22 de mayo de 2024

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¿Es posible sembrar papa ecológica en la Ciénaga de Zapata?

Los cenagueros no se conforman con la idea de que otros territorios asuman, en alguna medida la responsabilidad de producir su comida.

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CIÉNAGA DE ZAPATA.–Incrementar la producción local de alimentos ha sido, para los cenagueros, un propósito permanente, convencidos de que no es imposible, pese a disponer de tierras consideradas improductivas.

Garantizar la comida de la gente en el propio territorio ha devenido casi una obsesión. Nadie allí está conforme con la idea de que otros territorios asuman, en alguna medida, esa responsabilidad. El municipio se autoabastece en alrededor del 40 % de los productos agropecuarios; pero los pobladores no están de brazos cruzados.

Sin tomar en cuenta el riesgo y hasta la posibilidad de fracasar que implica esa aventura, los cenagueros sembraron, por vez primera, una hectárea de papa sobre bases agroecológicas en áreas aledañas a la comunidad de Soplillar.

La experiencia acabó con el mito de que en la Ciénaga de Zapata no se da nada, y mucho menos el gustado tubérculo, manifestó Juan Luis Rangel Duarte, presidente de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Antonio Mauri, fundada en 2010, y única de su tipo en el mayor humedal cubano.

En el pequeño sembrado –atendi­do solo a base de materia orgánica– cosecharon diez toneladas de papa, comercializadas en las localidades de Soplillar, Pálpite, Mario López, Playa Larga, Caletón, Buenaventura, Santo Tomás y Los Hondones.

«Se distribuyó a razón de cinco libras per cápita, y la gente nos tenía como locos, porque todo el mundo quería y solo alcanzó para repartir en la región occidental del territorio», precisó Rangel Duarte.

Está calculado que, para abarcar a toda la población del municipio, necesitan plantar al menos cinco hectá­reas, propósito que deben concretar el próximo año, estimulados por el entusiasmo de los vecinos. Es un producto que entregarían de manera adicional al balance nacional.

Admitió el destacado productor que, aunque el costo de producción fue un poco elevado, la papa ecológica demostró que, con esfuerzo y el empleo de la ciencia y la técnica, todo es posible.

Sobre la novedad dio cuenta el doctor Giraldo Martín Martín, especialista de la Estación de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, en una visita a la sureña región, poco tiempo después de la plantación. «La hectárea del tubérculo crece con buen estado vegetativo», aseguró el investigador.

En esa oportunidad, Martín Martín elogió el hecho de que cada vez sean más los campesinos en el país que apuestan por el cultivo sobre bases agroecológicas. Es una gran ventaja, insistió.

Por lo visto, ya nada podrá desalentar el compromiso de quienes residen en este singular escenario, de ampliar esa opción productiva.

Expertos consideran que la Ciénaga de Zapata cuenta con potencialidades que se deben explotar al máximo, pues la producción de alimentos es una prioridad.

Y nadie mejor que los cenagueros para determinar su propio destino en un vasto paraje de más de 700 000 hectáreas de exten­sión y alrededor de 9 000 pobladores distribuidos en 16 comunidades, varias de ellas de difícil acceso.

Esa realidad constituye todo un reto para los habitantes del lugar, quienes no pueden desentenderse de la misión de proteger el mayor y mejor conservado humedal del Caribe insular y, al propio tiempo, incentivar la producción agropecuaria, explotar mejor las riquezas del sector pesquero, e incrementar el aporte de los centros de elaboración.

Junto a las parcelas, patios y otros espacios disponibles que se abren paso en la producción de viandas (sobre todo plátano), hortalizas y frutales, se suman los más de 40 productores de la cooperativa que dirige Juan Luis Rangel Duarte.

Sin antecedentes en esta modalidad agropecuaria, los resultados de la experiencia con la papa sobre bases agroecológicas demuestran que los suelos de la zona no son tan infértiles como se creía, y constituyen un buen argumento en pos de la soberanía alimentaria del territorio.

Ventura de JesúsGranma

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