15 de junio de 2024

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Fátima se viste de largo en el Teatro Sauto (+ audio y fotos)

Fátima es ella y muchísimas personas que han sentido o sienten sobre sus cabezas la presión social. Por todas y cada una de ellas, como se escucha al final de la obra, Fátima no se rinde…Fátima es inmortal.

Ninguna puesta en escena es igual a otra, aun cuando compartan el guión, el diseño escenográfico, los actores, el director. Las representaciones teatrales siempre pasan por el filtro de la subjetividad del público y, luego de ser interpretadas por el respetable, incluso sin ser su primer encuentro con la obra, el resultado será diferente.

Consulte además: https://cubactores.com/noticias/5-razones-para-no-perderte-la-obra-fatima-y-el-parque-de-la-fraternidad/8886/

Fátima y el Parque de la Fraternidad, la versión del cuento homónimo de Miguel Barnet y homenaje a la entrega cinematográfica de 2015 de Jorge Perugorría, que fue llevada al escenario del Teatro Sauto este fin de semana, resulta ejemplo fehaciente de cuánto determinan las interpretaciones, reacciones e interacciones del público en la concepción, trabajo sobre las tablas y producto final de un espectáculo, sobre todo, por la proximidad y empatía que logra Ray Cruz, actor y uno de los directores de la puesta, con los espectadores.

“Yo creo que es fundamental porque, cuando trascurre la parte en que interviene el público, me doy cuenta como actor y como personaje que puedo hacer con los espectadores lo que desee, puedo lograr cualquier cosa con ello.

“El viernes, por ejemplo, pasaron cosas imprevistas pero el público ni se enteró y eso es porque están completamente inmersos en la obra. Darme cuenta de eso determina la seguridad con que asumo el personaje.

“Precisamente lo que motiva el cambio, el crecimiento de Fátima es el público; cada función es totalmente diferente y depende mucho de quién venga a ver la obra. Hay públicos que son más elitistas, otros son más de pueblo, pero yo trabajo para todos”.

En el espacio reducido del escenario del coliseo matancero, resalta un guión bien logrado que, sin negar improvisaciones que enriquecen la puesta a partir de la intervención directa del público, aborda temas complejos de la sociedad los cuales, a pesar de su vigencia, continúan siendo tabúes, como el transformismo, la prostitución, la emigración, los prejuicios.

Consulte además: http://www.lajiribilla.cu/cubana-no-cubanisima/

Destaca asimismo la utilización de las luces y la música, fundamentales para lograr otro de los objetivos que la obra cumple muy bien: defender la cubanía y la identidad.

“Queremos hablar no solo de las personas que están discriminadas, sino también de la cubanía. Me duele que la gente se vaya de nuestro país, por las condiciones y las razones que sean.

“Me interesa afrontar eso en la obra y le da un peso muy grande cuando lo contextualizas ahora mismo con la emigración; se van nuestros vecinos, nuestros amigos, la familia. Nos estamos quedando solos, como dice Fátima y eso me preocupa mucho como actor y como cubano”.

No importó durante la primera presentación el viernes la caída de una fase, debido a las tormentas eléctricas que finalmente sirvió como banda sonora a la representación.

El impresionante desempeño escénico de Ray Cruz no dio pie a que el público se percatara de la ausencia de ciertos enfoques a través de la iluminación y sonidos. Con igual demostración de versatilidad, la misma que distingue su trabajo en la televisión, asumió las puestas del sábado y el domingo.

Fátima y el parque de la Fraternidad recurre a la historia de Manolito, joven habanero que ha sufrido prejuicios de todo tipo por su condición de homosexual, trasvesti y prostituto.

La versión de la obra, estrenada el 12 de agosto de este año en la sala Llauradó, de la capital cubana, se sumerge más al interior de este hombre atrapado en el cuerpo de una mujer quien vive todo tipo de afrentas, persecuciones y problemáticas para exponer y proponer una reflexión a favor de la inclusión, del respeto a las individualidades humanas, una invitación a intentar ser felices como somos.

“Yo la paso muy mal, desde el mejor sentido de la palabra. En esta puesta vamos más a la esencia de un personaje que ahora mismo está mucho más oscuro incluso de lo que está escrito por Barnet”.

En la obra, en la que Claudia Zaldívar se estrena como directora, Ray Cruz despliega todas las habilidades que le aporta su amplísimo repertorio actoral para llevarnos del dolor encarnizado a la alegría, de la risa al llanto, hasta que deja de ser el actor quien está frente a nosotros y aparece, sin perder el personaje ni un segundo, la reina del Parque de la Fraternidad.

“Hacía como 15 o 20 días que no hacía la obra y sabía, sin aún poner los pies sobre el escenario, que me costaría trabajo la función porque estaba muy emocionado antes de empezar.

“Ella es un volcán todo el tiempo. Siento que ahora mismo la domino en muchas cosas, pero ella me domina más a mí. Allá arriba no me entero ni de la mitad de las cosas que pasan, cuando la estoy interpretando. Eso hace que la obra tome otra dimensión”.

Merecen elogios igualmente, el diseño escenográfico, la selección musical, el maquillaje. Es en ese punto de no retorno en el que sientes que tu interior se fragmenta con los sufrimientos de un ser humano (hombre-mujer, qué más da) cuando Fátima y el Parque de la Fraternidad llega a su clímax.

Y, en esos andares Fátima cambia su rostro por el de cualquier persona discriminada, marginada, sesgada y adopta sus nombres, sus recuerdos, sus vidas. Fátima es ella y muchísimas personas que han sentido o sienten sobre sus cabezas la presión social. Por todas y cada una de ellas, como se escucha al final de la obra, Fátima no se rinde…Fátima es inmortal.

  • Fotos: Ramón Pacheco

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