24 de julio de 2024

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Por una Feria realmente inclusiva (+fotos y audio)

No se trata este de un intento por demeritar o criticar por criticar el esfuerzo de mucha gente que se entregó a la organización de la Feria del Libro en Matanzas. Son condiciones que trascienden, incluso a las máximas autoridades del país. Pero debemos repensar en qué se nos está transformando un encuentro de tanta tradición en Cuba.

 

Casi siempre al analizar un fenómeno en su conjunto acudimos a sus elementos positivos y negativos para establecer una valoración. Esa sería la práctica acertada y así intentaremos hacer en cuanto a la Feria del Libro en Matanzas. Digo intentaremos porque, a diferencia de ediciones anteriores cuando sobraban aciertos y percibíamos algunos desatinos, en este 2023 se invirtió dicha realidad.

Como aspectos válidos podemos citar la riqueza de los paneles que integraron el programa central de la Feria, con los aportes de imprescindibles intelectuales cubanos, entre matanceros y nacionales. Ellos ahondaron en el quehacer y trayectoria de las personalidades a quienes se dedicó la Feria, tanto a nivel nacional como el capítulo matancero, como Fina García Marruz, Araceli García Carranza, Julio Travieso y Alfredo Zaldívar y de la revista Matanzas por sus 45 años. Asimismo, en otros espacios de la ciudad se rindió homenaje a Antonio Núñez Jiménez y Haydée Santamaría.

En Matanzas la belleza estética y calidad artística de los espectáculos y presentaciones culturales no es una casualidad ni cosa de suceder fortuitamente. Aquí estamos acostumbrados a programas de excelencia, pero no es ese motivo para obviar el reconocimiento a la inauguración y la clausura del evento, así como a la integralidad del programa concebido para convertir a la urbe yumurina en capital literaria durante cuatro días.

Algunos de los más prestigiosos intelectuales y escritores cubanos visitaron la ciudad entre el 2 y el 5 de marzo, entre ellos Miguel Barnet, Cira Romero, Virgilio López Lemus, Araceli García Carranza, Ricardo Riverón, Francisca López Civeira, Luis Lorente, Mildred Hernández, Geovanny Manso y Laydis Fernández de Juan, sin dejar de mencionar a los matanceros, cuyo aporte fue decisivo en la fiesta literaria.

La organización de la Feria en el paseo de Narváez posibilitó el contacto directo con los bares que se concentran en esa zona de la ciudad y convocó a instituciones como BANDEC y los Joven Club de Computación, las cuales promocionaron sus propuestas y acercaron sus servicios al pueblo.

Ahora bien, en todo evento es fundamental el respeto a la población y, en este caso, no consideramos que haya sido así del todo ni todo el tiempo. Nadie ha dicho que incumplir un programa en horarios y fechas es un deseo de los organizadores y, definitivamente, nadie quiere atentar contra su propia creación.

Pero algo que sí caracterizó esta Feria fue la inestabilidad en cuanto a los horarios y fechas de presentación.

Eso desluce un evento que se organizó, soy consciente de ello, con mucho tiempo de antelación y rigor. Dirán que la realidad es más rica que cualquier planificación, que no estaba en las manos de los organizadores y tienen razón; sin embargo, si nos fuéramos a conformar con tales excusas para qué hacemos programas. Además, esas desconexiones atentan contra el interés popular que busca un producto en un momento determinado, anunciado con antelación, a veces se planifica para ello y no encuentra respuesta a su necesidad.

En otro sentido, no dudo de la existencia de 50 mil volúmenes para la venta. Lo que no encontré fueron ni las 500 novedades literarias para la provincia, ni las 128 para la nación. Sé que el país vive momentos complejos en cuanto a la economía y que, por supuesto, eso se refleja también en la cultura. Pero, ¿para qué anunciar un evento con bombos y platillos que no pasará de ser una Feria con muchos servicios y algunos títulos?

Los precios, otra consecuencia de la difícil situación económica que vive Cuba hoy en la que mantener la Feria del Libro deviene acto de heroicidad, se convirtieron en la mayor decepción de la población y contracorriente del lema de la Feria.

El país contó con el apoyo de varios países amigos para la producción de diferentes títulos; también abrió las puertas a once editoriales extranjeras. Esas editoriales trajeron sus productos y sus precios que se adecuaron a la moneda cubana.

Hay quien pudo comprar, hay quien no se atrevió a llevar a sus niños, hay quien con las referencias ni siquiera llegó a Narváez. Sé el caso de un directivo que acudió a la demanda sobre un libro que costaba cinco mil pesos e increpó a quien vendía a semejante precio un producto literario.

Me dediqué a escuchar las conversaciones de los padres con sus niños, los comentarios de las personas y el desaliento en ese sentido fue total.

Señores sí, fue una solución feliz para algunos, pero esas diferencias de oportunidades, consecuencia del nivel económico, no fue lo que escuché durante todos los niveles de enseñanza. Tengo 32 años, ¿qué podrían decir mis padres al respecto? La gente necesita adaptarse a que unos pueden y otros nunca podrán con sus ingresos y para eso, aún falta tiempo.

Las editoriales cubanas también trajeron sus libros, pocos, a veces no tan hermosos, pero a precios módicos y eso sí se agradece porque en ello radica la verdadera esencia de la Feria del Libro, al menos de la que hasta ahora visitaba año tras año.

No se trata este de un intento por demeritar o criticar por criticar el esfuerzo de mucha gente que se entregó a la organización de la Feria del Libro en Matanzas. Son condiciones que trascienden, incluso a las máximas autoridades del país. Pero debemos repensar en qué se nos está transformando un encuentro de tanta tradición en Cuba.

No dejemos que el mayor evento literario del país se convierta en una feria carnavalesca para el que tiene más o, al menos, no tiremos serpentina en los anuncios si esos anuncios están tan lejos de las expectativas del cubano de a pie. Trabajemos entonces con inteligencia para volver a revertir las cosas; intentemos que en 2024 la Feria del Libro sea una cita en la que aparezcan algunos desatinos, si fueran inevitables, y sobren aciertos en función de que, ciertamente, disfrutemos de una lectura inclusiva.

  • Por un equipo de la Redacción Cultural

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