23 de abril de 2024

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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La pelota: parte de mi vida

En los primeros minutos de conversación con Orlando Díaz Fernández, en su vivienda del poblado cardenense de Guásimas, pude comprobar su pasión por el béisbol.

En los primeros minutos de conversación con Orlando Díaz Fernández, en su vivienda del poblado cardenense de Guásimas, pude comprobar su pasión por el béisbol.

“Desde que tuve uso de razón, señala, crecí oyendo hablar de pelota. Mi abuelo Rufo era furibundo fanático del equipo profesional Habana. Fui varias veces con mi abuela al Palmar de Junco para ver jugar a mi primo Tomás Soto que en esos tiempos militaba en el equipo Rayonitro. Le puedo asegurar que desde pequeño ya amaba al béisbol”.

Como jugador de este deporte llegó a ganarse la admiración del público debido a las habilidades que llegó a alcanzar  con la mano derecha, ya que lamentablemente su brazo izquierdo lo tenía inutilizado.

“Yo era un niño normal. Estudié mi primaria en La Progresiva de Guásimas, donde desde los 7 y hasta los 10 años representé al colegio en campeonatos infantiles. Una nota en mi expediente escolar decía que sería un buen pelotero. El 16 de agosto de 1960 sufrí un accidente en las vacaciones cuando me monté en un caballo que se desbocó y me lanzó contra una pared. El codo se salió de su  lugar y al poco tiempo apareció una infección. Estuve siete meses ingresado en el hospital infantil Pedro Borrás,  de La Habana, donde los médicos lucharon por no amputarme, pero  quedé inutilizado de mi brazo izquierdo”.

Ante esa situación su voluntad para seguir jugando béisbol se impuso.

“Mi pasión por el béisbol rebasaba todos los términos y me las agencié para con una mano continuar jugando en primera base y practicaba quitándome el guante y la rapidez era tal que nadie podía correrme. Las habilidades crecían, no era buen bateador, pero lo suplía a la defensa. Tenía un director, Paulino, «el chino», que confeccionaba bates, nunca me sentó y decía lo que necesito es un fildeo seguro”.

Muchas son las anécdotas que guarda Orlando de aquellos años.

“Recuerdo jugando en Cárdenas  el contrario tenía un hombre en 3ra. sin out y el director le dijo al corredor: cuando quieras vete para home que el hombre que está en 1ra. es manco y dieron rolling al campo corto, tiraron a 1ra. y devolví al receptor.  Lo saque out varios metros antes de llegar al plato. No se me olvida que el árbitro de home vino a felicitarme y me dijo ´eres un Fenómeno´”.

Este discapacitado beisbolista, no sólo destacó como jugador, dirigió el equipo juvenil de Varadero por tres años en la regional y en las tres ocasiones fue campeón.  Fungió como secretario viajero en el equipo Papeleros, de Cárdenas, que dirigió Soto. Aprendió a anotar los juegos de pelota, fue activista deportivo en Varadero y ayudante del
comisionado local de béisbol, Alberto Sagüita Hernández.

Por su  ejemplo para sobreponerse a esa dificultad y lograr su sueño de  jugar béisbol con calidad mereció el reconocimiento de sus adversarios, mientras el público que lo vio actuar en un terreno premiaba con aplausos más que sus brillantes jugadas, su voluntad.

“Jugué en 18 terrenos de pelota en la provincia y cuando se terminaban los partidos venían a felicitarme y cuando me conocían me aplaudían, eso lo llevo conmigo siempre. El béisbol ha sido mi antídoto ante las adversidades, por eso es parte de mi vida”.

Nota del autor.

Orlando Díaz Fernández es graduado de profesor de Historia en la Escuela Lazo de la Vega, de La Habana. Impartió clases en la Escuela de Iniciación Deportiva Luis Augusto Turcios Lima, cuando radicaba en Varadero, que no continuó al trasladarse la mencionada escuela hacia Matanzas. Su mayor tiempo como trabajador lo acumuló en la Fábrica de Bloques José Martí, en Santa Marta, donde laboró en diferentes puestos durante 52 años, desde 1969 hasta el 2021, cuando se jubiló.

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