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Cerca del espíritu del Maestro

La sala Colección Martiana
La sala Colección Martiana es un tesoro de la cultura y el patrimonio nacional.

CÁRDENAS.— Aunque nunca estuvo físicamente aquí, José Martí siempre tuvo a buen resguardo en su corazón a numerosos cubanos provenientes de esta urbe del norte matancero. En reciprocidad, este pueblo ha custodiado durante más de un siglo varios objetos y documentos que pertenecieron al Apóstol cubano.

En otras épocas y circunstancias difíciles pudieron haber desaparecido en colecciones privadas, pero el decoro de personas dignas ha nutrido hasta nuestros días una Colección Martiana muy rica e imperecedera: «Estas piezas, las referencias que hace Martí sobre Cárdenas en su obra escrita y las acciones a favor de la Patria y de la independencia de Cuba de los trece amigos cardenenses de Martí, constituyen, junto a la calle, el parque y el monumento que perpetúa su memoria, un tesoro invaluable que cuidamos con celo y mostramos con orgullo a quienes visitan la Ciudad Bandera de Cuba», asevera el escritor e investigador Ernesto Álvarez Blanco, quien fuera también historiador de la ciudad.

Mesa donde se firmaron las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en el Club San Carlos, Key West. Foto: Danilo Martínez Carmenate.

Hasta esta meca de la cultura nacional llegó un equipo de Juventud Rebelde. Luego de rebasar la puerta principal y el vestíbulo del Museo Oscar María de Rojas, caminamos a la izquierda por un pasillo y nos adentramos en la humilde sala donde se conservan para la posteridad un grupo de muebles y objetos que nos acercan al espíritu de ese gigante de la cubanía, de cuyo natalicio celebramos este 28 de enero 170 años.

En una de las paredes de esta sala resalta el rótulo con que se identificaba el periódico Patria, objeto donado por el médico Ramón Luis Miranda, quien atendió en múltiples ocasiones las dolencias del Maestro. Igualmente llama la atención el reloj de pared usado en la oficina del Partido Revolucionario Cubano, también en New York.

Cartera-billetera que perteneció al Apóstol y regaló a su amigo Valdés Domínguez. Fotos: Danilo Martínez Carmenate.

Un ejemplar original de ese rotativo, fundado por Martí el 14 de marzo de 1892, muestra la manera en que fue utilizado para unir a los cubanos de la Isla y de la emigración en el derrotero común de abolir el colonialismo y lograr la independencia.

Testigos de ese esfuerzo son también la silla y el escritorio utilizados por Martí cuando fungía como redactor y director de Patria en su oficina radicada en Front Street No. 120, en la urbe norteña, trasladados a Cárdenas tras su muerte.

Otro de los objetos que impresiona es el óleo sobre lienzo pintado por Luis Salazar, amigo personal de Martí, quien realizó la obra en 1890 por encargo de Fermín Valdés Domínguez.  Muy cerca se muestra la llave del camarote 29 del barco Olivette, que uso Martí durante su primer viaje a Cayo Hueso para realizar labor proselitista entre los tabaqueros emigrados. Allí llegó el 25 de diciembre de 1891, invitado por un comité constituido para atenderlo.

Aquí se atesora un fragmento de madera del ataúd donde fue colocado el cadáver de Martí después de su caída en Dos Ríos, muestra donada el 26 de abril de 1910 por José Bofill, director del museo-biblioteca Bacardí, de Santiago de Cuba.

La mesa donde se firmaron las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en el Club San Carlos, Key West, el 5 de enero de 1892, fue concedida a Cárdenas el 24 de septiembre de 1907 por la dirección de ese Club, con la aprobación de las organizaciones de base del PRC, los talleres y el resto de los emigrados residentes en Cayo Hueso.

La cartera-billetera empleada por Martí durante esos años de exilio fecundo, regalada a Fermín Valdés Domínguez, su hermano querido, en víspera de su partida a Santo Domingo, fue legada al museo el 2 de febrero de 1915 por Asunción Castillo, viuda de Valdés Domínguez.

Una figura amada

Lázaro Miranda Chirino, ex director del museo e investigador de esta colección martiana, recalca que muchos cardenenses, agradecidos por la colosal obra edificadora del Apóstol de la independencia cubana y nucleados alrededor del ideal patriótico del museo, lanzaron aún en pleno final del siglo XIX una campaña nacional e internacional para salvar reliquias vinculadas con la vida y obra del más iluminado de los cubanos de esa centuria.

«Cuando contemplamos la labor de rescate llevada a cabo para salvaguardar esos tesoros excepcionales del patrimonio cultural de la nación, promovida por el museo Oscar María de Rojas a lo largo de más de cien años, nos sentimos deudores de esas personas que, a tiempo, supieron defender valores preciados de nuestra patria y de la civilización humana», reflexiona Miranda.

Escritorio usado en la redacción del periódico Patria. Fotos: Danilo Martínez Carmenate.

«Cada objeto que integra este catálogo martiano trasmite el espíritu del Maestro y su bregar sin descanso por la libertad de su tierra querida y en cada uno de ellos está el amor entrañable de los cardenenses, que, en nombre de los cubanos, custodian y preservan estas reliquias para la posteridad», asiente Miranda Chirino.

Añade que esta colección es la más completa existente en Cuba relacionada con la actividad de Martí en la emigración y es resultado de la consagración de varias generaciones de cardenenses.

Por su parte, Álvarez Blanco asegura que la colección es excepcional, no solo por el valor intrínseco de cada pieza y su estado de conservación,  sino por la historia que hay detrás de cada una, desde que estuvieron relacionadas con Martí hasta que fueron detectadas por Oscar María de Rojas o alguno de sus colaboradores y miembros corresponsales del museo, y decidieron hacerse de ellas para la institución.

Lo mismo pasa con los exponentes que llegaron después de la muerte del apasionado coleccionista en 1921: «Sorprende que la autenticidad de cada una de esas piezas esté debidamente documentada y que cada uno de esos documentos que prueban su valor sean también de gran importancia para el patrimonio de la nación por quienes los redactaron o rubricaron.

Silla que usaba Martí en el periódico Patria. Foto: Danilo Martínez Carmenate.

El licenciado Danilo Martínez Carmenate, museólogo e investigador, reafirma que la Sala de Martí tiene gran importancia y significación histórica para Cuba: «En ella se exhiben reliquias de excepcional valor vinculadas directamente con la etapa más fructífera de su corta, pero intensa vida revolucionaria, como la tribuna, especialmente construida para él, desde la que hablaba a los emigrados en Cayo Hueso».

La colección despertó la admiración de Fidel, que pudo apreciar en 2001 la tribuna martiana en la primera muestra del mes del museo A la batalla de ideas. Luego, el 5 de diciembre de 2003, dejó reinaugurado el centenario museo Oscar María de Rojas, recordó Álvarez Blanco.

Otras piezas tienen gran valor sentimental, como la cama de hierro donde murió Doña Leonor Pérez Cabrera, madre de Martí, el 19 de junio de 1907, la cual fue donada el 13 de junio de 1912 por Ceferino Cañizares, patriota independentista cubano que realizó innumerables contribuciones al museo y obtuvo esta pieza a través de las sobrinas del Apóstol: Carmela, Pilar y Angélica. O la taza y el plato que uso Rafael María de Mendive, maestro de Martí, durante sus últimos años de vida, donada el 8 de agosto de 1910 por su hija Paulina Mendive.

Tribuna construida especialmente para que Martí hablara a los emigrados en Cayo Hueso. Foto: Danilo Martínez Carmenate.

También destacan una cartera de cuero utilizada para conducir la correspondencia del Gobierno de Cuba en Armas al delegado del PRC Tomás Estrada Palma, así como una obra de arte con la efigie de Martí tallada en una hoja de álamo por el tabaquero Alfredo Aponte. Se pueden apreciar tres alcancías-cepillos para depositar las contribuciones para la independencia de Cuba de los emigrados cubanos en Cayo Hueso; 25 recibos de 19 delegaciones del PRC en Estados Unidos y México y una bomba de mano o granada enviada a Cienfuegos en 1897 por la Junta Revolucionaria de New York.

Recuadro: Fundación e Historia

Fundado el 19 de marzo de 1900, el Museo Oscar María de Rojas es uno de los más antiguos de Cuba y está dedicado fundamentalmente a la historia de Cárdenas. La institución adoptó ese nombre décadas después en honor a quien fuera su primer director, miembro de la familia Rojas-Cruzat, que asumió la idea que tuvieron años antes varios vecinos de fundar un museo-biblioteca.

Monumento Nacional desde el año 2000, sus piezas se encuentran distribuidas en varias salas especializadas: la de los Fundadores, Arqueología americana, Arqueología cubana, Malacología, Minerales, Fauna mundial, Armas, Numismática, Etnología, Historia, la dedicada a Martí y la de Arte. Además cuenta con un centro de veteranos y un salón para actos.

Cama de Doña Leonor Pérez y llave del camarote del vapor Olivette. Foto: Danilo Martínez Carmenate.
Fragmento de madera del ataúd en que enterraron a Martí, junto a un plato y una taza que pertenecieron a su maestro, Rafael María de Mendive. Foto: Danilo Martínez Carmenate

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