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Saturday 25 November 2017
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Imprescindible frenar la sequía y la desertificación

A la desertificación y la sequía se le dedica cada 17 de junio, con el fin de alertar y concientizar a  la humanidad sobre la necesidad de frenar el crecimiento acelerado de esos dos fenómenos que atentan contra la estabilidad alimentaria y el desarrollo de la biodiversidad.

Sequía

“Increíble, con lo que ha llovido y las presas no alcanzaron el 50 por ciento de llenado, realmente ¡!es increíble!!”

Así, repitiendo con fuerza la frase inicial, me llegó el comentario de un matancero que desilusionado esperaba escuchar, según sus propias palabras, que tras las lluvias del 8 y 9 de junio en curso, las presas del territorio requerirían ser aliviadas.

Y es que según Isabel González Cepero, especialista del Centro provincial de Meteorología de Matanzas, aunque los aguaceros de la semana anterior fueron continuos y fuertes, cayeron en medio de un período seco que ha afectado significativamente las reservas de agua de la provincia, para acentuar la presencia de uno de los fenómenos que más atenta contra la vida en la tierra, la sequía.

“Es cierto que fue significativo el acumulado de lluvias de esos días, pero muy marcado, es decir, fueron aguaceros muy localizados en tiempo y espacio, pues en algunas zonas del territorio no llovió.

“Por ejemplo, en el municipio de Unión de Reyes, en 24 horas hubo un registro de 100,5 milímetros de precipitaciones, pero cuando comparamos esos datos con los históricos del mes no resultan demostrativos para la provincia  porque ha sido muy puntual el proceso. No ha llovido lo suficiente.”

La escasez de agua constituye uno de los principales desafíos para el hombre del siglo XXI, pues a la falta de lluvia se unen las crecientes demandas naturales de agua en los sectores industrial, agropecuario, doméstico y los servicios, que llevan al agotamiento de las reservas de agua de manera total o parcial.

En Cuba cerca de un millón de personas están afectadas por la intensa y prolongada sequía que vive el país desde mediados del 2014.

Un fenómeno, no solo natural, sino también causado por la acción del ser humano, que a la distribución irregular del recurso une el desperdicio, la contaminación y la gestión de forma insostenible, comentó la especialista en Meteorología.

“Estamos en la obligación de ahorrar el agua porque aún cuando nuestra provincia cuenta con importantes cuencas subterráneas de agua si se extrae más de lo indicado de ellas bajan los niveles permisibles y pueden llegar a salinizarse, convirtiéndose en inservibles para el consumo humano y animal.”

Desertificación

Según definen los expertos, la desertificación es un proceso de degradación ecológica que estropea al suelo fértil y productivo de forma total o parcial. Se trata de una destrucción de su cubierta vegetal.

La alarma suena sin cesar desde que se han registrado más de 110 países afectados por la desertificación y la pérdida anual de unos seis millones de hectáreas de tierra productiva

Todo por la explotación insostenible de los recursos hídricos, la generación de graves daños ambientales como la contaminación química, la salinización, los incendios forestales, la concentración de la actividad económica en las zonas costeras, el crecimiento urbano y las actividades industriales, entre otras causas.

A esas acciones se unen prácticas como la deforestación y el sobrepastoreo.

Por ejemplo, se ha calculado que cuando Cristóbal Colón arribó a este archipiélago, el 95 por ciento de él estaba cubierto de bosques. En 1889 había descendido a 89 por ciento la superficie boscosa y a inicios del siglo XX solo quedaba el 54 por ciento.

En menos de 200 años Cuba perdió ocho millones de hectáreas de bosques, con una alta diversidad de especies preciosas. Una de las razones por las que alrededor del 76 por ciento del territorio cubano está perjudicado por algunos de los procesos conducentes a la desertificación.

Por ello la recomendación de la máster en ciencias Milagros Alfonso Cabrera, de la Red de Estaciones Meteorológicas de Matanzas:

“Tratar por sobre todas las cosas que nuestros suelos no estén desnudos, ni sometidos a los agentes del intemperismo.”

Para revertir ese panorama desértico que amenaza nuestras tierras, la especialista señaló:

“Evaluar y mover si es preciso los períodos de siembra y cosecha a partir de los cambios climáticos que se viven. Trabajar en la construcción de diques, barreras, para prevenir la salinización del suelo, evitar el laboreo de la tierra cultivable para impedir la muerte de los microorganismos que habitan el subsuelo y lo enriquecen.

“Poner en práctica aquellos métodos agrícolas y cultivos que soporten las altas temperaturas y la disminución de las precipitaciones.”




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