13 de febrero de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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Diablo, el perro motorista

Luego se le verá feliz mientras la moto avanza y la brisa le sacude las orejas. Se pudiera jurar que su rostro asume una cualidad humana, esa que refleja plenitud y satisfacción total

Entre los participantes al 14 Encuentro de Harlistas Cubanos, celebrado en días recientes en Varadero, uno en particular se robó la atención y cariño de todos. No usaba casco, ni chaqueta de cuero. Tampoco conducía una Harley Davidson, pero sí resaltaba por ser un excelente copiloto y sobre todo por ladrar.

¡Ay! de su dueño si no lo montaba en el tanque de gasolina. Era el lugar predilecto de Diablo, un perrito de raza que nada más escuchar un potente rugido de la moto clásica de su dueño comenzaba a lanzar ladridos como exigiendo su lugar.

Incluso la emprendía con el neumático de la moto si no cumplían su deseo.

A veces su dueño, Daniel Mese, lo mortifica un tanto haciéndose el desentendido ante las exigencias de su mascota. Luego accede y le hace un gesto para que el perrito salte, con toda la disposición, al lugar reservado solo para él. Daniel es un veterano canadiense que se enroló hace algunos años en el movimiento de los harlistas cubanos.

Ha cultivado excelentes relaciones de amistad con los integrantes del certamen. Lo consideran un cubano más aunque apenas logre comunicarse en español.

Mediante el idioma francés lanzará algunas frases que se suponen sean de agradecimiento por su inserción en este grupo de moteros. Sus palabras entrecortadas denotan una emoción visible y palpable, en ese lenguaje universal que no necesita traducción. Bastará con mirarle los ojos empañados a punto de las lágrimas.

Diablo, el perrito motero, mira fijamente a su dueño mientras este entabla cualquier conversación o responde al saludo de algún amigo.
Se para atento, con las orejas en atención, cuando Daniel se aproxima a la moto. El can ladra con fuerza, insistentemente.

La emprende con la goma delantera, pero sin violencia. Se trata tan solo de una advertencia de que no pueden dejarlo. Espera el gesto de siempre para irrumpir de un salto y caer de un tirón sobre el tanque del vehículo, a pesar de su baja estatura.

Luego se le verá feliz mientras la moto avanza y la brisa le sacude las orejas. Se pudiera jurar que su rostro asume una cualidad humana, esa que refleja plenitud y satisfacción total.

Quienes observan la escena se deleitan y sonríen ante la graciosa figura que representa Diablo, el perrito motorista.

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