13 de mayo de 2026

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Los pilluelos, espacio de crecimiento humano desde la música (+ audio y fotos)

Fotos tomadas del perfil de Facebook del taller Los pilluelos

El arte y la educación se encuentran en un punto esencial: ambos ayudan a las personas a comprender el mundo, expresar lo que sienten y construir ideas propias.

Cuando el aprendizaje incluye experiencias artísticas, se abre un espacio donde la imaginación convive con el pensamiento crítico y donde el error se transforma en un paso natural del proceso. En la infancia, ese tipo de aprendizaje deja huellas especialmente valiosas.

Los pilluelos durante más de tres décadas ha estado comprometido en introducir a los niños en el mundo de la cultura a través de juegos, canciones y ejercicios rítmicos, de acuerdo con las diferencias individuales de cada pequeño. Desde este sábado, 9 de mayo, el espacio en su sede en la calle Manzano abre las puertas nuevamente a los pequeños y su familia.

“Los pilluelos nació cuando mi niña tenía cuatro años. Ella fue la razón de que empezar un proyecto de introducción a la música que la incluyera a ella y a toda una generación.

“Quería hacerlo de esta forma porque vi sus características de ella. Era una niña dinámica, hiperactiva. Entonces pensé un proyecto que no fuera tedioso sino que, a través de juegos, canciones y rimas, pudieran tener nociones primarias sobre la música, sin necesidad del componente académico que regía hasta ese momento. Entonces hicimos este taller”, explica María de los Ángeles Horta Hernández, fundadora y directora del taller.

Como un proyecto familiar surgió y se desarrolló el taller Los Pilluelos que, dirigido por la pianista, compositora y profesora María de los Ángeles Horta Hernández, está enfocado hacia la iniciación musical, con aproximaciones a las artes plásticas, de niños desde 3 hasta 9 años.

“Mi mamá jugó un papel fundamental en Los pilluelos. Ella representa la experiencia viva de muchos años. En una de esas etapas ella tocaba el piano en lo que yo estaba con los niños y bueno siempre tenía que ver con Los pilluelos y también ama el proyecto desde sus inicios. Mi abuelita también fue un pilar fundamental”, rememora María de los Ángeles Horta.

“A mí los pilluelos me daban vida. Para mí era vivir la intensidad de cinco años en una mañana de sábado. Espero que en esta oportunidad sea igual porque todavía estoy fuerte para recibirlos”, expresa Inés María Hernández, durante muchos años profesora en la Escuela de Arte de Matanzas.

El taller Los pilluelos tiene lugar cada sábado en la calle Manzano, de 10 a 11 de la mañana para niños de 3 a 6 años y de 11 de la mañana a 12 del mediodía para los niños de 6 a 9.

 “Lo que queremos hacer es unir la música y la pintura para que los más pequeños de casa empiecen a explorar su creatividad desde edades tempranas. El objetivo principal es que ellos tengan un espacio para crear y expresarse.

“Queremos también que el arte sea un lenguaje y que le ofrezca una alternativa sana frente al uso excesivo de las pantallas y tablet que es un mal estos tiempos. Buscamos que desarrollen también la motricidad y la sensibilidad mientras juegan y aprenden”, puntualiza la fotógrafa Karla González Horta, especialista del Consejo provincial de las Artes Plásticas, a cargo también de esta iniciativa.

El proyecto, dirigido por la profesora Mary Horta, tiene el propósito de enseñar a niños de tres a nueve años a apreciar diversas manifestaciones del arte como la música, la danza y el teatro, especifica Karla.

“Lo hemos dividido estratégicamente en dos grupos: para niños de tres a cinco años que sesiona desde las diez de la mañana hasta las once y para niños desde los seis hasta los nueve años en el horario de once a doce del día”.

Desde su surgimiento, el taller Los pilluelos genera no pocos beneficios para los niños que se insertan en esa experiencia.

“Yo noté que inmediatamente aprendieron muchísimo todo lo que era la rima. Vi cómo se desarrollaron sus capacidades; incluso en niños que no eran tan musicales, con este tipo de ejercicio se sentían parte de un colectivo, sentían la importancia de pertenecer a un proyecto y lo viable participar en actividades frente a un público.

“Fuimos agrandando aquel taller, empezamos con niños más pequeños hasta de tres años y el resultado inmediatamente era satisfactorio trabajamos en muchas actividades en el teatro Sauto, en cantorías”.

En su tercera temporada, que inició el 9 de mayo último, reafirma el propósito de reforzar la autoestima, ampliar los conocimientos y la capacidad de creación y socialización de los participantes, al tiempo que retroalimenta a sus organizadores, confirma Mary Horta.

“A mí me ha hecho diversificar mi visión de la música, es decir, yo vengo de la academia pura, clásica, de un piano estricto porque en aquella época se estudiaba con métodos muy buenos, pero muy fuertes.

“Trabajar con niños te da la capacidad de saber en qué momento tienes que cambiar la actividad. Seguir su dinámica. No ceñirte a un trabajo que hiciste. Uno siempre prepara la idea de cómo va a ser pero la espontaneidad es fundamental en la clase y eso me lo dio el taller: el poder ser más libre.

“Además ningún niño es igual a otro y todos son importantes y todos en un momento determinado pueden sorprenderte. Siempre te van a sorprender. Eso sí es importante. No claudicar, ser sistemático”.

El encuentro, además, es una excelente forma de preparar a los niños para que en el futuro puedan ingresar al sistema de Escuelas de la Enseñanza Artística.

“Por Los pilluelos han pasado varias generaciones. A algunos de los que formaron el taller ya los veo con canas. Grandes artistas de hoy como Pepito (José Antonio Méndez Padrón); Jonathan, un pianista que está haciendo carrera internacionalmente con muchos premios, Lucelsy, la soprano y su hermana Roselsy, Laurita, la hija de Virginia Avilés fueron Pilluelos; en la sinfónica en estos momentos están sentados muchos pilluelos.

“Algunos de ellos defendieron canciones en el concurso Cantándole al sol y ganaron premios nacionales. En aquella época musicalicé los textos de Aramís Quintero y queremos volverlo a hacerlo en esta edición. Realmente mencionarlos a todos sería imposible”.

“No tuve la suerte de haber participado en un taller como Los pilluelos pero sí tuve la dicha de que muchos de mis compañeros, la generación más brillante que compartió conmigo en la Escuela de Arte todos fueron parte del taller, todos ellos músicos excelentes que ahora forman parte de orquestas en Europa, en Latinoamérica.

“El taller indiscutiblemente fortalece la sensibilidad en los niños desde pequeños y ofrece una increíble oportunidad de formación desde edades tempranas”, agrega Dairon Jiménez Tamayo, trombonista, profesor de la Escuela de Arte, uno de los jóvenes que apoyan la realización de Los pilluelos y parte de la familia.

El arte es importante en la educación infantil porque puede ayudar a los niños a desarrollar su creatividad, la resolución de problemas y su capacidad de expresión.

Asimismo, el arte puede ayudar a los niños a comprender mejor el mundo que les rodea y a desarrollar habilidades como la observación, la interpretación y la resolución de problemas.

“Es increíble la complicidad que se forma entre ellos cuando vamos a una actividad; cómo quieren que quede bien, cómo se sienten responsables del éxito. Nadie es protagonista. Son parte de un de un todo y ese todo es que tiene que fluir. Además se divierten, son felices. También se percatan de que son capaces de crear algo desde cero y eso le ayuda también a crear una autoestima.

“Yo puedo decirte, como pedagoga con más de treinta y ocho años de experiencia, que participar en un taller durante los primeros años desarrolla en el niño la confianza, una visión del mundo completamente diferente del mundo que les rodea. El potencial que les representa a los muchachos a los niños participar en este tipo de proyectos es indiscutible”, comenta María de los Ángeles.

“Más allá de aprender a tocar un instrumento o a pintar, desarrollar una manifestación artística, creo que el taller funciona también como un tipo de gimnasio para desarrollar la motricidad en los niños y para ejercitar la mente.

“En el mundo actual se vive muy deprisa y esto los obliga por un ratico a frenar, a meditar, ayuda a calmar sus ansiedades y a concentrarse en lo que están haciendo en el momento, a expresarse porque algunos niños no saben decir con palabras que están tristes o enojados y a través del arte pueden manifestarlo”, asegura González Horta.

Parte importante del éxito del taller también depende de los padres. Su apoyo ha sido y será indispensable para alcanzar cualquier objetivo. “Los padres, la familia, son los que que definen el buen resultado. Sin su apoyo es imposible porque son los que aseguran la sistematicidad, la constancia.

“Yo creo que ellos al final se sienten pilluelos y muchas madres han disfrutado y disfrutan ver como se desarrollan sus hijos, se aprenden las canciones, los repasan en la casa. Indiscutiblemente que ellos son parte de este proceso”.

La cita del taller Los pilluelos crea nuevas oportunidades de recreación sana a los niños matanceros, mientras refuerza su concentración, amplía sus conocimientos y sirve como vía para expresar su creatividad.

“Recomiendo como padre que soy también que acerquen a los niños a este taller que es hermoso. No se arrepentirán porque si al final no se deciden por la música, sí van a tener personas mucho más preparadas y sensibles, que sabrán después apreciar la música y mejores seres humanos”, Dairon Jiménez Tamayo, trombonista, profesor de la Escuela de Arte, uno de los jóvenes que apoyan la realización de Los pilluelos.

“Yo creo que lo más importante no es ser el mejor pianista o ser buen trombonista. Lo más importante es ser buen ser humano. Es ser feliz”, valora la fundadora del taller.

Los Pilluelos, un proyecto inclusivo y lleno de vida que acumula ya más de 3 décadas, ha evolucionado a lo largo de los años, convirtiéndose en un espacio donde la música se vive como una fiesta. Con un enfoque espontáneo y dinámico, ha logrado mantener la motivación de los pequeños, enseñándoles no solo a tocar un instrumento, sino también a disfrutar del proceso creativo y de la expresión artística.

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