El héroe del turismo que poda las ramas del coronavirus
Jardinero en una brigada en el hotel Cuatro Palmas, de Varadero, Waldemar Pérez Vargas decidió por iniciativa propia colaborar desde el pasado 25 de abril con el personal médico del Hospital Militar Mario Muñoz Monroy, de Matanzas.
Como muchos trabajadores del sector turístico, Waldemar apeló a la modalidad de reubicación laboral y de esta manera comenzó a trabajar en las áreas verdes del hospital, apoyando las labores de mantenimiento y embellecimiento del entorno.
Tiempo después asumió junto a otros compañeros un puesto en el servicio de lavandería, ropería y costura en este centro donde se combate la covid-19 en línea de fuego:
«Al inicio sentí mucho temor por el riesgo biológico que acecha en un lugar como este, pero los especialistas conversaron conmigo y me capacitaron para enfrentarme a estas calderas; una vez que entendí las normas de protección y la importancia de esta labor pensé que mi aporte podría ayudar aunque sea un poco a disminuir la incidencia del coronavirus», confesó.
Cuando Matanzas inicia la primera fase recuperativa, la lavandería del Mario Muñoz cuenta con una importante cifra de colaboradores distinguidos entre el personal técnico, estomatológico, ortopédico y de enfermería que conjuntamente con el personal de otros sectores se incorporaron a la noble tarea.
Los centros de aislamiento de la provincia también fueron beneficiados con los servicios que realizan en esta planta esterilizadora.
En un colectivo numeroso dos brigadas se relevan en jornadas de doce horas. El vapor de calderas para esterilizar torna la jornada laboral más incomoda y agotadora. Waldemar aprende de la experiencia de Idaelio Rodríguez Tamaño, a quien le constan 16 años de labor en este oficio donde recoge la ropa sucia y la devuelve limpia.
Estos meses de pandemia quedarán perpetuados en la memoria de este jardinero, pues en este colectivo Pérez Vargas dijo sentirse tan útil como nunca antes en su vida. Compara así su habilidad de cortar la maleza con la de cortarle las alas al virus; para la primera se necesita podadora, machete y tijeras y para la segunda se necesita mucho amor, responsabilidad y percepción del riesgo.





