¿Quién es ANA BELÉN MONTES? (Tercera Parte)

Después de la mastectomía por cáncer de seno, sobrevino el trauma físico y emocional. La soledad. Las visitas al hospital, encadenada, adolorida. El descubrimiento de la solidaridad en sus compañeras de celda. La incertidumbre. Otra vez el dolor. La añoranza de su familia.

Durante casi cuatro meses estuvo imposibilitada de escribir cartas. Luego comenzó de a poco: media página, una página, dos… mientras soportaba la punzada que le provocaba un nervio pinchado en su brazo derecho. Le volvieron los dolores de espalda. Sus compañeras en la prisión la cuidaron. Fue, tal vez, un abrazo del cielo.

A Ana Belén tampoco se le permitió pronunciar públicamente sus reflexiones sobre el trayecto político de Puerto Rico; ni sobre las corrientes ideológicas a nivel mundial; ni sobre filosofías o religiones.

Ana Belén resistió la enfermedad y la muerte, ésa que muestra sus rostros de fealdad dentro de cualquier prisión. Día a día. Con la mente alerta. Con el corazón sensible ante el mundo que ella descubría desde sus rejas. Con la esperanza viva.

Hay que imaginarse a Ana Belén Montes mientras contemplaba, en las transmisiones televisivas, los destrozos perpetrados por los huracanes Irma y María en su natal Puerto Rico. Imaginarla con el pesar que produce advertir una fatalidad y no poder hacer nada para remediarlo. No, el pueblo puertorriqueño nunca escuchó sus palabras de aliento y solidaridad luego de la devastación que experimentó el país por el paso de dos terribles huracanes.

De seguro, si estuviera en tierra boricua, Ana Belén trabajaría sin descanso para ayudar al que sufre. Es lo que le nace hacer. Como si estuviera entre nosotros, la Mesa de trabajo por Ana Belén Montes en Puerto Rico ha hecho un paréntesis en su labor educativa para ofrecer su solidaridad a los damnificados del país. Como si ella lo hiciera. En el nombre de Ana Belén.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Captcha *