Esta entrega anual celebró su decimonovena edición, y como cada mes de enero en Nueva York, reconoce la excelencia en la producción cinematográfica de no ficción o documental.
La cinta reverenciada sigue la historia de Orlando “Landi” García, un padre que caza cocodrilos con sus propias manos en los pantanos cenagosos del sur de la provincia. El único fin de Landi es alimentar a su esposa Mercedes Morejón y a su hijo Deinis, quien padece autismo severo.
Su proceso de rodaje, en plena pandemia de la Covid-19, tardó mes y medio, aunque el proyecto rebasa los nueve años desde su concepción hasta el estreno. El documental exhibe ciclos de amor, resistencia, esperanza y unidad familiar, en zonas inhóspitas de una Cuba que pocas veces suelen mostrar en festivales de cine.
La filmación también constituyó un reto, pues el uso de lentes soviéticos antiguos destruyen la nitidez digital y ofrecen una obra en blanco y negro que, unido al diseño sonoro, captura sensaciones tan sensibles como inverosímiles desde el vínculo humano-naturaleza.
Esta ópera prima del documentalista radicado en Cuba cuenta con 75 minutos de duración, y contó además con el apoyo de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.
“Al Oeste, en Zapata” también mereció el Premio de la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica (Fipresci) y el Premio Especial del Jurado en el Festival Visions du Réel (Nyon, Suiza), uno de los más notorios del mundo en lo que a documental se refiere.
Bim, encargado igualmente del guion, la fotografía, el sonido directo y el montaje, cosechó el lauro CineVision Award a la mejor ópera prima internacional del 42 Festival Internacional de Cine de Munich. Mientras, el Festival Internacional de Cine de Gijón, España, reconoció su trabajo con el premio al mejor largometraje.