18 de julio de 2024

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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Cuba optó por conservar el medio ambiente (+fotos y audio)

La presencia de turba en el humedal Ciénaga de Zapata, ubicado al sur de Matanzas, es un fiel reflejo del orden lógico que tienen los ecosistemas y de la necesidad de conservar ese equilibrio ambiental.

La presencia de turba en el humedal Ciénaga de Zapata, ubicado al sur de Matanzas, es un fiel reflejo del orden lógico que tienen los ecosistemas y de la necesidad de conservar ese equilibrio ambiental.

Se trata de un material fósil, cuyo espesor en esa región varía de dos a 10 metros y que bien pudiera utilizarse en la generación de electricidad, pues su alto potencial energético es similar al del carbón aunque menos contaminante.

Pero la turba tiene una función fundamental e imposible de suprimir: proteger la zona como el filtro natural que es ya que el humedal Ciénaga de Zapata, reconocido por la UNESCO como Reserva de la Biosfera desde al año 1999 y Sitio Ramsar desde el 2001, es también un entorno frágil y muy vulnerable al cambio climático.

Ahí el ascenso del nivel del mar se observa en las áreas costeras que por su baja altura, ya están sumergidas y en la tendencia a seguir perdiendo territorio por esa causa. Junto a esos perjuicios también han llegado la salinización de los suelos y el agua de consumo.

Es una fragilidad que se incrementa por la agresiva actividad humana, fundamentalmente, la caza y pesca furtiva, la incorrecta explotación de los ecosistemas, la contaminación y la urbanización. A ello se unen fenómenos naturales como huracanes e incendios forestales, que en muchas ocasiones estos últimos son responsabilidad de personas inconscientes.

Realidades que llevaron a desechar proyectos como la instalación de una planta de casi 300 Megawatt de potencia, similar a la capacidad de generación que tiene la Termoeléctrica Antonio Guiteras, pero con la turba cenaguera como materia prima.

Cuando triunfa la Revolución cubana y primero la administración estadounidense de Dwight Eisenhower se niega a venderle petróleo a la Isla y después, la de John F. Kennedy oficializa el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, la turba de Ciénaga de Zapata resultó una fuerte esperanza pues sus niveles de concentración y propiedades físico-químicas, permitirían generar electricidad durante 25 o 30 años.

Pero afortunadamente antes de actuar, se investigó.

El Comandante Ernesto Ché Guevara, recibió la encomienda de ir al encuentro con geólogos rusos, y crearles condiciones en la Isla para efectuar un análisis profundo de esa turba. Luego de meses de estudio, los expertos en el tema, informaron que extraer ese material fósil provocaría un lamentable desequilibrio ambiental en la región.

Es que la turba presente en el humedal matancero está sumergida, y al extraerla originaría una rápida e intensa penetración salina que dañaría las fértiles tierras de la llanura Habana-Matanzas, al punto de transformarse en un páramo salinizado.

La vocación ambientalista que siempre han manifestado el Estado y Gobierno cubanos, muestra que aún en medios de las difíciles condiciones político-económicas que enfrenta el país para la generación de energía eléctrica, por el costo del petróleo en el mercado internacional y las permanentes trabas que ponen los vecinos del norte a fin de que no podamos adquirirlo, Cuba no utiliza la turba de la Ciénaga de Zapata.

Así lo enfatiza el ingeniero José Luis Sánchez Ávila, de Cubasolar, Matanzas.

Incrementar el uso de las fuentes renovables, permite avanzar en el cambio de la matriz energética al reducir nuestra dependencia del petróleo; acción que se traduce en un importante ahorro de recursos financieros y en la conservación de un entorno más limpio de gases que aceleran el calentamiento global.

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