Un joven mecánico que sueña en watts
Una industria avanza por sus hombres: jóvenes y mayores; el empuje de sus fuerzas, por la devoción y el amor que le profesan quienes sienten suyas sus heridas.
Más aún las termoeléctricas, damas de hierro que libran una lucha constante contra la obsolescencia tecnológica, con los demonios de la escasez de piezas y limitación de recursos pisándole los talones, en tiempos en los que rendirse nunca será la opción.
Apenas dos vueltas al sol lleva Alexey Carmenate Sigler como parte del equipo de imprescindibles que se encarga de devolverle la vitalidad a la CTE yumurina ante cada parada en que las soluciones se buscan a contratiempo.
El joven, apenas recién graduado, tiene ya un camino labrado en el mediático gigante de hierro, considerado horcón de la generación eléctrica cubana.
“Es, primeramente, emocionante al tratarse de una industria en la que puedes aplicar todos los conocimientos aprendidos en la universidad, ella sienta las bases, pero la industria te permite expandirte.
“Exige mucho autoestudio porque esto es igual que los médicos, donde todos los días salen tecnologías nuevas, métodos que se pueden aplicar al equipo, siempre tratando de mejorar su condición de operación, y allí, justo está la parte estresante: una avería inesperada conlleva a acudir a la reparación del equipo a la hora que sea. La prioridad es mantener la industria en línea”.
Alex asegura que terminando el preuniversitario era otra la noción que tenía de la ingeniería mecánica, especialidad que muchos asocian a la dinámica y funcionamiento de automóviles y motocicletas, y no al andamiaje de huesos metálicos que componen a la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras Holmes.
“En mayo de 2024 empecé a trabajar como adiestrado. Estuve un año en el grupo de capacitación, en el curso de operaciones, que da una noción general de la planta y te enseña la mayoría de los equipos: parámetros técnicos, cómo funcionan, generalidades…
“Luego, me captaron para el grupo técnico de mantenimiento para seguir adiestrándome, pero esta vez preparándome para la plaza de especialista. Actualmente, soy especialista A en mantenimiento industrial, a cargo del condensador y equipos auxiliares de caldera, turbina y generador”.
Ella, su esposa y la especialista principal de Ciencia e Innovación en la dirección técnica, llegó primero al mayor bloque unitario del país, y fue quien generó la imánica atracción por la ahora su segunda casa, donde ha llegado a sobrepasar las 30 horas de insomnios ante roturas que mantienen a la Guiteras fuera del Sistema Electroenergético Nacional.
“Me ha pasado mucho, porque dentro de los equipos que atiendo está todo el sistema de bombeo de combustible y sin combustible la planta no genera. Ese esquema tiene que estar disponible y con la mayor confiabilidad posible.
“Miedo no he sentido; presión, sí. Cuando empecé no estaba adaptado a la magnitud de los equipos. Por ejemplo, el interior del condensador es grande e impresiona. Resulta parecido a la caldera: tiene un intercambiador de calor y por dentro mucha altura. No me olvido de la primera vez que entré. Con la rutina vas perdiendo eso, sobre todo si lo que más te gusta es aprender cosas nuevas”.
El ingeniero cuenta con fluidez la historia donde no faltan tensiones e innovación. Asegura que parte del éxito en el trabajo radica en el buen funcionamiento del binomio que integran los jóvenes y los experimentados.
“A veces pienso que los estoy molestando por querer aprender tanto, aunque las personas con más experiencia, cuando notan el interés, enseguida te brindan ayuda. Ante cualquier duda, primero consulto con los especialistas más viejos”.
En tiempos de reparación, de cualquier evento, a Alex se le ve transitando por los pasillos, preocupado, por minúsculo que sea el daño en uno de sus equipos. Con ahínco chequea cada parámetro, pues sabe que de ello depende que cientos de hogares tengan al menos una hora de electricidad al día.
“Preocupado como si el equipo fuera prácticamente un familiar, al tanto, hasta que se estabiliza. He estado en la termoeléctrica ininterrumpidamente cerca de 56 horas, 38 de ellas sin dormir. Los calentadores de baja presión (los que calientan el agua antes de introducirla a la caldera) en los que las averías no son difíciles, pero sí muy trabajosas, donde no se puede perder tiempo.
“Como últimamente hemos tenido paradas cortas y son equipos indispensables, hay que repararlos de sí o sí, lo que nos ha llevado a pasarnos día y noche trabajando. Esos trabajos se hacen con la EMCE (Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas) que tiene turnos de 12 horas pero, en mi caso, soy uno solo y tengo que estar aquí hasta que salga la reparación, comprobando los puntos de inspección y la calidad de los trabajos. Hasta que no se cierra el equipo, no puedo irme”.
Procedente de Jovellanos, el joven ingeniero lleva sus dos años de graduado albergado en el hotel Guanima, que se encuentra enclavado en el consejo popular Peñas Altas. Dice que no ha sido tan complejo separarse de casa, porque su transitar por la Universidad de Matanzas también requirió de becas y esfuerzos extras.
“Mi papá siempre está al pendiente de mí. Imagine, he estado hasta seis meses sin poder ir a mi casa. Pero los sacrificios resultan necesarios. Entre mis propósitos está seguir superándome. El ser curioso me ha llevado a investigar y aprender sobre otras especialidades como la eléctrica y la automática”.
Aunque la central yumurina ya esté sincronizada, el desvelo de Alexey y sus colegas de profesión se mantiene. Su función no recae solo en devolver la vitalidad a los equipos tras una parada, sino en mantener en línea al coloso matancero, la longeva central que, a casi cuatro décadas de existencia, sigue generando watts para la Isla.
- Ana Cristina Rodríguez Pérez/ Periódico Girón
