Acusación sin pruebas: el relato sentimental de Netanyahu en campaña
La estrategia apela al sentimentalismo para desviar la atención de sus crímenes, pero elude toda responsabilidad de demostrar lo que presenta como una amenaza real
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró recientemente que Irán intentó asesinar a uno de sus hijos, sin ofrecer fecha, lugar ni precisar cuál de ellos fue el blanco.
La revelación se produjo en plena campaña electoral, mientras solicita protección extendida para su familia por los próximos cinco años, en un momento en que la Corte Penal Internacional (CPI) mantiene vigente una orden de arresto en su contra por crímenes de guerra y lesa humanidad.
«Pasó algo increíble: Irán puso en la mira a uno de mis hijos», afirmó en entrevista con el Canal 14 israelí, sin presentar evidencia alguna ni detalles sobre el supuesto complot. Tampoco se aclaró si el objetivo fue Avner, residente en Israel, o Yair, conocido por sus posturas ultraderechistas y su prolongada estancia en Miami.
El periodista Amit Segal señaló que el presunto intento era conocido por el estamento de seguridad desde hace meses, pero bajo orden de censura militar.
«Por eso la seguridad para ellos no es un lujo», remató Netanyahu, justo cuando el Shin Bet aprobó en julio protección ampliada por cinco años para su esposa e hijos, además de resguardo vitalicio para él mismo.
Este relato victimista contrasta con el hecho de que una comisión independiente de la ONU concluyó que Israel ha cometido genocidio en Gaza y que Netanyahu ha incitado estos actos, citando como pruebas la magnitud de las matanzas, el bloqueo de ayuda humanitaria y los desplazamientos forzosos.
Mientras el primer ministro reclama seguridad personal, las órdenes de arresto de la CPI lo señalan por «privar intencionadamente a la población civil de Gaza de alimentos, agua, medicinas y electricidad» . Turquía ha solicitado su arresto internacional por genocidio y crímenes contra la humanidad y al menos 125 países miembros de la CPI están obligados a detenerlo si pisa su territorio.
La estrategia apela al sentimentalismo para desviar la atención de sus crímenes, pero elude toda responsabilidad de demostrar lo que presenta como una amenaza real.
