23 de julio de 2024

Radio 26 – Matanzas, Cuba

Emisora provincial de Matanzas, Cuba, La Radio de tu Corazón

La sonrisa de «Felo»

Entre los más cimeros exponentes de la rebeldía juvenil cubana destaca el líder estudiantil Rafael Trejo González, quien pese a los apenas 20 años con que la muerte lo sorprendió, constituye uno de los más gloriosos ejemplos del patriotismo antillano.

Entre los más cimeros exponentes de la rebeldía juvenil cubana destaca el líder estudiantil Rafael Trejo González, quien pese a los apenas 20 años con que la muerte lo sorprendió, constituye uno de los más gloriosos ejemplos del patriotismo antillano.

Nacido en la villa de San Antonio de los Baños, antigua provincia de La Habana, el 9 de septiembre de 1910, el joven «Felo», como sus más allegados lo nombraban, es recordado por su sensibilidad, optimismo, ternura y su devoción por la música, el deporte, la lectura y, en especial, por la vida y obra del Maestro José Martí.

Su conocimiento del contexto político y social en que se hallaba la Isla lo motivó a iniciar en 1927 su periplo universitario de la mano del Derecho para, como bien dijo, «defender a los pobres y perseguidos»(…) «siempre al servicio de la justicia» y siendo útil a la nación en que vio la luz.

Estos intereses lo impulsaron a vincularse en 1930 a la oleada estudiantil que ponderaba las reformas propuestas por Julio Antonio Mella y condenaba el cruento régimen impuesto al país por el entonces presidente Gerardo Machado.

Justamente por esas fechas integró la muchedumbre que hizo desaparecer una tarja de la Escuela de Derecho que simpatizaba con el régimen y, poco tiempo después, devino vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de dicha institución educativa y partícipe de crecientes huelgas, mítines, marchas y demás acciones revolucionarias junto a Pablo de la Torriente Brau, el propio Mella, Raúl Roa y demás jóvenes en su afán de socavar el machadato.

Tristemente, el 30 de septiembre de 1930, con solo dos décadas en su existir, integraba una masiva manifestación que se dirigía al Palacio Presidencial, cuando la iracunda represión del tirano lo hirió de muerte y acabó falleciendo poco tiempo después en la Sala de Urgencia del Hospital Municipal.

Pablo de la Torriente Brau inmortalizaría posteriormente el sosegador ademán que refulgió en el rostro de Trejo y advertiría entonces, entre admirado y orgulloso, la grandeza de aquel joven a quien ni la ferocidad de Machado o la desazón de la muerte, pudieron siquiera arrebatarle la sonrisa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *