19 de mayo de 2024

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Diez imágenes que hicieron que el mundo despertara ante el cambio climático

El agua que cae en cascada desde una pared de hielo, con pinceladas grises de nubes encima, es una imagen hermosa, pero la historia detrás de ella es de destrucción; los glaciares de la Tierra se están derritiendo a un ritmo sin precedentes debido al cambio climático causado por el hombre.

Diez imágenes que hicieron que el mundo despertara ante el cambio climáticoEl agua que cae en cascada desde una pared de hielo, con pinceladas grises de nubes encima, es una imagen hermosa, pero la historia detrás de ella es de destrucción; los glaciares de la Tierra se están derritiendo a un ritmo sin precedentes debido al cambio climático causado por el hombre.

El fotógrafo canadiense Paul Nicklen recuerda cuando tomó la fotografía. Era agosto de 2014, y las temperaturas en Svalbard, Noruega, eran inusualmente cálidas, rondando los 70 °F, unos 21 °C. Al doblar la esquina de una capa de hielo en la isla de Nordaustlandet, vio más de una docena de cascadas que brotaban de su costado.

«Era la escena más poética y hermosa que había visto, pero también era inquietante y aterradora», recuerda. La imagen pasó a simbolizar la realidad del cambio climático y se convirtió en la imagen artística más vendida de Nicklen. Apareció varias veces en National Geographic, fue utilizada por Al Gore en sus conversaciones sobre el clima y adornó la portada del álbum de Pearl Jam de 2020 «Gigaton», cuyo título hace referencia a la unidad utilizada para calcular la masa de hielo.

Su belleza es fundamental para su impacto, cree Nicklen. «Cuando se toma una fotografía bien enfocada, bien expuesta, emotiva e impactante, se crea una reacción visceral», afirma. «Tiene que ser bella y atractiva, tiene que invitarte a entrar… y tiene que tener un mensaje de conservación».

En 2014, Nicklen, junto con su esposa Cristina Mittermeier, a la que más tarde se unió Andy Mann (ambos también fotógrafos galardonados), cofundó la organización sin fines de lucro SeaLegacy, que utiliza el cine y la fotografía para crear conciencia sobre los problemas climáticos y ayudar a proteger el planeta.

«La fotografía es una de las herramientas más eficaces y poderosas que tenemos para contar historias complejas, como la del cambio climático», afirma Mittermeier.

Un oso polar demacrado se tambalea en busca de comida. La fotografía, tomada en 2017, recibió una amplia atención, desatando una conversación en torno al cambio climático. Cortesía de Cristina Mittermeier.

Ella fue testigo de este poder con una de sus propias fotografías, tomada en agosto de 2017, que mostraba a un oso polar hambriento. Tras su publicación en National Geographic, la foto y el video que la acompañaba se hicieron virales, compartidos en las redes sociales y por organizaciones de noticias de todo el mundo. Desató una conversación mundial sobre el cambio climático, provocando respuestas que iban desde la preocupación y la empatía hasta la negación del cambio climático. Pero no se puede negar que conmocionó al mundo: «La gente aún la recuerda y reacciona con fuerza cuando la ve», reflexiona Mittermeier.

Como editores invitados de la serie Llamado a la Tierra, de CNN, Nicklen y Mittermeier seleccionaron estas dos imágenes, junto con otras ocho, que, en su opinión, han alertado al mundo sobre la crisis climática.

Fotógrafos de guerra

Un canguro salta junto a una casa en llamas en el lago Conjola, Australia, en diciembre de 2019. Los incendios forestales de esa temporada fueron de los peores que el país había registrado jamás, con casi 3.000 millones de animales muertos o desplazados. Crédito: Matthew Abbott/The New York Times.

Nicklen compara fotografiar el cambio climático con fotografiar conflictos armados. «Estamos en primera línea de la guerra que se libra contra nuestro planeta. Es emocionalmente agotador», afirma.

En las últimas décadas, a medida que los desastres climáticos se han hecho más frecuentes e intensos, las imágenes han captado de forma más explícita la urgencia de la situación. Seis jirafas muertas, con los cuerpos demacrados por la falta de comida y agua, fotografiadas por Ed Ram, muestran el horror de la prolongada sequía en curso en Kenya, que ha amenazado y desplazado a animales y humanos por igual. Fotografías de incendios forestales, como los que asolaron Australia en 2019 y 2020, muestran la magnitud de la devastación, con casas en llamas y fauna huyendo desesperada.

Los cadáveres de seis jirafas yacen en las afueras de la aldea de Eyrib, en la reserva natural de Sabuli, Kenya, en 2021. Una prolongada sequía en el noreste del país y en el Cuerno de África ha provocado escasez de alimentos y agua tanto para los animales como para las comunidades locales. Crédito: Ed Ram/Getty Images.

«Demuestran que el cambio climático no solo está ocurriendo en otro lugar, sino en todas partes», dice Mittermeier. «De repente, llamará a tu puerta mucho más cerca».

Mittermeier recuerda el trabajo de su amigo y una de sus grandes influencias, Gary Braasch, a quien describe como un «cronista del cambio climático». El fotógrafo, fallecido en 2016, dedicó las dos últimas décadas de su vida a documentar cómo cambiaba la Tierra en respuesta al calentamiento global: desde la Antártida, con sus glaciares derritiéndose, hasta la isla de Bhola, en Bangladesh, donde la subida del nivel del mar y la creciente erosión han convertido pueblos en islas. El compromiso de Braasch con la causa abrió el camino a la generación de fotógrafos conservacionistas de Nicklen y Mittermeier.

Aldeanos en los restos de una carretera en la isla de Bhola, Bangladesh, en 2005. La zona, en la desembocadura del delta del Ganges, sigue sufriendo una erosión acelerada debido a la subida del nivel del mar. Crédito: © Gary Braasch/naturepl.com.

El lento retroceso

Estas fotos, tomadas en 2007 y 2022, muestran el retroceso del glaciar Sólheimajökull, en Islandia. Se calcula que en las dos últimas décadas la velocidad de deshielo de los glaciares se ha duplicado debido al calentamiento global. Crédito: © 2023 James Balog/Earth Vision Institute.

A veces, sin embargo, la crónica del cambio climático puede ser tediosamente lenta. El nivel del mar sube unos milímetros cada año, un incremento apenas visible a pesar de que se produce a un ritmo más rápido que nunca. Pero estos cambios se suman y, si se documentan visualmente a lo largo de años o décadas, el impacto se hace evidente.

«Es como fotografiar un tsunami que se mueve lentamente», dice Mittermeier. «A menudo es difícil de ver en el momento, pero cuando se ponen dos imágenes una al lado de la otra, es difícil no ver el impacto que está teniendo la crisis climática».

El trabajo del fotógrafo James Balog ha sido crucial para crear la narrativa visual del cambio climático, afirma.

Por medio de una red de cámaras de fotografía secuencial que graban glaciares de todo el mundo, su Extreme Ice Survey ha demostrado cómo los glaciares van desapareciendo con el tiempo. El extenso archivo de fotos de cada glaciar tomadas durante todo el año a cada hora del día también proporciona una línea de base a partir de la cual se pueden medir los cambios futuros.

«Se convirtió en una prueba irrefutable», afirma Mittermeier. «Fue un momento muy importante para la fotografía climática».

Coexistencia

Osos polares se instalan en una estación meteorológica abandonada en Kolyuchin, Rusia. Estos majestuosos mamíferos están especialmente amenazados por el cambio climático, que está derritiendo el hielo marino del Ártico del que dependen. Crédito: Dmitry Kokh.

Mittermeier y Nicklen también seleccionaron imágenes en las que los seres humanos y la naturaleza se cruzan. Uno de los efectos del cambio climático es la drástica pérdida de biodiversidad. Desde 1970, las poblaciones de animales silvestres se han desplomado un 69 %, debido sobre todo al cambio en el uso del suelo, que ha fragmentado hábitats cruciales, y también al aumento de las temperaturas, que ha causado mortandades masivas, según el Informe Planeta Vivo 2022, del WWF.

Con el calentamiento del Ártico casi cuatro veces más rápido que el del resto del planeta, el hielo del que dependen los osos polares se está derritiendo. La fotografía de Dmitry Kokh «House of Bears», una de las ganadoras del premio Fotógrafo de la Vida Silvestre de 2022, muestra osos polares vagando por un antiguo asentamiento soviético abandonado en la isla de Kolyuchin. Aunque los edificios estaban abandonados desde hacía tiempo, Mittermeier cree que es un indicio del creciente problema de los osos polares, que ya no tienen hielo para cazar, que invaden espacios humanos y se encuentran con la población local, lo que tiene consecuencias trágicas para ambas partes.

Alice, Stanley y su hijo fueron desplazados cuando las inundaciones destruyeron su casa en Kenya, en 2017. En esta fotografía se encuentran en Ol Pejeta Conservancy en el mismo encuadre que Najin, uno de los dos últimos rinocerontes blancos del norte del mundo. Forma parte de la serie «The Day May Break» del fotógrafo Nick Brandt, que retrata a personas y animales impactados por la destrucción medioambiental. Crédito: Nick Brandt, cortesía de Fahey/Klein Gallery, Los Ángeles.

Los efectos del cambio climático golpearán, y ya están golpeando, a animales y humanos por igual. «Es imposible negar que todos estamos juntos en esto», afirma Mittermeier. «A todos nos afecta de forma devastadora, y no podemos separarnos de la vida con la que compartimos este planeta».

La serie «The Day May Break» del fotógrafo Nick Brandt retrata esto mostrando a personas y animales afectados por la destrucción medioambiental. Las fotografías, tomadas en santuarios de animales de todo el mundo, muestran a personas que se han visto desplazadas por fenómenos del cambio climático como sequías o inundaciones, y a animales que han sido víctimas de la destrucción de su hábitat o del tráfico de animales silvestres. Retratar a ambos en el mismo encuadre muestra hasta qué punto nuestros destinos están entrelazados.

Esperanza

Un banco de brillantes peces cardenal se desvía para dejar paso a un león marino en las Galápagos. El archipiélago frente a la costa de Ecuador es famoso por su vibrante vida marina y es una de las mayores zonas marinas protegidas del mundo. Cortesía de Cristina Mittermeier.

Entre las imágenes de devastación y desplazamiento, también se encuentran algunas que son símbolo de esperanza.

En la obra de Brandt, señala que los sujetos de las imágenes, tanto personas como animales, son sobrevivientes: «Y ahí reside la esperanza y la posibilidad», escribió en un correo electrónico.

Para Mittermeier y Nicklen, y para SeaLegacy, transmitir un mensaje de esperanza es vital para la misión general.

«Martin Luther King no empezó su famoso discurso recordándonos que vivimos en una pesadilla, sino que nos explicó cómo sería lo idílico», dice Mittermeier. «Hay que señalar a qué aspiramos y mostrar dónde está la esperanza».

En su opinión, la esperanza está en la vida silvestre y el océano. Los seres humanos acaban de darse cuenta del papel que ambos desempeñan en la mitigación del cambio climático, y restaurar la naturaleza será crucial para evitar la crisis. Para Mittermeier, su fotografía de un león marino subiendo a la superficie en las Galápagos, una de las mayores zonas marinas protegidas del mundo, muestra cómo la vida oceánica puede florecer con la protección adecuada. Y la fotografía de Nicklen de una ballena de Groenlandia representa para él uno de nuestros mayores aliados en la descarbonización: los cuerpos de las ballenas no solo son enormes almacenes de carbono, sino que sus heces alimentan el fitoplancton que absorbe el dióxido de carbono de la atmósfera.

Las ballenas de Groenlandia, como esta fotografiada cerca de la isla canadiense de Baffin, pueden vivir más de 200 años. Algunas pueden haber sido testigos de primera mano de los efectos del cambio climático desde la Revolución Industrial. Cortesía de Paul Nicklen.

Al mostrar la belleza del planeta, la pareja cree que puede demostrar a la gente que aún merece la pena luchar por él.

«Intentamos subir a la montaña más alta y gritar desde las cimas que este planeta se está muriendo y que estamos en peligro», dice Nicklen.

«Pero la única emoción mayor que el miedo es la esperanza», añade Mittermeier. «Y la única forma de sentir esperanza es pasando a la acción».

(Tomado de CNN en español)

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