Evocan al poeta y artista Rolando Estévez: «con un pincel iluminando versos» (+fotos)
Dicen que en el corazón se guardan los más entrañables recuerdos y el homenaje al poeta y artista visual, el Premio Nacional de Diseño de Libros, Rolando Estévez Jordán, a tres años de su adiós, permitió que cada uno de los presentes en la Casa de las Letras Digdora Alonso, reclamará a esa memoria, compartir sentimientos, respeto y admiración por quien se considera uno de los grandes creadores cubanos.
Como introdujera el Premio Nacional de Edición, Alfredo Zaldívar Muñoa, fama enorme alcanzó en el extranjero con colecciones en museos, galerías y bibliotecas de Europa, Latinoamerica y EE.UU.
Versátil como pocos en la literatura, las artes plásticas y escénicas, no deja de asombrarnos por su permanente presencia en esta ciudad de ríos y puentes.
En un ruedo, casi íntimo, por lo cercano de los asistentes al querido Estévez, la Premio Nacional de Teatro, Miriam Muñoz Benitez, quien fuera su esposa cerca de una década, lo evocó a través de sus ocurrencias en las dedicatorias que le hizo de sus libros.
«Sentimos en el escenario el vacío de su creación sorprendente y bellísima», apuntó la directora de Teatro Icarón.
Su hija, la actriz y profesora, Lucre Estévez Muñoz, expresó que «agradece mucho a quienes lo admiraron y en especial a Zaldívar, cofundadores ambos de ediciones Vigía, colegas y hermanos.
«Las pérdidas son terribles para la razón. Mi padre me apoyaba en todos mis sueños. Mi consuelo es ser portadora de su legado patrimonial y espiritual».
Zaldívar transmitió a los presentes, una nueva versión de la canción «Ahí viene abril», con texto de Estévez y música del compositor y cantante matancero Lázaro Horta, que surgió cuando nació su hija Lucre, de alegría infinita para el poeta y artista.
Leyeron poemas suyos los escritores asistentes a esta cita, cada 17 de enero, y también de Estévez y los versos reflejaron lo profundo de su pensamiento, inserto en la ternura o fiereza de su lírica.
La poetisa Maylan Álvarez se refirió a los hilos mágicos que pudo enhebrar ante un creador en plena potencia creadora.
«Cosas del destino, creo fueron, lo que unió a tantos escritores y artistas diversos de la ciudad y el país: trovadores, pintores, actores, bailarines, desde los inicios y hasta el surgimiento de la editorial El Fortín, lo cual propició su deseo incrementado de trabajar por la cultura matancera», me confesó en una entrevista.
Entonces, la poeta Mae Roque irrumpió con un poema dedicado a Estévez. Y añadió: «Él era un punto de luz que aparecía por toda la ciudad; disfruté con intensidad de su amparo y amistad inquebrantables».
Zaldívar revivió en un poema los años 80 y 90 del pasado siglo, aquellos primeros de ediciones Vigía: el sonido del mimeógrafo y los papeles pobres, reciclados, con la luz del pincel iluminándolos, en un acto de fe ante lo que pareciera imposible.
El artista y fotógrafo Ramón Pacheco Salazar apreció a su llamado para que reportará con su lente las obras teatrales, que forman parte actual del fabuloso archivo de la Casa de la Memoria Escénica.«Con sencillez me demostró que también la foto es poesía»
Vale reconocerlo además en su cualidad de profesor, de habilidad extraordinaria en su dispensa del saber.
El director del Centro provincial del Libro y la Literatura, Efrahim Pérez Izquierdo, contó que lo conoció en Colón y después cuando arribó a Matanzas como director del Sistema de Casas de Cultura, organizaron acciones culturales osadas, de primicias por los matanceros.
«Cuando regresé de la misión en Venezuela, pasé al frente del Libro y Estévez me comunicó que apoyaría en todo mi labor. Tuve el placer de trabajar a su lado en proyectos sobre Carilda Oliver y Digdora Alonso, así como en decenas de propuestas literarias».
Y le dijeron a Lucre, los compañeros Efrahim y Frank Santana, director del Centro de Promoción José Jacinto Milanés, que contara con el CPLL para el montaje de la exposición con su colección de libros de arte.
Por mi parte, que lo conocí cuando estudiamos juntos en la escuela primaria y reíamos y nos pasábamos papelitos desde pupitres cercanos, su afecto me conmovió en momentos difíciles, que sentí como un abrazo que me protegía de la adversidad, para apoyarme concretamente en los lugares donde estuviese, en defensa y conocimiento de mi forma de ser, lo que, sin dudas, ha sido una conexión espiritual que supera los tiempos vividos.
Al final de esta cita con Estévez, se ratificó la celebración próxima ya del I Festival Internacional de Poesía «Puentes Poéticos» y alegres de ese acontecimiento que invocará su huella en Matanzas, nos retratamos juntos como preámbulo esperanzador de ese encuentro que clamará «Por la paz del mundo».
