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Garlobo

Garlobo

Al final, aquel tipo que le cayó “a palo limpio” a los mejores serpentineros del mundo no pudo eludir las complicaciones derivadas de la diabetes mellitus, enfermedad que lo mantuvo en jaque por muchos años.

Cosas de humanos, nada del otro humano. No encontró sencillamente la disciplina necesaria para mantener a raya el dichoso padecimiento, causa principal de su muerte a la edad de 46 años, una noticia todavía difícil de creer.

Era tan bueno en el cajón de bateo que parecía tenerlo sin cuidado la calidad de los lanzadores. A la hora de los mameyes “se la daba al más pinto de la paloma”, y esa cualidad, la de batear a la hora de la verdad, lo distinguía y hacía delirar a los aficionados.

En el Primer Clásico bateó todo lo que quiso y demostró tener nervios de acero. Sin haber sido lo que se dice el típico “slugger”, reunía las credenciales para ser temido cuando anclaba en el “home plate”.

Fue Garlobo muy querido, por los simpatizantes de los equipos yumurinos, por los contrarios y por sus propios compañeros. Era especialmente apreciado en su natal Jovellanos, cuna de ilustres peloteros y donde también idolatran a Lázaro Contreras, el estelar jardinero central fallecido en la flor de su juventud.

¿Su mayor falta? Quizás nunca tuvo una noción muy clara de su calidad como atleta y no se cuidó como debía para prolongar su carrera deportiva.

Pero bueno, tal vez sea mucho pedir a alguien que ocasionó momentos de tanta alegría a los cubanos que viven orgullosos de amar el béisbol.

  • Tomado del perfil de Facebook de Ventura de Jesús

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