Celia Sánchez: oda a una flor

En ese jardín que llamamos historia subsisten millones de flores. Entre ellas es imposible no denotar a la que vio la luz el 9 de mayo de 1920 en el oriental territorio de Media Luna y cuya trayectoria la convirtió en símbolo de la ternura vestida de fortaleza y la amabilidad devenida pasión: Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley.

Educada en un ambiente exento de dogmatismos religiosos, convencionalismos y prejuicios e influenciada por las liberales y avanzadas ideas de su padre, Celia se vinculó a varias organizaciones de perfil insurreccional tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 y gracias a Manuel Echevarría, uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio, pudo ponerse en contacto con el líder clandestino Frank País, de forma tal que quedó integrada al movimiento entonces dirigido por Fidel Castro.

Con el apelativo de Norma desarrolló una intensa labor de apoyo a los preparativos de la expedición del Granma y el inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Fue así como contribuyó con la red clandestina de campesinos que garantizó la supervivencia de la guerrilla encabezada por el Comandante en Jefe, al desembarcar por el sur oriental el 2 de diciembre de 1956 y que posteriormente pasó a ser el Ejército Rebelde.

Igual de notables fueron su presencia y colaboración con la guerrilla de Fidel para coordinar el apoyo y guía a los periodistas Herbert Matthews y Bob Taber para sus respectivas entrevistas al Comandante y que devinieron golpes a la propaganda batistiana que divulgaba la supuesta muerte del dirigente cubano.

Llegó el 28 de mayo de 1957 y se desató el Combate del Uvero. Celia fue la primera fémina en ocupar la posición de soldado combatiente en las filas del Ejército Rebelde y pese a las persecuciones contra su persona, Norma, Lilian, Carmen, Caridad, Aly o simplemente Celia, no dejó de demostrar que la causa revolucionaria era su máximo objetivo.

También bajo las órdenes de Fidel asumió la importantísima función de organizar la logística rebelde: armas, proyectiles, comida, ropa, medicinas y demás artículos necesarios para la lucha y subsistencia de los rebeldes en las condiciones de la montaña, hasta que al poco tiempo devino coordinadora y ejecutora del trabajo de retaguardia en el territorio guerrillero.

Como una Mariana de su tiempo, Celia participó en la reunión que tuvo lugar el 4 de septiembre de 1958 con una duración de siete horas entre Fidel y su Estado Mayor para la creación del batallón femenino Mariana Grajales, que operaba en La Plata, Sierra Maestra y que fungía como retaguardia guerrillera. Las fuerzas militares de la tiranía contaban entonces con una poderosa trinchera de féminas revolucionarias que les hacía frente.

Tras la victoria de enero de 1959, Celia fue una pieza fundamental en cada uno de los momentos más trascendentales de la Revolución, representando la valía de la mujer cubana como secretaria del Consejo de Estado; diputada al Parlamento; miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas. Asimismo, sitios emblemáticos de la nación como el Parque Lenin, el Palacio Central de Pioneros Ernesto Che Guevara, la Ciudad de los Pioneros de Tarará, el Museo de la Clandestinidad, la comandancia general de La Plata y el Palacio de las Convenciones, entre muchos otros lugares, son testigos de su impronta.

Esta vital exponente de la obra revolucionaria falleció el 11 de enero de 1980. Con solo 60 años dejó tras de sí una vida caracterizada por la entrega a su trabajo, a su Patria y a su gente, gente que la recuerda con admiración, cariño y entera nostalgia porque no hay cubano donde no perviva abierto, brillante y eterno cada pétalo de la flor autóctona de nuestra Revolución.

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