3 de septiembre de 2026

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La partida irreparable del doctor Leonardo Rodríguez Tápanes

Hace dos meses que el doctor en Cirugía Pediátrica Leonardo Rodríguez Tápanes partió hacia otra dimensión. Mas, su impronta permanecerá siempre en cada espacio del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño, que asumió como ese lugar al que le dedicó su existencia y desvelos profesionales.
Cuentan que era hombre serio, hasta que debía atender a un pequeño. Entonces se convertía en una especie de niño grande lleno de ternura al tratar a los pacientes. Se transformaba al instante, cada palabra y gesto era puro amor y comprensión.
Fue una gran suerte para nuestra institución que aquel graduado de Medicina en la capital cubana a finales de los 60 se decidiera por la especialidad de Cirugía Pediátrica.
Luego de asumir varias responsabilidades en centros de Salud en municipios como Pedro Betancourt y Jovellanos, arribaría al Hospital Pediátrico para establecer un vínculo irrompible más allá de la propia existencia física.
Fueron tantos los casos que demandaron su sabiduría científica, las cirugías complejas en las que participó, que surgió una relación tan estrecha que Leonardo devino uno de esos elementos imprescindibles que tal parece que vinieron al mundo para formar parte, por la eternidad, de este hospital.
Su nombre está impreso en muchas ponencias e investigaciones a las que dedicó sus conocimientos. Formó parte de varios momentos trascendentales relacionados con la cirugía pediátrica donde se puso muy en alto
el conocimiento y la profesionalidad de los galenos matanceros.
Contribuyó a la formación de varias generaciones de doctores que hoy sienten el vacío ante la partida del Maestro.
A su esposa Beatriz Medina aún no le alcanza el valor para abrir aquella gaveta donde descansan cientos de diplomas y reconocimientos. Sus lágrimas afloran con facilidad ante la mera evocación del hombre inmenso con quien compartió casi 45 años de casados.
Sus hijos también llevan el dolor por dentro de no poder escuchar, nuevamente, la voz de su padre.
Los pasillos y salsas del Pediátrico también quedaron un poco huérfanos. Ciertos edificios cobran vida y asumen la energía de esas personas íntegras y consagradas que recorrieron cada palmo de la edificación, donde depositaron sus anhelos, pasiones y sudor, y una que otra lágrima, por casi cinco décadas.
Cada mañana, durante su vida laboral, recorrió la distancia que separaba Versalles del centro de Salud donde trabajaba. Emprendía la colina de Compostela con un compromiso que tal parecía un sacerdocio.
Hacía dos años que se había jubilado, pero su hogar continuó funcionando como una especie de cuerpo de guardia adonde acudían los vecinos ante cualquier malestar. Siempre recibió a todos con la misma entrega que le definió durante su vida.
En algunos momentos de ocio, cuando alimentaba a las aves que tanto apreciaba en su hogar, su mente seguramente viajaba a aquellos momentos donde una cirugía compleja demandó de su tesón y conocimientos, bien que lo sabe su viuda Beatriz.
Para muchos del Hospital Infantil, Leonardo Rodríguez, el gran cirujano pediatra, permanecerá por siempre porque existen partidas que no se concretan del todo.
Su imagen, su entrega, todo lo que representó y cada niño recuperado, son una muestra fehaciente de que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, como sentenciara Martí.

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