Memoria entre cenizas
Cada 24 de diciembre que transcurre sin memoria es una oportunidad desperdiciada para reconciliarnos con nuestro pasado, para enseñar a las nuevas generaciones que hubo un día en que el fuego no fue Navidad, sino Libertad
JOVELLANOS.- Cada 24 de diciembre, mientras el bullicio de las fiestas envuelve a la mayoría en luces y villancicos, este municipio guarda —o debería guardar— un silencio reverente. Porque en esa fecha, hace ya más de un siglo, el fuego no fue símbolo de celebración, sino de lucha. El 24 de diciembre de 1895 el Ingenio Diana ardió en llamas, consumido por la guerra, por la voluntad de una nación que se negaba a seguir encadenada.
Fue un día después del importante combate de Coliseo cuando la columna invasora, liderada por el Lugarteniente General Antonio Maceo, pasó por la zona en su marcha de Oriente a Occidente. Según narra su ayudante José Miró Argenter en Crónicas de la Guerra, el destacamento español que defendía el ingenio fue sorprendido y capturado sin ofrecer resistencia. Los soldados fueron liberados, pero el ingenio —símbolo del poder colonial y de la economía esclavista— fue reducido a cenizas.
Los alrededores del ingenio, como La Andrea y el callejón del Cojo Luís, también fueron escenarios de enfrentamientos entre tropas mambisas y españolas. Cada rincón de esa geografía guarda huellas de la contienda, aunque hoy muchas de ellas parezcan borradas por el tiempo y la indiferencia.
Y es que en estas fechas, cuando se recuerda el paso de la columna invasora, la tarja conmemorativa de la localidad permanece ignorada. Pasa sin pena ni gloria, como si el tiempo hubiera borrado su significado. Como si la historia de Jovellanos no mereciera ser contada, recordada, honrada.
Olvidar es una forma de perderse. Y cada 24 de diciembre que transcurre sin memoria es una oportunidad desperdiciada para reconciliarnos con nuestro pasado, para enseñar a las nuevas generaciones que hubo un día en que el fuego no fue Navidad, sino Libertad.
