo me sorprendí con eso, son experiencias que uno tiene como creador”.

  • ¿Cómo llega a escribir sobre la vida de grandes personalidades? Comentaba que la primera de sus biografías fue la de Bonifacio Byrne, ¿cómo escoge a sus biografiados?

“La primera biografía fue la de Bonifacio Byrne y tuvo tres versiones. Una primera que era inmensamente grande, una segunda que después ganó el premio de biografía del concurso Primero de Enero y una tercera que fue la que salió en 1999. Después volví a escribir otro libro que se llama Byrne, el verso  de la patria, que es la que hasta ahora tengo como definitiva.

“Entré al Palacio de Junco como investigador. Procuré investigar algo relacionado con la literatura, que fue la carrera que estudié. Soy Licenciado en Filología, especialidad Literatura Hispanoamericana. Allí había un fondo muy amplio e interesante sobre Bonifacio Byrne.

“Como estaba en un museo fundamentalmente histórico me empeñé en hacer su biografía. No se trataba de un estudio literario, sino de una biografía del poeta porque no existía una biografía amplia, profunda, completa. Luego me motivé a hacer la de Milanés”.

  • No podemos dejar de conversar, precisamente, sobre su labor como investigador del Museo Palacio de Junco. De ahí han salido valiosas publicaciones relacionadas con la historia matancera, ya me contaba sobre esos inicios…

“Mi labor ha sido siempre muy considerada, muy atendida. Cuando le he dicho eso a algunos amigos me han dicho: claro, te lo has ganado y les respondo: es verdad que me lo he ganado, pero bueno, pudiera existir el caso de alguien que se gane las cosas y no se lo reconozcan.

“A mí siempre me lo han reconocido, siempre me han atendido, siempre me han facilitado la labor. Llegó un momento en que me dijeron te vamos a quitar la mesa de trabajo porque es mejor que trabajes desde tu casa.

“Tuve tiempos, en la década del 80, que trabajaba en el mes 15 días en Matanzas y 15 en La Habana. Todo eso era sustentado y apoyado por el museo. Siempre me he sentido y me sigo sintiendo muy satisfecho con el museo”.

  • ¿Cuánto se diferencia la biografía de otros géneros a la hora de escribir, en cuanto a recursos? ¿Cuánto exige gestar una buena biografía?

“No creo que haya, por ejemplo, grandes diferencias entre el ensayo, la monografía y la biografía, como no sea la concentración en el tema. Diferencias en el lenguaje no tiene por qué haber.

“Una monografía estudia a profundidad un tema, tratando de no dejar nada por calar; la biografía hace lo mismo, lo que solo que se dedica a una persona; el ensayo es un poco más amplio o menos amplio como quiera verse, es más libre pudiera decir yo.

“Por ejemplo, mi libro Fray Candil es un ensayo, no es una biografía. Ahí me di el gusto de escribir lo que me diera la gana, irme porque me diera la gana y dejar fuera lo que yo entendía que no debía haber, eso no se procura en una biografía.

“La biografía procura, aunque no siempre lo logra, atar todos los puntos y esclarecer la mayor parte de los datos pero, en definitiva, algunas personas han considerado las biografías que yo hago como estudios biográficos ensayísticos porque no soy el biógrafo que simplemente describe sino que interpela, razona, condiciona, procura respuestas, interroga el propio biografiado».

  • ¿Cómo valora la investigación histórica hoy en Matanzas?

“Mi opinión es pésima, muy mala. No es que no se esté investigando, pero determinadas personas que no deberían ser como es, es decir, debía ser como ocurrió en la década del 80 y todavía un poco en los 90, que había mucha gente trabajando en la investigación.

“Por supuesto que la responsabilidad de eso no la tiene la persona, sino la situación del país que es muy difícil y entonces hay que pensar que, en primer lugar, para trabajar la investigación en un municipio es necesario moverse hacia Matanzas y para trabajar en Matanzas la investigación, hay que moverse hacia La Habana.

“Es indudable que el Archivo Nacional, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca de Literatura y Lingüística y Casa de las Américas son lugares de los que no se puede prescindir para trabajar cualquier tema.

“Todo es muy difícil; no se le puede pedir a la gente que investigue, salvo aquellos que están consagrados, que no paran, una Mireya Cabrera, Ercilio Vento o Clara Emma Chávez, en Matanza; un Ernesto Álvarez Blanco, en Cárdenas, con muchas dificultades, pero lo hacen porque además tienen también otras condiciones, pero en realidad está muy deprimida la investigación».

  • Urbano, sus no pocos premios son resultado de una vida consagrada a la escritura, la investigación, a su talento y esfuerzo. Me interesaría más que listarlos saber, ¿cuál ha sido su mayor goce, la más grande recompensa que encuentra tras la escritura?

Los premios siempre traen sorpresa y alegría porque es un reconocimiento público a la obra de uno. No te voy a decir que para mí los premios no significan nada, pero lo más importante para mí no son los premios, sino la obra en sí.

“Mi mayor satisfacción ocurre cuando veo, contacto, experimento, que lo mismo un intelectual que un hombre de pueblo me para y me dice leí tu libro, como me gustó, cuánto aprendí, sigue escribiendo así.

“Para mí ese acto tiene un valor tremendo porque yo no escribo solamente para los intelectuales, escribo para el pueblo también. Procuro hacerlo en el lenguaje más claro posible porque me interesa el hombre común también lea las biografías».

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