Un país de amantes, no de “odiantes”
Resulta difícil de explicar y explicarse que en un país con tanta obra amorosa prodigada, hacia dentro y hacia el exterior de sus fronteras, calaran en magnitudes semejantes las continuas y mezquinas campañas comunicacionales de incitación al odio que tienen como sustento y principal incitador a los gobiernos de Estados Unidos, los grupos extremistas apátridas radicados en ese país y sus cómplices o mercenarios internos, tal como ocurrió con la grotesca operación político-comunicacional que terminó en los sucesos que nos estremecen por estos días.
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