Bejucos sobre los cables: la poda que no llega
Desde hace tiempo vengo advirtiendo el mismo peligro: los bejucos trepadores se han apoderado de los tendidos eléctricos, y nadie los poda.
En el reparto Armando Mestre, y en zonas cercanas a ese barrio matancero, ese “matrimonio” entre follaje y cables ya no es una curiosidad, es un riesgo de vida.
No hace falta esperar un ciclón para verlo. En días de lluvia, cuando el bejuco se moja, se convierte en conductor de electricidad. Basta un roce, una rama caída, un cable vencido, para que ocurra una tragedia.
No hablo en abstracto, hace poco en pleno apagón, una línea de alta tensión frente a mi casa —invadida por los bejucos— produjo tres explosiones. Esta vez no hubo consecuencias graves. La próxima no lo sé.
El problema no es solo el fuego o el accidente. Es lo que queda detrás, un poste inclinado por el peso del bejuco, cables cedidos, un deterioro que hoy se resolvería con una poda y mañana exigirá una inversión que quizá no exista.
Lo que hoy cuesta una tarde de trabajo, mañana cuesta millones. Y en una economía ya golpeada, eso no es un detalle, es una decisión que se toma hoy o se lamenta después.
No pido milagros. Una poda a tiempo, una revisión de los tendidos, una respuesta antes de que el próximo aguacero o el próximo ciclón hagan el trabajo que nadie quiso hacer. Prevenir es más barato que lamentar. Y la Patria se construye también cuidando lo que ya tenemos.
