«Mi hermano está entre los grandes”
En Venezuela fue jefe del grupo del primer anillo de seguridad. Admiraba profundamente al jefe de la misión, el coronel Humberto

Marvelys Sánchez López habla. Entrevistar así duele. Los ojos delatan lo que la voz intenta sostener. Ella es la hermana del coronel Orlando Osoria López, uno de los 32 cubanos caídos en cumplimiento del deber en Venezuela.
“Era muy limpio, muy organizado. El alma de cualquier fiesta”, recuerda. Orlando era el DJ de cada celebración familiar, el que ponía la música y también la alegría. Pero, por encima de todo, era un hombre profundamente noble. “No vivía para él, vivía para los demás”.
Siempre fue jefe, dice Marvelys, no solo por el grado, sino por la cultura integral que poseía, por su capacidad de hablar de cualquier tema y, sobre todo, por la manera en que asumía cada responsabilidad: creando ambientes de amistad, de solidaridad, de compañerismo.
Los propios compañeros de tropas han formado un grupo y a través de ellos la familia ha descubierto historias hermosas que confirman quién era Orlando.
En Venezuela fue jefe del grupo del primer anillo de seguridad. Admiraba profundamente al jefe de la misión, el coronel Humberto. “Anoche me sentí orgullosa —confiesa— cuando vi al General de Ejército allí, al lado de los dos cuerpos: el de Humberto y el de mi hermano. Eso duele en el alma, pero también llena de orgullo”.Cuenta una anécdota íntima, casi susurrada. Cuando Orlando comenzó la etapa previa de la misión, su madre fue a verlo. “Él era el alma de mi mamá”, dice. Siempre le repetía a Marvelys: cuídalo, porque tú eres más fuerte.
Aquella vez, Orlando le lanzó un papelito y le dijo: no vengas más. Y explicó: yo soñé un día estar entre los grandes, y eso solo depende de mi sacrificio. Hoy, esa frase duele.
Saber que su hermano no dormía, que cumplía su misión sin descanso, fue una tortura. “Pensé que me lo habían cogido sin poder hacer nada”. Marvelys sabe que aún no se conoce toda la verdad y confía en que un día se sabrá. Pero también sabe algo con certeza absoluta: “Se batió como lo que era: un valiente, un «cojonudo», como decimos los cubanos”.
Eso es lo que le da aliento. Porque lo material, dice, muchas veces no vale nada cuando lo espiritual se desmorona por dentro. Entonces hay que buscar la fuerza donde quede.
