Una sala donde se respira amor
En la Sala de Respiratorio del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño, en la ciudad de Matanzas, el tiempo transcurre diferente. El paso de los minutos lo dicta el tiempo acompasado de la dificultosa respiración de los niños que allí ingresan.
En los meses invernales aumenta la morbilidad ante el creciente número de pequeños que ingresan con diferentes padecimientos respiratorios.
El silencio se adueña del recinto y en los cubículos las madres observan a sus hịjos con ese sentimiento protector que se ve desarmado en momentos como estos, cuando se comprende que todo el amor del mundo no logra librar a su pequeño de una enfermedad.
Para suerte de las mamás en la Sala de Respiratorio existe un “team” médico de gran prestigio y experiencia en la institución de Salud matancera.
Bien lo dice la veterana Rosalina González, una pantrista que ha laborado durante décadas en el Pediátrico y que conoce y admira la entrega incondicional del equipo de especialistas que allí labora.
“Yo quiero que se reconozca a esas dos profesionales que están ahí – y señala a dos mujeres de batas blancas presentes en el lugar-, ellas han estado en todas las epidemias y momentos difíciles, son la cabeza y el corazón de esta sala, sin ellas no habría Sala de Respiratorio”.
Escuchando las palabras de elogio permanecen Iliana Bouza Denis y Yaíma Rodríguez Lazo, ambas doctoras pediátricas de vasta experiencia en la atención a niños que presentan patologías respiratorias.
Por más de 30 años la especialista Bouza Denis ha atendido a decenas de generaciones que han llegado de bebé y con el transcurrir del tiempo los reencuentra nuevamente, esta vez, como padres de otro bebé que debe atender.
De hablar pausado, pero preciso, como si las palabras estuvieran allí para prorrumpir en una disertación sosegada sobre las señales que exhibe un nené cuando le aqueja una enfermedad, la doctora Iliana es una especie de cátedra adonde todos acuden para aprender.
Comenta que para emitir un diagnóstico primero observa la apariencia, frecuencia cardiaca y respiratoria, y sobre todo el nivel de actividad del niño.
“Los pequeños -asegura-, llegan con el semblante sombrío y con desgano”.
Con los pacientes de meses de nacido se dificulta un tanto porque ellos no pueden decir qué problema les aflige, de ahí la importancia de la mamá, asegura.
La doctora Yaíma Rodríguez, también de grandes conocimientos y un cúmulo de vivencias en esta área, comenta que la madre resulta ese binomio perfecto que les permite dictaminar la dolencia.
De ese interrogatorio, junto al examen físico y el resto de las pruebas necesarias, se trazará el tratamiento a seguir.
«Pero la madre resulta fundamental», insiste. «A veces los estudios y pruebas arrojan resultados positivos, pero si la progenitora lanza la frase de ‘mi niño no está bien’, seguramente tendrá razón, porque nadie conoce mejor a un hijo que una madre».
Ese vínculo filial, que a veces se torna complejo de asimilar ante la desesperación de la mamá, encierra por parte de las doctoras la comprensión necesaria para lograr un vínculo en pos del bienestar del infante.
Al final, luego de la recuperación llegará el agradecimiento. Y como prueba de ello la madre Yerenia Campos no podía irse de la sala sin despedirse de las doctoras.
En sus brazos sostiene a su pequeña Fabiana, que sonríe con cierta timidez. Justamente su alta médica coincide con su cumpleaños.
Luego de 17 días finalmente regresará a casa. Llegó al hospital en horas de la madrugada con una grave neumonía. La madre elogia y agradece «desde el alma», según dice, el trato y las atenciones recibidas por el equipo hospitalario, desde el mismo arribo al centro.
Para la doctora Iliana Bouza esas palabras de gratitud le reafirman su vocación médica. Fue la razón por la que se decidió por esta especialidad.
«Ser pediatra representa una profesión muy noble, bonita, que exige una gran sensibilidad», expresa, para luego agregar que «los niños son algo muy grande para nosotros.
«El momento más importante llega cuando le devolvemos la sonrisa, para eso nos entregamos. Asumimos una gran responsabilidad y así enfrentamos nuestro día a día».
Por su parte, la doctora Yaíma Rodríguez asegura que el personal trabaja en conjunto, unidos, por el bien de la salud de los infantes.
“Le damos seguimiento a las patologías respiratorias hasta su evolución positiva. Nada nos satisface más que verlos mejorar y recuperar la sonrisa. Esa sin dudas siempre será nuestra mayor gratificación”.
- Fotos del autor
