19 de junio de 2024

Radio 26 – Matanzas, Cuba

Emisora provincial de Matanzas, Cuba, La Radio de tu Corazón

En el suelo cultivable está nuestro futuro

En esta isla antillana, aproximadamente 11 millones de hectáreas de tierras, son fértiles; la mayor parte de ellas se destinan a los cultivos varios y la ganadería, mientras que casi tres millones se dedican al desarrollo forestal. Pero no con la intensidad y los rendimientos que los tiempos y la población demanda.


Según contaban mi papá y sus hermanos, mi abuelo tenía un «conuquito«, allá por su Bolondrón natal, que atendía mejor que a mi abuela. Entre risas y bromas decían…«antes que saliera el Sol, ‘El Viejo’, ya estaba guataqueando su punta de maíz, frijol o malanga, después de ordeñar la vaca y alimentar al puerquito y las gallinas».

«De esta tierra buena, sacamos lo necesario para alimentar a los mulatos y que salgan sanos y fuertes», le decía a la abuela mientras, sentado en el taburete que recostaba a la pared y fumando los cigarros que nunca pudo dejar, observaba su siembra.

Y cuanta razón llevaba aquel hombre alto, de grandes y callosas manos, de músculos definidos por el duro trabajo en el campo, que aprendió a utilizar la tierra para vivir y criar a su numerosa familia de seis hijos.

Sin embargo, hoy Cuba, bajo las difíciles condiciones que impone el bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos, emplea unos dos mil millones de dólares anuales para adquirir los alimentos que se pueden obtener de nuestras tierras, tan sólo con hacerlas producir. El 95 por ciento de los alimentos que necesitamos proviene del suelo.

En esta isla antillana, aproximadamente 11 millones de hectáreas de tierras, son fértiles; la mayor parte de ellas se destinan a los cultivos varios y la ganadería, mientras que casi tres millones se dedican al desarrollo forestal. Pero no con la intensidad y los rendimientos que los tiempos y la población demanda.

Factores sociales como el abandono del trabajo en el campo y la pérdida de la tradición familiar por falta de motivaciones o la presencia de empleos mejor remunerados y el incremento de la urbanización, junto al desarrollo del turismo, de la Industria de extracción petrolera, la eléctrica y la ligera, entre otros sectores; inciden en el creciente número de tierras ociosas o mal gestionadas que vemos en cualquier escenario rural.

Pero la baja producción agropecuaria que constatamos en la mesa, se debe tambien a la intensidad y la frecuencia con que se presentan la desertificación y la sequía, unidos a la contaminación química y deforestación que atentan contra la calidad del suelo, la diversidad de especies que habitan en él y los recursos de agua dulce que atesora.

Si alarma el hecho de que de mantenerse ese ritmo de maltrato contra la tierra, para el año 2050 la superficie cultivable afectada será del tamaño de Sudamérica, más preocupante es el hecho de que cinco milímetros de tierra, demoran más de 100 años en conformarse.

Esas y otras razones indican que en el suelo cultivado está nuestro futuro y que restaurar esos ecosistemas para hacerlos más resilientes al cambio climático, es prioridad para el hombre de este siglo.

Desafíos para Matanzas, una de las provincias con mayor potencial económico y agrícola de Cuba

Matanzas cuenta con suelos arenosos al norte, rojos en el centro y oscuros o negros al sur que resumen las condiciones ideales para la actividad agrícola en la región centro-sur, perteneciente a la llanura Habana-Matanzas, donde están las tierras más fértiles de Cuba.

No obstante prácticas insostenibles como el monocultivo y el uso excesivo de maquinarias para el laboreo, han provocado aridez, erosión y deslizamientos de tierra al punto de requerir de técnicas y estrategias para revertir el panorama.

Ejemplo es el Programa de Asociación de País OP15 que, iniciado en el 2008, aboga por el mejor uso del suelo y la lucha contra la desertificación y la sequía. Para ello cuenta con el financiamiento del Fondo Mundial para el Medio Ambiente.

Mediante OP15 se usa el modelo de Manejo Sostenible de Tierras (MST) para diagnosticar condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo para aplicar abonos orgánicos como la cachasa, gallinaza, guano de murciélago, entre otros estiércoles; además de la lombricultura y técnicas agroecológicas como la rotación de los cultivos.

A ello se une la protección de la franja hidrorreguladora de las tierras de cultivo cercanas a los ríos y los trabajos para frenar el avance de la cuña salina por la elevación del nivel medio del mar, un fenómeno que incrementa la vulnerabilidad de Matanzas por presentar costas bajas o muy bajas.

Aquí se destaca el desempeño del productor Fernando Donis y su familia en la finca Cayo Piedra, ubicada a 15 kilómetros de Máximo Gómez. El MST impide que se inunde el terreno durante los períodos de intensas lluvias, a pesar de encontrarse próxima al canal de Roque.

Igualmente sobresalen las acciones amigables con el medio ambiente que bajo la dirección de Pedro Correa se realizan en la finca Coincidencia, de Boca de Camarioca y la dimensión cultural-económico-ambiental que tiene el proyecto Guamacaro Kilómetro 9, nacido de la iniciativa del dramaturgo hijo de esa región matancera, Ulises Rodríguez Febles.

Con el rescate de la ruralidad Guamacaro Kilómetro 9, también favorece la producción de viandas como el guagüí y las frutas que, tradicionalmente, se han cosechado en el Valle de Guamacaro, del municipio Limonar.

Y aunque los buenos ejemplos aún resultan insuficientes para contrarrestar el efecto de la desertificación y la sequía, por la cantidad de tierras que en la provincia permanecen sin cultivar o llenas de marabú y por el uso insuficiente de las prácticas agroecológicas, cada día son más los cooperativistas y campesinos individuales convencidos de la importancia de la ciencia para explotar la tierra en armonía con el medio ambiente.

Eso explica la aceptación del proyecto Bases para la Sostenibilidad Alimentaria (BASAL), que durante cinco años, permitió la aplicación exitosa de prácticas agroecológicas en el territorio y el proyecto de escenarios climáticos futuros, diseñado por especialistas del Centro Meteorológico provincial de Matanzas a partir del estudio de las variables temperatura, precipitaciones, viento, humedad relativa y radiación solar.

El proyecto que comenzó con la división del mapa de la provincia en nueve cuadrículas, hoy se realiza en 36 para entregar la información meteorológica al nivel de comunidad y con ello aumentar la certeza de la predicción. La aplicación de ese conocimiento evita o disminuye las pérdidas y aumenta la noción de quienes explotan el suelo.

Se trata de que cada 5 de Junio, Día Mundial del Medio Ambiente, reforcemos el compromiso de mantener sanos nuestros suelos de cultivo para garantizar la sostenibilidad del programa alimentario con la correspondiente disminución de las importaciones, proteger el hábitat de miles de especies, asegurar la presencia de agua y aire puro, entre otros beneficios que ofrecen los terrenos cultivables.

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