En la unión está la belleza
Cuando leí la escueta información en el WhatsApp sobre la llegada al barrio de una brigada de higienización, me dije que «a lo mejor llegaría de un momento a otro» pero mejor seguía con mis planes de la jornada.
Fueron mis vecinos los que me avisaron que ya estaban allí, y que de una vez y por todas lograríamos eliminar el vertedero que tantos disgusta por la fetidez y el reguero de jabitas volando a su antojo por los contenes.
Recordé que las cosas prometedoras surgen así a veces, espontáneas. Aunque desde hace algunos fines de semanas se vienen eliminando los vertederos en varios puntos de nuestro consejo popular, pensé que por la acumulación y volumen de basura aún demorarían en arribar hasta nuestra circunscripción.
¡Y no fue así! Varios camiones y un equipo pesado con pala cargadora llegaron al lugar y extrajeron la montaña de basura y desechos sólidos que tanto afeaba el vecindario.
Rápidamente los vecinos se entusiasmaron y propusieron varias ideas a la vez que la ejecutaban: aparecieron las plantas ornamentales, y los brazos necesarios para abrir los huecos, las herramientas, y hasta los niños brindaron su contribución.
En ese momento viaje al pasado, a aquella infancia donde los vecinos sentían el barrio como propio, de las mesas «suecas» que aún no se habían convertido en bufet, y donde todos llevaban un dulce, el pan con pasta… ¡ El pan!
Con el tiempo han cambiado muchas cosas, pero todavía en los barrios cubanos existen personas que ama a su pedacito, y que no necesitan de las grandes convocatorias para sumarse.
Mis vecinos quizás no conocían a Normita, Lourdes, Alberto, Michel, o a Rebeca, por sus nombres, ni estaban al tanto de las responsabilidades que asumen en el gobierno o el Partido.
Eran simplemente parte del pueblo que vinieron a ayudar, que agradecieron el agua fría que se logra conservar, y el buchito del café bueno que se mezcla con «el otro», el más barato, pero que también conserva su buen sabor.Al barrio le está naciendo un parque, y hasta la ilusión.
Desde hoy todos los pobladores decidieron tomar cartas en el asunto y hacer cumplir el horario de depositar los desechos. Por supuesto que no siempre las cosas suceden como debiera, y a veces no se logra cumplir el horario de recogida.
Pero está batalla que se está echando por la higienización de la ciudad, ya está prendiendo en la mente de la gente, donde se ganan las grandes contiendas.
Ahora nos toca velar por la limpieza y esperar que renazcan las flores que sin dudas le darán un toque diferente a este lugar donde hasta ayer campeaban los escombros y el mal olor.
