Víctor Hugo Morales: De zurda, antes que nada, estar en Cuba

Una vez más, el periodista uruguayo Víctor Hugo Morales, conduce un programa durante la edición de una Copa del Mundo.

En marzo del 2015 recibí una larga carta de Víctor Hugo Morales: ¿Se fue obligado a Argentina? ¿Por qué?

Las circunstancias lo aconsejaban. Eran tiempos de una dictadura en Uruguay la cual, como lo demostrarían años después los archivos secretos de la misma, revelados por el gobierno actual, me seguían, criticaban, observaban y debo pensar que, cosas que ocurrieron (cárcel por un tema menor durante un mes, prohibición de entrar a las canchas, llamados de atención) habían agotado la relación.

No eran decisiones directas de ellos, pero yo sabía, todos sabíamos, que esas cosas no podían suceder sin que ellos lo aceptaran o lo digitaran. Estando detenido por una pelea en un partido de fútbol de muchachos, me visitaron colegas de Argentina y me ofrecieron trabajar en este país. En esa condición decidí partir. Es verdad que había otra dictadura, pero la de Argentina declinaba en el 81 y era empezar la relación de cero.

¿Qué sucede cuando se enfrentan Uruguay y Argentina?

Agradezco mucho que los argentinos acepten con naturalidad que mi preferencia siempre es la camiseta de Uruguay. No se es bien nacido si se traicionan las raíces. Pero luego viene en un plan afectivo muy profundo todo lo que se refiere a la Argentina.

¿Qué tiempo estuvo sin escuchar su narración del gol de Diego Armando Maradona en México 86? ¿Por qué ha dicho que fue el último gran campeonato del mundo?

Unos años. Me provocaba un cierto pudor. En la trasmisión del partido entero, voz e imágenes, el cual está en mi página, se aprecia como ya aquel día yo ofrecía disculpas por el desborde emocional que había ocurrido durante el relato de ese gol. Fue un momento de cierta locura por la concurrencia de varios factores.

En cuanto a la calidad, el del 86 fue el torneo que tuvo mayor cantidad de buenos equipos. Había diez seleccionados por lo menos en condiciones de ganar el Mundial: Brasil, Alemania, Uruguay, Bélgica, España, Unión Soviética, Inglaterra, Francia, el propio México que armó un gran equipo. Eso no se ha repetido. La calidad de muchísimos partidos es inolvidable.

¿Qué lo une al Pibe de Oro además del fútbol?

La gratitud. Ha sido la mayor fuente de inspiración para mi trabajo. El respeto, porque pudiendo darse a los poderes, está siempre enfrente de ellos. En síntesis: un gran amor por un hombre especial, lúcido como pocas veces he visto. Y un coraje, en el error o el acierto, a partir de sus convicciones.

¿Qué ha significado De zurda en su carrera?

Víctor Hugo (derecha) y Maradona en uno de los programas De Zurda, en Telesur.

Lo primero que rescato, y la voy a sorprender, fue entrar a Cuba. Fue estando aquí en algún viaje, cuando al ver la fuerte presencia de Telesur, me imaginé en su pantalla para llegar a los cubanos. Cuba es, para mi generación, la más alta, la más emocionante de las banderas en la construcción del mundo soñado.

En la curva de mi vida hacia el ocaso, aún más fuertemente. Porque he aprendido que algunos reparos eran el fruto de mi formación burguesa, ese ámbito donde se habla de libertad tan solo como la manera de hacer negocios. La verdadera libertad del hombre no es posible sin igualdad.

Me fui algo lejos. Pero De Zurda es antes que nada, estar en Cuba, esa tibieza, nada menos. Y es Diego, y es América Latina. Un gran pretexto es el fútbol, y lo es Diego para hablar de los sueños de emancipación e igualdad.

¿Quién es “el Mesías”? ¿Por qué?

Lo digo de Messi, jugando con su apellido y con la condición de sucesor de Maradona. Este es el Dios, y Messi, su enviado.

De los miles de goles que usted ha narrado ¿Cuáles tres les resultan especiales?

Final del Mundialito en Uruguay ante Brasil, anotado por Victorino. Y los de Diego, en especial los del 86, y el del 94 a Grecia, el relato más perfecto de mi vida. Tengo aprecio, aunque le parezca insólito, por el gol con la mano a Inglaterra. Es por el orgullo que me provoca que aun siendo gol argentino, de Diego y contra Inglaterra, dije las cosas tal como sucedieron. El periodista no se traicionó con la emoción o la conveniencia.

¿Qué opinión le merecen los premios? ¿Por qué nunca ha recogido los Martín Fierro?

Si naciera de nuevo y tuviese personalidad, no aceptaría ninguno. No creo en ellos. El Martín Fierro es algo que se acomoda a circunstancias, intereses, lecturas del momento. Un día, muy al principio me advertí eso y no fui nunca más. Cuando debo aceptar otros, pagaría por no hacerlo.

Es distinto el tema de las distinciones. El reconocimiento no competitivo con otras personas tiene otra dimensión para mí. Los valores y el servicio que alguna vez hayamos podido prestar, reconocidos, son un estímulo. Es difícil pensarnos en hacer algo sin aspirar a un cierto reconocimiento. Los que hayan logrado eso, ya son seres superiores, pero no lo sabemos justamente por eso.

En algún momento ha confesado que ama la información general: “Me importa el mundo, la vida, la cultura, las luchas del hombre y el deporte, claro”.  ¿Es esa cultura general lo que posibilita ser un buen narrador deportivo?

Yo no soy un hombre culto. Pero siento un profundo amor por la cultura. Y eso es curiosidad, búsqueda, hambre. En ese camino, uno es un poco mejor, haga lo que haga. El narrador usa muchas herramientas, casi todas físicas, si lo asisten otros valores provenientes de la lectura, de las artes; al enriquecer su vocabulario, crece la calidad del pensamiento. Eso es lo que persigo, aunque nunca se llegue al horizonte.

En 1998 publicó Un grito en el desierto. ¿Por qué ese tema? ¿Y cómo nació Audiencia con el diablo?

Para Cuba sería más interesante Un grito…, una enérgica confrontación con el neoliberalismo, escrito en el año 97 cuando América, salvo Cuba, había caído en la más pavorosa ausencia de soberanía.

Audiencia… es la consecuencia de la misma lucha, pero encarada respecto a los medios de comunicación dominantes, la peor lacra, la más repugnante mentira del mundo. El hombre más poderoso de la Argentina, un tétrico personaje de apellido Magnetto, me hizo un juicio por mis supuestas injurias. Pero no se presentó cara a cara. Se quedó en la habitación de al lado de la jueza. El libro hace catarsis sobre lo que hubiera querido decirle si lo tenía enfrente.

¿Se ha visto tentado a escribir pura ficción?

Me gusta escribir. Me deslizo a veces hacia ciertas formas de ficción para mejorar la realidad de mis ensayos, pero no se me ocurren novelas ni cuentos. Ya estoy apto para aceptar que debo asumir lo del futbolista a los 15 años.

No maneja su cuenta Twitter, ni se aferra al correo electrónico, ni al celular. ¿Qué piensa, entonces, sobre “el fin de la radio, la TV y el cine” como los conocemos hoy y de la desaparición del papel según algunos?

Me provoca melancolía anticipada. La misma que siento por las cartas de puño y letra, por las novelas que escuchaba con mis padres. Tengo una cierta inquina contra el progreso. Agudiza las injusticias. Ese recelo, y otras características, me dejan un poco afuera del mundo. Pero no siento que me pierda nada.

¿Cuándo llegó Cuba a sus oídos? ¿Y cuándo pisó su suelo por primera vez?

Cuba es desde el 59 y los años 60 parte integral de mi vida, de la de toda mi generación. La bandera, el sueño. La influencia en nuestras elecciones políticas. El grito interior de los vulnerables. Vine por primera vez a fines de los 90. Y luego, felizmente, en varias ocasiones.

***

Víctor Hugo Morales y Juan Pablo Sorín han sido lo protagonistas de la Zurda Infinita. Sorín, el ex capitán de la selección argentina. En 1995 se coronó campeón del mundo en ese país con la Sub 20 de Pekerman.

Érase una vez en Qatar es obra de Sorín, en compañía de su esposa Sol Alac, quien además es productora general, y los directores Federico Rotstein e Ignacio Ceroi.

Por Telesur junto a Victor Hugo, Sorín ha comentado cada día del mundial de Qatar. El programa es una suerte de lo mejor de las últimas copas del mundo y tambíen un homenaje y recuerdo de Diego Armando Maradona.

Por: Paquita Armas Fonseca/Cubadebate

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