Productos sin calidad que no varían de precio
Aquel vendedor de productos agropecuarios anunció el valor de su mercancía con una altivez que rozaba casi la arrogancia, como si las viandas y frutas expuestas en su tarima no mostraran visibles signos de deterioro.
Era tal el mal estado de aquellos plátanos que en pocas horas terminarían en algún recipiente como comida para cerdos, o peor aún, en un vertedero. Porque aunque algunos se asombren, en Cuba se desecha comida, práctica habitual de muchos vendedores de esos que llaman carretilleros.
Pudiera parecer contradictorio pero algunos comerciantes en su afán por obtener ganancias a toda costa prefieren perder dinero, porque una mercancía que termine en la basura nunca recuperará su inversión.
Es de tal magnitud las malas prácticas comerciales de algunos individuos que se pretenden comerciantes que olvidan hasta la difícil situación que enfrentan muchos de sus congéneres si de alimentarse se trata.
Debe alojar en sus pechos un corazón muy duro esos inconscientes que prefieren botar los alimentos por una mala gestión de venta antes que recuperar parte del monto invertido con la simple acción de rebajar el precio según la calidad del producto.
Y es que así lo promulga la ley. Varias resoluciones y normas establece que los precios de los productos deben corresponderse con su calidad y frescura. Mas en esta tierra de entuertos e irracionalidades, una mano de plátano conservará el mismo valor aunque permanezca días en el mostrador y comience a marchitarse.
Ningún establecimiento comercial, ni los pertenecientes a Acopio ni los particulares, muestran en la tablilla el valor según la calidad del producto. Se trata de una práctica inexistente encontrar información que los clasifique por categoría.
Por eso una vianda marchita y a punto de caducar conservará el mismo precio de manera inconcebible, cuyo final será el vertedero en un contexto tan complejo donde tantas personas pasan disímiles vicisitudes para llevar alimentos a la mesa.
Los clientes observarán perplejos como los mismos alimentos que muchas veces no logran adquirir por la carestía de la vida, aparecen un día cualquiera en el basurero de la esquina.
Debería ser sancionable ese proceder, y de hecho lo es, pero los inspectores al parecer no han logrado hacer cumplir lo estipulado porque escasos puntos de ventas esclarecen en la tablilla informativa los diferentes precios en correspondencia con la calidad y frescura. Sobre este accionar insensible y violatorio se deberá actuar enérgicamente.
