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¿Quién es ANA BELÉN MONTES? (Primera parte)

Ana Belén Montes es una prisionera puertorriqueña que extingue una condena de 25 años por obedecer a su conciencia y solidarizarse con el pueblo cubano ante las políticas de agresión del gobierno estadounidense.

La  denominada “espía castrista”, ahora con 65 años de edad,  abandonó la prisión de Carswell, en Fort Worth, Texas, el 8 de enero, y comenzó un régimen de libertad condicional por cinco años.

Ana Belén Montes fue arrestada en 2001 tras descubrirse que proporcionó durante años información clasificada de Estados Unidos a Cuba. Ex analista de inteligencia militar del Pentágono, fue encerrada con algunas de las mujeres más peligrosas de Estados Unidos.

Compartió celda con una perturbada ama de casa que estranguló a una mujer embarazada para quedarse con el bebé; una enfermera que mató a cuatro pacientes y una seguidora de Charles Manson que intentó asesinar al presidente Gerald Ford.

No recibía visitas, salvo de un hermano. No se le permitió hablar por teléfono, ni recibir periódicos, revistas, ni ver televisión. Nadie podía indagar por su salud, ni conocer por qué guardaba prisión en un centro destinado a delincuentes con problemas psíquicos, cuando ella no está loca. Tampoco le permitieron relacionarse con otras personas en esa cárcel, donde ha pasado dos décadas en absoluta soledad.

Según su abogado defensor, Plato Cacheris, Montes cometió actos de espionaje debido a razones morales, porque “ella sentía que los cubanos eran tratados injustamente por EE.UU.”. En un controvertido artículo publicado en diarios de amplia circulación y con fuentes privilegiadas, acceso a documentos clasificados y a su escasa correspondencia desde la cárcel, tratan de presentarla como una soplona tenebrosa, la última en el juego mortal de la Guerra Fría. Pero cometen el error de citar una carta a un familiar en la que Ana Belén dice “no me gusta nada estar en prisión, pero hay ciertas cosas en la vida por las que merece la pena ir a la cárcel”, con lo que dejan pistas de la verdadera naturaleza del castigo a esta mujer.

En su alegato ante el juez que la condenó, apenas una cuartilla y media que logró llegar a las catacumbas de internet, afirma:

 “Honorable, me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí mi conciencia más que obedecer la ley. Considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político… Es posible que el derecho a existir de Cuba, libre de la coerción política y económica, no justifique el haber entregado a la isla información clasificada para que pudiera defenderse. Solamente puedo decir que hice lo que consideré más adecuado para contrarrestar una gran injusticia.”

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