Extraen quiste mesentérico de 10 kilogramos en Hospital Pediátrico de Matanzas
En el Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño de Matanzas se puso de manifiesto una vez más el amplio conocimiento del equipo médico de la institución al ejecutar con éxito una compleja intervención quirúrgica para extraer un quiste de grandes proporciones a una adolescente.
Una vez extraída, se pudo constatar que la masa quística superaba los 10 kilogramos, algo que aún despierta el asombro del personal de salud que intervino en la riesgosa operación.

Cuando el joven y también experimentado cirujano Javier Cabrera Reyes conoció del caso y ordenó los primeros estudios, quizás no imaginó que estaría frente a una rareza médica, de esas de las que surgen como caso en un hospital cada 250 mil pacientes.
El doctor y especialista en segundo grado de pediatría explica que la adolescente de 17 años llegó al centro hospitalario matancero proveniente de Jagüey Grande por un gran aumento de tamaño del abdomen, «o sea, una gran distensión abdominal».
«Se recibe en nuestro centro, se desata un mecanismo de estudio, y el ultrasonido descubre una gran masa quística que comprimía todos los órganos de la cavidad con desplazamiento del hígado, el bazo y el intestino».
Al realizarse una tomografía simple y otra contrastada se confirma el hallazgo de la gran masa intraabdominal, con altas sospechas de un quiste mesentérico, padecimiento realmente raro, comenta el galeno.
«Una masa quística que comprimía casi todos los órganos de la cavidad abdominal. Se procede a la creación inmediata de un equipo de trabajo multidisciplinario y se decide intervenir quirúrgicamente».
«El equipo de especialistas- agrega Cabrera Reyes- efectúa el abordaje del abdomen mediante una incisión media y encontramos una masa aproximadamente de 10 kilogramos, con características muy similares a las descritas en la tomografía».
El volumen del quiste mesentérico también comprometía órganos como la trompa derecha y el ovario.
El ‘team’ médico logra extraerlo sin repercusión en la salud futura de la niña, algo que agradece la madre con el corazón estrujado aún tras los difíciles días vividos.
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Yaima Beruvides mira a su pequeña con ternura, y también con cierto nudo en la garganta. La observa descansar en la sala del Hospital Pediátrico y lo piensa un poco para despertarla. Disfruta la serenidad con la que respira mientras alcanza el sueño profundo.

Rocío, su hija, intenta protegerse de la claridad que entra por la ventana con una pequeña toalla. La joven descansa sin notar que su madre lleva algún rato conversando de ella, sobre todo de aquel fatídico instante cuando un ultrasonido arrojó que algo no estaba bien en su organismo, que un quiste crecía en el interior de su pequeña poniendo en riesgo su vida.
La madre rememora que al principio, cuando comenzó a crecerle el vientre a su hija, creyó que respondía a la genética del padre, ya que este con los años presenta algunas libras de más.
Fue un exámen, en su natal Jagüey Grande, el que detonó las primeras señales de alarma.
La remisión al Hospital Pediátrico fue inmediata, donde un equipo muy profesional trabajó desde el primer momento con prontitud.
«Se trataba de una cirugía mayor, de gran envergadura», advierte el cirujano Javier.
«Estas masas abdominales cuando se descomprimen pueden provocar severos riesgos de trastornos hemodinámicos en la paciente.
«Los colegas de anestesia juegan un papel muy importante en este tipo de intervención, porque
al realizar la descompresión de la masa la vena cava inferior aumenta su diámetro y hace
una hipovolemia relativa (pérdida de sangre).
Gracias a la entrega incondicional del equipo compuesto, entre otros, por los cirujanos Diamercy Barceló y Raiko Freire, y la anestesióloga Guyen Demetrio, la operación culminó de manera exitosa.
Javier reconoce que desde el punto de vista quirúrgico se enfrentaron a un tumor abdominal de grandes dimensiones con comprensión de estructuras vecinas que sin dudas constituyó un reto para llevar a buen término el proceder médico.
El estudio previo del caso y la profesionalidad del grupo de galenos lograron minimizar los riesgos.
La evolución de la niña ha sido satisfactoria, se encuentra en la sala abierta, y dentro de pocas horas regresará a su casa.
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Rocío Fagundo Beruvides demora en desentumecerse tras el llamado de su mamá. Ha conseguido conciliar el sueño en un fresca tarde de mayo.

La claridad que entra por la ventana le enceguece la vista, por eso intentó combatirla con una pequeña toalla que se colocó en el rostro.
Minutos después, al despertarse, logra sentarse en un sillón junto a su cama de hospital, no sin cierta dificultad. La gran cicatriz le produce un agudo dolor como fase habitual del proceso posoperatorio.
Desea regresar a casa para retomar sus dibujos, su gran pasión a la que dedica horas. A veces prefiere escuchar Guns and Roses como forma de inspiración y lanza su imaginación a volar.
Prefiere pintar con lápiz para lograr excelentes claroscuros. Sueña con ser diseñadora.
Recuerda que nunca sintió ningún síntoma, solo notó que su vientre crecía y crecía. Cuando le realizaron los estudios y notó el rostro angustiado de su madre entendió que algo no iba bien y que corría peligro.
Del hospital solo tiene palabras de elogio, tanto de los médicos como de las enfermeras, de todo el personal ha recibido cariño y palabras de aliento.
Ahora solo le preocupa que no podrá vestir ropas cortas que dejen ver la cicatriz. Tendrá que hacer algunos cambios en el ropero y adecuar su vestimenta a su nueva condición.

Por lo pronto aprenderá a llevar la gran herida, y cada vez que la redescubra frente al espejo seguramente pensará en lo dichosa que ha sido, y le embargará además un profundo sentimiento de gratitud hacia el colectivo del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño.
Texto y fotos: del autor y cortesía de equipo médico
