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Tuesday 15 October 2019
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El Varadero que vio y no vio Pablo Neruda

Durante su viaje a la isla en 1942, el poeta visitó el balneario yumurino para satisfacer una de sus pasiones

Durante su viaje a la isla en 1942, el poeta visitó el balneario yumurino para satisfacer una de sus pasiones

No todos los días se puede saldar duedas con ese grande de la poesía latinoamericana, el chileno Pablo Neruda.

La ¿!verdad!?, en los últimos tiempos he palpado cómo cada vez la playa que nosotros los cubanos en expresión autocomtemplativa llamamos “la más linda del mundo”, resulta relacionada con la “imagen no Cuba” por muchos de nuestros “amigos foráneos”, es decir, con el turismo extremadamente auténtico de sol y playa.

Y tras la tentativa de llegarse hasta allá, terminan desaprovechando la invitación por el temor de no conocer la veradera isla y su gente, quienes se han crecido frente a la política despiadada de un Imperio.

No me conformo. Durante años he escuchado del Varadero de historias y fisonomía particular. Lastima que estas se quedan entre los nostágicos y sus longevos habitantes, como es el caso de una abuelita que atesora en su mente los ingredientes y porciones de una bebida caracteristica del lugar. La que, por mucho que se ha intentado, me cuentan, no encuentra cabida entre las ofertas gastronómicas de la península, frecuentada cada año por más de un millón de visitantes extranjeros, sin contar el número creciente de cubanos que cada vez acceden a su red hotelera.

Y en medio de mis incorformidades por encontrar la veradera playa, hallé el artículo: La historia pocas veces contada de Varadero, del investigador cardenense Ernesto Álvarez Blanco. Cuando me inserté en sus líneas poco pude entender el por qué conformadores de imágenes y productos turísticos se empeñan en traernos hasta la playa azul a los inconfundibles integrantes del cuarteto británico The Beatles o al mafioso italo-norteamericano Al Capone

Si hubiese un vacio histórico y fuese necesario crear un pasado, lo entendería y casi lo aplaudiría, pero no, “la playa más linda” tiene un pasado y cientos de personalidades de talla universal que un buen día llegaron hasta ella.

El artículo de Álvarez Blanco relaciona a figuras como el rey Leopoldo de Bélgica, don Juan de Borgón y Battengerg, conde de Barcelona; los escritores Gabriela Mistral y Federico García Lorca, entre muchos otros.

Una vez comunciado con su autor casi le imploré detalles de esas visitas esporádicas de las que nadie habla. Mi pregunta fue simple. ¿!Neruda estuvo en Varadero!? Tienes que contarme esa historia. Y así, en ese desprendimiento profesional rara vez pausible para los periodistas, me envió fotos y referencias de la época para entender el por qué y cómo el escritor chileno y comunista se acercó al azul de la playa cubana.

Corría 1942 y el poeta y su esposa Delia del Carril llegaban a la isla donde cumplirían un programa de conferencias en La Habana. Neruda poseía vínculos con los intelectuales de izquierda, con escritores, poetas y pintores comprometidos socialmente y de corte antifacista en la Cuba de la Seudorepública. Un país con una aristocracia que, como muchas en la región, podía darse el lujo de importar mármoles italianos u objetos pertenencientes a príncipes y reyes, pero carente de educación. El índice de analfabetismo en las zonas rurales, por ejemplo, topaba el 47.1 por ciento.

¿Cómo llegó Neruda a Varadero? ¿Qué le interesó y qué encontró? Las respuestas afloran en las referencias apuntadas por el cardenense, y otras quedan al margen de las asociaciones posibles.

Es muy creible que la opción de visitarla llegase de la mano del naturalista Carlos de la Torre, matancero entendido como uno de los malacólogos más imporantes de Cuba quien fue presentado al autor de 20 poemas de amor y una canción desesperada por el escritor Juan Marinello.

Carlos de la Torre de quien, se dice, en sus años mozos cultivó la poesía, pasión que nunca abandó pese a su pertenencia al universo de las Ciencias.

Carlos de la Torre de quien, se dice, en sus años mozos cultivó la poesía, pasión que nunca abandó pese a su pertenencia al universo de las Ciencias.

Ambos, de la Torre y Neruda, compartian pasiones: poesía y caracoles, solo que en órdenes o prioridades diversas en sus vidas.

Llegó a La Habana, según reportes de prensa, invitado por la Secretaría de Educación. “Tuve la suerte de participar con Marinello y Guillén en el Congreso de Escritores Antifacistas, celebrado en Madrid durante la Guerra civil española, y a pesar de estar La Habana en la ruta de Chile a Europa hasta ahora no pude realizar el anhelo de entonces”, dijo a la revista Lux.

Bajó sus maletas del vapor Río de La Plata, procedente de México donde se desempeñaba como cónsul de su país. En su estancia habanera impartió conferencias, dio entrevistas y encontró el espacio para recorrer las playas de Guanabo y el balneario yumurino.

Apuntan los datos del Ernesto Álvarez que el sabio matancero Carlos de la Torre lo acompañó a Varadero, y además, le obsequió de su colección personal una caja de caracoles marinos y terrestres, entre ellos las endémicas polymitas cubanas.

Los registros fotográficos de su visita a la playa azul lo muestran oteando su duna, con un maletín para preservar los hallazgos. Al fondo se aprecia la arquitectura típica del lugar, de madera y con inmensos colgadizos a la redonda para disfrutar las bondades del paisaje.

Pero ¿qué Varadero encontró Neruda?

Recorrió la península de pescadores que, cada vez, suscitaba interés para las familias acomodadas o extranjeros de cuantiosos recursos, capaces de construir mansiones como lo es hoy, Xanadú. Halló el Varadero de una extensa franja de 22 kilómetros de arena blanca y fina, y aguas límpidas de trecho extenso para los bañistas.

En julio de 1950, a propósito del viaje a la isla, el chileno destacó en su crónica Recuerdas de La Habana, “… las aguas marinas de Varadero, aguas únicas que parcelaron la turquesa océanica y se dividieron en el más compacto fulgor de la mariposa azul”.

El poeta chileno pezquiza la duna de Varadero en busca especies para su colección de caracoles y conchas.

El poeta chileno pezquiza la duna de Varadero en busca especies para su colección de caracoles y conchas.

Años después, precisa el investigador cardenense, el poeta, de una extensa producción literaria que recorre desde temáticas amorosa, de justicia social y compromiso político, retomó el paisaje del balneario matancero en su poema Varadero de Cuba.

Fulgor de Varadero desde la costa eléctrica cuando, despedazándose, recibe en la cadera la Antilla, el mayor golpe de luciérnaga y agua, el sinfín fulgurario del fósforo y la luna, el intenso cadáver de la turquesa muerta: y el pescador oscuro saca de los metales una cola erizada de violetas marinas“.

Al igual que las piezas obsquiadas por el naturalista Carlos de la Torre, se cree que algunas de las especies halladas por el poeta en las arenas de la playa cubana, se encuentren a resguardo en la Universidad de Chile.

Fue esta una pasión nurudiana, comprensible para muchos por sus vínculos escriturales y emotivos con el mar. “…lo mejor que coleccioné en mi vida fueron mis caracoles. Estos me dieron el placer de su prodigiosa estructura: la pureza lunar de una porcelana misteriosa, agregada a la multiplicidad de formas, táctiles, góticas, funcionales”, dejó escrito en sus memorias.

“Tuve las especies más raras de los mares(…) caracoles antárticos y polymitas cubanas, o caracoles pintores vestidos de rojo y azafrán, azul y morado, como bailarines del Caribe. A decir verdad, las pocas especies que me faltaron fue un caracol del Matto Grosso brasileño, que vi una vez y no pude comprar, ni viajar a la selva para recogerlo.

“Exageré mi caracolismo hasta visitar mares remotos. Mis amigos también comenzaron a buscar conchas marinas, a encaracolarse.

“En cuanto a los que me pertenecían, cuando ya pasaron de quince mil, empezaron a ocupar todas las estanterías y a caerse de las mesas y de las sillas. Los libros de caracología o malacología, como se les llame, llenaron mi biblioteca. Un día lo agarré todo y en inmensos cajones los lleve a la Universidad de Chile, haciendo la primera donación al Alma Mater”.

El poeta chileno regresó a Cuba en 1949, en tránsito hacia México, y en diciembre de 1960, para conocer la Revolución y asistir a la presentación de la edición cubana de su cuaderno Canto General. De estas últimas visitas se carece de información que haya regresado al balneario yumurino.

Ese fue el Varadero que vio Pablo Neruda. En aquel entonces debío ser algo cercano al rancho de pescadores del que aún cuentan, lugar cada vez más tentativo para las familias cardeneses acomodadas y espacio de posibles inversiones de algunos visionarios.

El Varadero del siglo XXI convoca a todos para minimizar el impacto del turismo sobre la península.

El Varadero del siglo XXI convoca a todos para minimizar el impacto del turismo sobre la península.

Hoy, la playa azul, inmersa desde la década del noventa del último siglo en los planes de desarrollo para el turismo, posee una de las infraestructuras hoteleras más grande del país. Entendida como una zona especial, año tras año posibilita ingresos a la economía cubana, justo desde la época en que tanto amigos como enemigos contaban los días y horas de supervivencia del proyecto cubano.

Luego de décadas de intencionar sus playas, el destino Varadero ha encontrado competencias signficativas en el área del Caribe, incluso dentro del contexto nacional donde se habla de playas vírgenes con excelentes atributos naturales.

En tanto en el balnaerario matancero se emprenden acciones para minimizar el impacto del turismo sobre la península. Allí, se ubica una Unidad de Estudios Ambientales perteneciente al Ministerio del Ciencia Tecnología y Medio Ambiente. Se protege la duna con la plantación de arbustos típicos de la región, y se vela por la permanencia o no de inmuebles que la afecten. Se vierte arena en los tramos dañados por la erosión. Todo ello sin olvidar, la zona conocida como Varahicacos, considerada área protegida por su alto endemismo.

Por otra parte, los estudiosos del patrimonio trabajan en la concreción de un expediente para declarar su Centro histórico Monumento Nacional, por la variedad de estilos arquitectónicos del siglo XX que perviven entre sus dos avenidas.

Este fue, sin lugar a dudas, el Varadero que vio y no vio el poeta chileno tras su pasión de caracoles y conchas. Un lugar al que muchos aún consideran “la playa más linda”, un lugar que, es casi seguro, no representa a la isla real que se ha crecido día a día frente a los traspies del mayor de los Imperios.

Si alguien pregunta, oyeee…¿por qué escribiste esto?. La respuesta es fácil. Me encantan las historias, no me resisto a ellas cuando las encuentro o me las ponen en la mano. Tampoco podría negarme al autor de ese poema “En las noches como ésta la tuve entre mis brazos/La besé tantas veces bajo el cielo infinito”. También porque me parece totalmente injusto que conformadores de imágenes, publicitarios y otros falseen dramas y personajes para el balneario yumurino, donde en verdad no se necesitan porque gente, anécdotas y momentos particulares, no faltan.

Por ahora, me interesa contar las vivencias de una varaderense de noventa años que atesora en su mente, la receta de una bebida típica del lugar, una bebida olvidada entre los lugareños. Ya lo saben, si me ven por ahí, en la calle o en las redes sociales, y les motiva el tema, provóqueme para contarlo de una vez y por todas.

Escrito por la periodista Jenny Hernández, de TV Yumurí



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