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Thursday 19 September 2019
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Mitología cubana

Parece que estuvieron poco activos desde los años 90 del pasado siglo. No era buena idea entonces ponerse juguetón y hacer travesuras porque “el horno no estaba para pastelitos”. De hecho, ni siquiera había pastelitos en el horno.

Tal vez tiraron la toalla y se exiliaron para siempre luego de siglos de vivir a la sombra, de guerrear por espacio, de ocultarse, de hablar bajito.

Pero al marcharse se fue con ellos, nuestros mitos, una pieza hermosa del mosaico que es la cultura nacional.

El campo sigue siendo el campo, pero no es el mismo. Nadie, o casi nadie, se topa ya en las lagunas con duendes pícaros y enamoradizos; sobrevive para contarlo al encuentro con un majá rollizo como tronco de ceiba; tiembla ante los rumores de fantasmas en una casona en ruinas.

Alguien podría decir que lo hemos visto todo y por tal motivo somos más desconfiados en esta época tan multimedial, globalizada, donde la realidad más impactante se disecciona cada día ante nuestras cámaras en imágenes de alta definición.

Pero es curioso que demos por ciertas todavía las mentiras de las dietas mágicas, las fórmulas de eterna juventud, la llegada del príncipe azul a lomos de un corcel, el carácter inagotable de los recursos de la naturaleza, la riqueza libre de consecuencias, los hechizos de amor o el poder sin compromisos.

A veces se extraña ese bestiario tan cubano de güijes parejeros, madres de aguas como serpientes colosales, babujales, espíritus burlones, diablillos, aparecidos, gritonas, cagüeiros cambiapieles, gamusinos, mariposas tataguas comparadas con brujas que aletean entre presagios de fatalidad y muerte…

Simplemente los sustituimos por nuevas supersticiones, otras formas de aproximarnos a lo desconocido, porque repetimos como un reflejo el impulso de quienes pintaban la presa en las paredes de la cueva antes de ir a cazarla en la sabana.

Es mejor adaptarse a la idea: no podemos ni queremos vivir sin los símbolos.

Mitología cubana se titula un libro delicioso del folklorista Samuel Feijóo, una obra tan escurridiza en nuestros días como los propios seres fantásticos de los cuales se ocupa, quizá por la falta imperdonable de nuevas ediciones o el alto costo de los ejemplares.

En el texto se lee: “En la mitología caribeña Cuba alcanza un lugar cimero (…) Nuestra mitología cuenta con una de las más originales de América, a veces dominada por el humor, a veces por una fantasía artística profunda y por una superstición nociva”.

Y también: “Surgiendo de la imaginación popular, de sus anhelos y sueños tantas veces, y aún de la superstición y el miedo, los mitos revelan una de las mayores fuerzas de la creación folklórica mundial.”

Pero el mito más criollo no ha muerto del todo, como me quedó bien claro hace pocos años cuando la foto de un presunto güije asomándose en la célebre Cueva de Bellamar le dio la vuelta al mundo y provocó comentarios que se escuchan todavía.




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