13 de mayo de 2026

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Los tantos nacimientos de Juani Santos (fotos)

Juani Santos acaba de fallecer. Su nuevo nombre sería titular en medio mundo al convertirse en el primer hombre trans a quien se le practicó la cirugía de reasignación de sexo en la Isla. Reproducimos esta entrevista realizada hace años y sin publicar hasta ahora

Juani Santos nació en un cuerpo que no era el suyo, triste realidad que le agobió desde niño. Su persistencia y confianza en sí mismo, y la ayuda y comprensión de muchas personas le permitieron disfrutar su plenitud como ser humano, convirtiéndose en el primer hombre trans a quien se le practicó la cirugía de reasignación de sexo en la Isla.

Al principio Juani Santos no se llamaba Juani Santos. Nació con otro nombre, uno que le cuesta hoy pronunciar. Cuando alguien insiste en indagar su pasado, él muestra algún antiguo documento donde se puede leer el patronímico con el que le inscribieron al nacer.

Se pudiera decir que él ha nacido varias veces, uno de sus tantos nacimientos ocurrió en el año 1997, cuando recibió su nuevo carné de identidad en la Oficina del Registro del Estado Civil. Sintió la plenitud como ser humano, plenitud que le fue negada una que otra vez, desde que llegó al mundo en un cuerpo que no era el suyo.

Juani Santos nació en el año 1949, un 20 de septiembre, con otro nombre, claro está, y otra fisonomía. Recuerda su infancia como uno de los momentos más felices de su existencia. Marca ese periodo idílico hasta los siete u ocho años de edad. Jugar en la calle hasta tarde le fascinaba. Pero las cosas empezaron a complicarse cuando comenzó a asistir a la escuela.

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En la cuarta ocasión que Juana Pérez dio a luz se sintió dichosa, una saludable hembrita lloraba entre sus brazos. El nombre lo había pensado mucho antes del nacimiento. Le llamaría Juana Rosa.Recuerda Juana Pérez que su hija siempre fue despierta y alegre, le gustaba montar bicicleta y «mataperrear» en el barrio. Mas algo le incomodaba a la madre: su niña no toleraba llevar una saya o vestido encima. Para salir de casa exigía pantalones y camisas, y aquellos zapatos vaqueros que le quedaban un tanto graciosos.

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Juani Santos vive en una casa a la que cuesta llamarle así. En la sala pequeña tiene un televisor y dos butacas, en el otro extremo de la habitación, pegada a la pared de metal, se encuentra la cama. En una de las paredes descansan decenas de fotos de diferentes formatos. En el centro, una hermosa imagen donde aparece él junto a Mariela Castro, a quien le une una fuerte amistad. En todas las imágenes Juani aparece con bigote y rodeado de mujeres.

En la otra habitación de su casa está la cocina, de reciente construcción y sin terminar. En el centro se ubica una mesa. Apenas queda espacio para los dos escaparates. Un poco más allá se deja ver un diminuto baño.

Juani es de los pocos favorecidos que cuenta con un baño en el viejo local que fungía como fundición de la Fábrica de Cubo. Allí se erigen otras viviendas donde la palabra privacidad se desconoce, las paredes de cartón o metal no llegan al techo, mas fue gracias a la gestión de Juani que esas familias cuentan con la propiedad de sus hogares.

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Nada detestaba más en la vida Fernando Santos que ver a su hermana con ropa de hombre. ¿Qué dirían sus compañeros de la unidad militar donde se desempeñaba como oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias? Entonces un fuerte latigazo de rabia se adueñaba de él. Solo atinaba a tomar las prendas de su hermana y hacerla trizas entre sus manos.

No sospechaba Fernando que luego la niña tomaba sus propios pantalones y salía a la calle con ellos remangados.

Solo muchos años después Fernando entendió el sufrimiento de su hermana. Solo muchos años después comprendió que ella nunca quiso nacer así, en otro cuerpo. En ese momento ni tan siquiera sospechaba que existía la palabra Transexualidad. Su hermana tampoco la conocía.

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Nada disfrutaba más Juani Santos que la playa. Reposar en una balsa sobre el agua le relajaban sobreanera, pero a su vez era una tortura. Su cuerpo le producía malestar. Todos ignoraban que empleaba la balsa como escudo, así se protegía de las miradas, y ocultaba también su fisonomía.

En todas las fotos de playa que conserva permanece bocabajo. Sentía un estremecimiento si alguien se detenía en lo poco abultado de su sexo o en sus diminutos senos. Él hubiera preferido nacer con pene y pectorales, mas la vida le jugó una mala pasada.

Aun así su resolución pudo más. Vivía, sentía y se desplazaba como hombre. Se vestía como tal desde niño. Según fue creciendo, tanto el corte del pelado, la escasez de maquillaje y sus ademanes varoniles le hacían pasar como hombre adonde quiera que llegaba.

Sus amigos no le censuraban cuando salían con él-ella. Incluso lograba seducir a las mujeres y se enamoró más de una vez. El problema surgía cuando le pedían el carné para cualquier trámite de rutina y se detenían en su verdadero nombre. Por eso la mayoría de las veces prefería decir que se le había extraviado.

De lo contrario el malestar resultaba inmenso cuando las personas comprobaban que quien vestía y asemejaba ser un hombre no lo era realmente. Una vez hasta se vio involucrado en un proceso legal porque lo acusaron de una falta grave por “ser así, diferente”. Por suerte la jueza no vio ningún delito y salió absuelto.

Corrían los años 70, su desesperación le motivó a escribir una carta al Ministro de Salud de entonces. Hoy Juani apenas recuerda qué palabras escribió en aquella misiva, lo cierto es que su caso llamó la atención de los especialistas y le mandaron a buscar.

Por suerte ya comenzaban los primeros estudios sobre la Transexualidad en la adelantada Dinamarca, noticia que llegó a sus manos mediante una publicación periódica.

En los propios años 70 decidió comenzar a trabajar. Se presentó en la Fábrica de Cubos de Matanzas. Titubeó bastante para mostrar su carné de identidad, pero no le quedaba más remedio.

Al principio lo trataron con frialdad, lo que le hizo sospechar que no le darían el empleo. Para asombro suyo fue el propio director quien le brindó un puesto, al cual se entregó en cuerpo y alma.

A pesar de tratarse de una fábrica con gran número de obreros, nunca tuvo ninguna desavenencia con los hombres, en cambio en las trabajadoras de la industria sí intuía cierto resquemor, sobre todo cuando al principio tenía que compartir la habitación sanitaria. Decidió comenzar a ingresar en el de hombres y los problemas desaparecieron.

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Durante la década del 80 Juani visitó con bastante frecuencia una institución de Salud de la capital cubana. Gracias a aquella carta escrita por él al Ministro de Salud, un equipo multidisciplinario comenzó a estudiar su caso.

En un inicio los especialistas creyeron que se trataba de alguna anomalía psiquiátrica, hasta que comprendieron que tanto en su desempeño profesional como en sus relaciones personales era un ser normal. Lo que no era normal, era el cuerpo que habitaba.

Cuerpo que Juani comenzó a sentir suyo cuando se realizó una mastectomía. Luego, estrecharía vínculos con el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). En el año 1997 disfrutó la felicidad. Recibía en sus manos de obrero, las mismas manos con que fabricaba colchones, hacía algún trabajo de albañilería o arreglaba su vieja moto soviética, el carné con su nuevo nombre: Juani Santos Pérez. Rozaba la plenitud, ya más nunca tendría que mentir o sonrojarse a la hora de entregar su identificación.

Otra de las tantas fotos que aparecen en una de las paredes de su casa y que muestran su admiración y cariño por Mariela Castro.

Sin embargo, pasarían muchos años más para que la felicidad fuera completa. En el 2010 saltaría a la palestra pública. Su nuevo nombre sería titular en medio mundo al convertirse en el primer hombre trans a quien se le practicó la cirugía de reasignación de sexo en la Isla. Dos años más tarde se enfrentaría a una segunda intervención, también exitosa.

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Dentro de pocos días Juani Santos habrá cumplido 70 años de vida. Hace apenas diez que goza de su condición de hombre, con la que nació y le fue negada, y por la que luchó gran parte de su vida.

Hoy Juani disfruta la jubilación, aunque decidió reincorporarse al trabajo. Asegura que ha amado con fuerzas a más de una mujer, así como ama a la vida.

El día de su cumpleaños estrenará una nueva camisa de mangas largas y se colocará su sombrero, ese con el que ha protagonizado varios documentales y posado para innumerables medios extranjeros y nacionales.

A su casa llegan vecinos lo mismo a curarse un empacho que a pedirle cualquier favor, a lo que el asiente solícito. A veces también le agobia la nostalgia, sobre todo cuando extraña a su hermano fallecido, aquel que le destrozaba los pantalones cuando niño, pero que lo aceptó y vivió con él sus últimos años.

Juani a veces siente la soledad. Pero dura poco, hasta que aparece su gato negro de cualquier lugar para acostarse en su cama como dueño y señor. Y también está la Fábrica de Cubos, donde ha laborado por décadas y tanto le consideran.

Además, Juani es un ser admirable y transparente, que sabe cultivar la amistad, como lo muestran las tantas fotos que posee junto a tantos amigos que le acompañan aun en la distancia.

Las puertas de su humilde morada siempre están abiertas para quien decida visitarle, así sea un desconocido. Y él no siente reparo en contar su historia, sobre todo si consigue evitar que alguien sufra de incomprensiones y prejuicios, que por desgracia nunca dejarán de existir.

  • Fotos del autor y cortesía de la fuente

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