El pelícano manso y glotón
Cuando la joven Yisell Boutro decidió visitar Varadero como integrante de la amplia comitiva que participaría en el Encuentro de Harlistas Cubanos, seguramente se creó muchas expectativas sobre el viaje, pero difícilmente imaginó que lograría alimentar y acariciar a un pelícano pardo.
Cuando los moteros comenzaron a organizarse en torno al punto de partida, ubicado bajo el puente sobre el canal de Paso Malo, ella quedó prendada de aquel ave marina que no se despegaba de los pescadores que procuraban la primera captura de la mañana.

Yisell decidió acercarse con la intención de retratar al pelícano con su celular. Se aproximó con pasos lentos para no azorarlo. Justo cuando se encontraba a escasos centímetros notó que el ave no se inmutaba con su presencia.
Fue entonces cuando decidió tocarlo y para más asombro el pelícano solo extendió sus alas, pero permaneció junto a ella como si no le molestara tanta proximidad.
Los pescadores allí presentes, dos jóvenes que sostenían sus cordeles desde hacía un buen rato, le aseguraron que no se movería del sitio hasta que le lanzaran un pescado.
Para dicha de la muchacha una mojarra quedó sujeta a uno de los anzuelos y el pescador le entregó la captura para que alimentara al pelícano. Incluso pudo sostener al ave quien no desviaba la vista de aquel fresco pez recién sacado del mar.
Cuando le lanzaron la mojarra apenas dio tiempo para inmortalizar la escena en el celular. El ave extendió su gran pico con bolsa y en apenas segundos se tragó el alimento.
Luego quedó allí, atento al mínimo movimiento de los pescadores y sin reparar en los presentes que le miraban como extasiados, entre ellos Yisell, la joven que por primera vez lograba interactuar con un ave que seguramente solo había observado desde la distancia.
En su celular conserva las imágenes de aquel grato encuentro con un manso y glotón pelícano, como una de las tantas aventuras memorables que le regalara su más reciente viaje a Varadero.
