Magalita: «Ayudar es mi razón de ser»

PEDRO BETANCOURT.- Inagotable, la generosidad florece en su interior. Esa, la más hermosa de las virtudes humanas, refulge en su mirada y alimenta una ferviente pasión que ni siquiera su modestia consigue opacar: ayudar a los demás.

Como fiel adepta de la Medicina, esa que desde tiempos antaños avizoró como el mayor placer de su existencia, Magaly de la Caridad Cárdenas Sastre, «Magalita», desempeña con profesionalidad y entereza el noble y desafiante arte de la psiquiatría en este municipio y hoy, maternal, comunicativa y sincera, nos comparte su historia.

«Desde que era niña, cuando tuve un muy buen profesor de Biología, me incliné por la Medicina, me hice médico y desde ese entonces dije que quería ser psiquiatra, simple y llanamente porque mi razón de ser es ayudar a las personas. Me formé en el hospital Antonio Guiteras Holmes, de Matanzas, entre los años 1997 y 2000. Después vine para Pedro Betancourt y desde ese momento he sido la psiquiatra de aquí».

Para quien es capaz de abrazar con la escucha, la empatía, el consejo y sanar el corazón con la paciencia, el sosiego y el optimismo, esta profesión, más que un acierto del destino, ha devenido motivo para superarse, crecerse y forjar fuertes lazos con los pacientes.

«En la sociedad hay muchos tabúes acerca de los pacientes psiquiátricos: ´que si vas al psiquiatra es porque estás loco´, como se dice vulgarmente. En realidad eso no es así. Muchas veces ellos acuden a ti cuando tienen alguna situación determinada, algo que quieren resolver y no saben cómo…

«Yo me demoraba con mis pacientes o ellos demandaban mucho tiempo, pero después los fui conociendo y pienso que me ha ido bien con todos. Aparte, voy allí con el deseo de ayudar y sin pensar en cuánto voy a estar allí. Y, cuando tú le resuelves ese problema al paciente, se lo resuelves a la familia, porque ayudando a uno, voy ayudando a muchos».

Abundan en Magalita, esos momentos de gratitud que la psiquiatría obsequia e inmortaliza en sus recuerdos.

«He tenido muchas anécdotas: recuerdo al principio, cuando comencé a trabajar, una paciente enferma psiquiátrica que padecía de esquizofrenia paranoide, tenía una problemática en la casa un poco difícil y un día tuvo una casa buena, mejor… y ella siempre quedó muy agradecida, no porque yo hiciera nada maravilloso, sino porque yo le planté esa fe que ella no tenía.

«Es una satisfacción personal muy grande la que yo siento, porque estoy haciendo lo que siempre he querido: ayudo a muchas personas, o trato de ayudar a muchas personas, porque al final, el psiquiatra es el que orienta, es el que explica, el que pone tratamiento, y el que acompaña al paciente en su problema y eso me gratifica, tanto a mí, como a ellos».

Inicia la consulta y el paciente, desorientado, sucumbe a los ardides de su mente. La oscuridad le consume, aterra y acongoja. Y cuando todo parece perdido, un destello sonoro resplandece. Es ella. Sus palabras retumban, alientan y encauzan el trayecto, pues con su voz, sus lecciones y su ser, Magalita devuelve sonrisas, irradia luz y medica el alma.

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