19 de julio de 2024

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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José Jacinto Milanés: Lirismo y cubanía

Recordado por la majestuosidad de su lirismo y la trascendencia de su vasta producción literaria, José Jacinto de Jesús Milanés y Fuentes constituye uno de los más cimeros exponentes del romanticismo en las letras cubanas y merecedor además del calificativo de primer ingenio poético de la mayor de las Antillas.

 

Recordado por la majestuosidad de su lirismo y la trascendencia de su vasta producción literaria, José Jacinto de Jesús Milanés y Fuentes constituye uno de los más cimeros exponentes del romanticismo en las letras cubanas y merecedor además del calificativo de primer ingenio poético de la mayor de las Antillas.

Este hijo de la ciudad de Matanzas nació el 16 de agosto de 1814 en el seno de una humilde y numerosa familia y, desde temprana edad, se inició en la escritura de ensayos dramáticos y, aun así, a pesar de las carencias destacó por su formación en idiomas como el latín, el italiano y el francés, gracias a su constancia y pasión por el conocimiento.

Posteriormente entabló una gran amistad con el destacado literato Domingo del Monte, cuya biblioteca devino fuente de saberes sobre cultura clásica y moderna para Milanés, de quien del Monte apreció no solo su manifiesta sensibilidad poética, sino también la melancolía y ternura idílicas con que amenizaba sus versos.

Aunque sus coqueteos con la poesía se remontan a poco antes de 1834, Milanés descolló su pluma entre 1835 y 1843, consolidando su verso entre dos vertientes: una enteramente lírica y seductora por el ferviente romanticismo que de ella emanaba y, la otra que, con pinceladas de puro humor y sátira, reflejaba el contexto social y moral de aquella Cuba a inicios del siglo XIX.

Emergieron entonces poemas de su pluma que se convirtieron en éxitos inmediatos como La fuga de la tórtola, La madrugada, El alba y la tarde, Vagos paseos, De codos en el puente y El beso, entre otros, a la vez que importantes rotativos como El Aguinaldo Habanero, El Plantel, El Álbum, La Cartera Cubana, El Prisma, Flores del Siglo y las Revistas de La Habana y Universal, así como los periódicos matanceros La Aurora y El Yumurí se deleitaron con sus colaboraciones entre los años 1837 y 1860.

Pero su periplo artístico no solo comprendió la poesía, sino que también halló en el teatro otra de sus pasiones. Esto lo demostró el 11 de septiembre de 1838, cuando su obra El Conde Alarcos fue estrenada en La Habana y, además de ser un éxito en críticas, lo posicionó como uno de los dramaturgos pioneros de nuestra cultura. A El Conde… se sumaron la comedia de costumbre Una Intriga Paternal y otras menores como El Poeta en la Corte y la inconclusa El Mirón Cubano, entre otras.

Para su infortunio, los episodios de extravío mental que cerca de sus últimos años de vida sufría, derivaron en un mutismo que fue apagando su existencia hasta fallecer el 14 de noviembre de 1863 en la ciudad donde 49 años antes veía la luz por primera vez y que hoy, justamente a un siglo y seis décadas de su partida, enaltece la impronta de este gigante de la literatura antillana.

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