6 de febrero de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

Emisora provincial de Matanzas, Cuba, La Radio de tu Corazón

La inextinguible sonrisa del Señor de la Vanguardia

A 94 años de que el barrio habanero de Lawton viera nacer a Camilo Cienfuegos Gorriarán, su figura no ha hecho más que agigantarse en el panteón de la patria, despojándose de la pátina del tiempo para emerger como el epítome de la cubanía. 
A 94 años de que el barrio habanero de Lawton viera nacer a Camilo Cienfuegos Gorriarán, su figura no ha hecho más que agigantarse en el panteón de la patria, despojándose de la pátina del tiempo para emerger como el epítome de la cubanía.
Camilo no fue solo un estratega de vanguardia; fue la encarnación de una sensibilidad popular que halló en el compromiso inquebrantable su razón de ser, un hombre cuya destreza militar y afabilidad manifiesta lo convirtieron en el más telúrico de los líderes rebeldes.
La trayectoria de Cienfuegos, forjada en la fragua del Movimiento 26 de Julio, es una crónica de audacia que desafía la lógica de lo posible. Desde su bautismo de fuego hasta la consolidación como Jefe de la Columna No. 2 «Antonio Maceo», su genio guerrillero se desplegó con una perspicacia singular en escenarios que hoy son leyenda: La Plata, El Uvero y Pino del Agua.
Sin embargo, fue la toma de Yaguajay la que selló su estirpe de mando, donde su intransigencia y denuedo no solo doblegaron la resistencia enemiga, sino que articularon, junto al Che Guevara, la pinza estratégica final que sentenció el colapso de la tiranía batistiana.
Tras el albor libertario del primero de enero de 1959, Camilo asumió la Jefatura del Estado Mayor del Ejército Rebelde con una visión institucional que trascendía el campo de batalla. Su papel en la reestructuración de las fuerzas armadas fue quirúrgico y moral: fue una autoridad emanada de la justicia, capaz de desmantelar estructuras de opresión para erigir un nuevo orden basado en la ética revolucionaria.
En el complejo tablero sociopolítico de los primeros meses de la Revolución, Camilo emergió como el custodio de la unidad y la lealtad. Es memorable su intervención en Camagüey, donde con una determinación serena pero implacable, neutralizó la intentona sediciosa de Hubert Matos y proclamó la defensa del proceso social por encima de ambiciones personales.
La impronta de Camilo reside en la simbiosis perfecta entre el héroe de acero y el hombre de pueblo. Su sombrero alón y su sonrisa franca fueron la interfaz de un patriotismo que conectaba orgánicamente con las masas. No hubo en su ser rastro de la altivez que suele corromper el poder; por el contrario, su autoridad se cimentó en una sencillez que lo elevó a la categoría de Señor de la Vanguardia.
El trágico ocaso de su vida en aquel fatídico accidente aéreo, acaecido el 28 de octubre de 1959, devino la transmutación de un hombre en un símbolo imperecedero. La desaparición física de Camilo conmocionó a una nación que perdía a su hijo más risueño y valiente, pero dio paso a un legado que hoy, a casi una centuria de su natalicio, continúa siendo fuente de inspiración y grandeza insustituible.

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