22 de mayo de 2024

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A los 62 años de una batalla regresa combatiente a su provincia

Las pesquisas tras el hallazgo de los restos óseos en el mes de agosto de 2019 en el hotel Playa Girón acaban de constatar la aparición de dos nombres de combatientes fallecidos durante la contienda bélica y no contemplados hasta la fecha en la relatoría oficial de 156 caídos

Tal como habían sospechado antropólogos forenses, historiadores e investigadores matanceros, los restos humanos hallados el 28 de agosto de 2019 en la Villa Playa Girón, en las afueras de la cabaña número siete, corresponden al  joven miliciano de 20 años, Ramón Jáuregui Díaz, fallecido en la mañana del 17 de abril de 1961, en combate frontal con la fuerza  mercenaria, en las inmediaciones de Caleta Rosario.

Así lo acaba de informar con lujo de detalles en conferencia de prensa en el museo memorial de Playa Girón un grupo de expertos del  equipo de trabajo de Antropología Forense, del servicio de  Medicina Legal en Matanzas, encabezado por el licenciado Yoel Monzón González.

Jáuregui Díaz figuraba en la base documental del Museo de Playa Girón como caído en combate, pertenecía al batallón 339 de las Milicias Nacionales Revolucionarias de la provincia de Cienfuegos y tras la invasión mercenaria fue notificado oficialmente como desaparecido a pesar de las infructuosas investigaciones y de las pesquisas que a título personal acometieron en el teatro de operaciones sus tres hermanos, también combatientes de la epopeya de abril.

«Se trata de una identificación forense absoluta”, detalla el antropólogo Monzón González, del servicio de Medicina Legal en Matanzas, quien precisó que para arribar a la conclusión se cumplió el protocolo establecido que finalizó con el análisis del perfil genético del polimorfismo del cromosoma. Y, cotejado con sus familiares del sexo masculino.

Aunque así lo revela la confirmación científica, apunta el experto, existieron evidencias histológicas suficientes para probar la edad, estatura, afiliación ancestral y elementos de la causa del fallecimiento.

No obstante, existen pruebas documentales como el hecho de que mediante testimonio del combatiente Israel Vásquez a la revista Bohemia se conocen detalles del contexto de la muerte y cómo son conducidos por las fuerzas mercenarias hacia Playa Girón, exactamente a la cabaña número siete, donde radicó el cuartel general de la Brigada invasora 2506.

El doctor Norge Estupiñán Ramírez, médico legista, quien participó durante los dos días de excavación en las proximidades de la cabaña siete de la Villa Playa Girón, comentó sentirse sorprendido cuando las evidencias iniciales sugerían encontrarse ante un miliciano caído en combate y cubierto por una capa militar.

Refiere Estupiñán Rodríguez que se colectaron en el lugar, un tanto alterado, fragmentos y distintivos de un uniforme de miliciano, un carné de control de entrega de armamento a nombre de Jáuregui Díaz y municiones, algunas sin detonar, que luego del peritaje de rigor, se constató que eran de un fusil M52, medio con el que fueron armados integrantes del batallón 339.

Todas las piezas fueron preservadas como establece la cadena de Guarda y Custodia para su traslado al laboratorio de Medicina Legal de la ciudad de Matanzas, donde se realizó la primera documentación, ya con la sospecha de que se trataba de un hallazgo histórico.

Dado el estado de desmineralización de los restos -comenta Monzón González- no pudimos aplicar técnicas como la de superposición cráneo fotográfica, de reconstrucción facial o el cotejo dental, al no contar con una carta ante mortem y es por eso que se decide utilizar el estudio de marcadores genéticos con muestras de ADN salival de sobrinos varones de Ramón Jáuregui.

Conocer la historia por medio de la muerte y específicamente sobre la batalla de Playa Girón, desde nuestra especialidad ha sido impactante -confiesa el especialista matancero-, pero reconforta cumplir con la labor humanitaria de entregar los restos a su familia y que reciba, a la distancia de 62 años, los honores que merece como joven que ofrendó su vida por el socialismo en las arenas de Playa Girón.

Hallazgo en contexto e investigaciones que continúan

Las pesquisas iniciadas tras el hallazgo de los restos óseos durante el mes de agosto de 2019 en las inmediaciones del hotel Playa Girón y que documentalmente señalan al miliciano Ramón Jáuregui Díaz, del batallón 339 de Cienfuegos, acaban de constatar la aparición de dos nombres de combatientes fallecidos durante la contienda bélica y no contemplados hasta la fecha en la relatoría oficial de 156 caídos.

De visita obligada a Clara Enma Chávez, investigadora matancera, quien junto a un colectivo de historiadores compiló en 1986 el título Biografía de una Victoria, publicado por la Editora Política y donde se ofrece una relatoría de los mártires de la gesta, explicó que los recientes hallazgos conllevan un nuevo estudio y revisión de la base documental utilizada en aquel momento.

Precisó la estudiosa que consultó fuentes del Instituto de Historia, registros del Departamento Nacional de Identificación con la relatoría de pesquisas en hospitales y cementerios de la zona de combate y como resultado, en aquel entonces, el número de víctimas de militares cubanos se fijó en 156.

Ante este hecho –reflexiona Clara Enma- se impone en honor a la verdad histórica concluir la  investigación de los  dos combatientes de los que ya se logró precisar a qué unidad o batallón pertenecieron, todo un reto que se origina al necesariamente acudir a fuentes documentales.

Recuerdo que apenas unos días después de publicado el libro que ahora pacientemente actualizamos, para que vea la luz en el aniversario 60 de Playa Girón –rememora Clara Enma- nos topamos con documentación mal emitida y que uno comprueba luego de la paciente reconstrucción histórica del momento.

«Hay que reconocer que todo esto aconteció en un escenario de guerra, donde los caídos eran trasladados según la distancia a Jagüey Grande o Covadonga, no pocos desfigurados por las horribles quemaduras del napalm, otros deshechos por las bombas y la metralla y en ese contexto se procedía a la identificación.

«Por ejemplo, en Jagüey Grande se habilitaron en el cementerio dos cuartones en una fila para milicianos y mercenarios y además se conservaban las pertenencias para que los familiares también pudiesen contribuir al reconocimiento de las identidades, pero te reitero, en una situación convulsa”.

-Entonces, redondeando las ideas.

– Que se revisan todos los casos a fin de hallar alguna omisión y presentar el trabajo completo, con las últimas rectificaciones.

De los nombres de caídos que ahora aparecen, por el momento no te puedo decir mucho, pero sí que fallecieron como integrantes de un batallón y no aparecían en registros.

En el avance de la investigación descubro que a uno de los casos el apellido fue cambiado, un Fernández, por Hernández; es algo realmente delicado y que merece toda la atención, por eso en el nuevo aniversario  de la victoria en Playa Girón, esperamos tener la totalidad de los casos estudiados y sobre todo, rendirles los honores que merecen.

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