12 de julio de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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El cumplir con el deber también se agradece 

La situación, que no es exclusiva de un día, ni de una sola zona de la ciudad, me lleva a varias interrogantes: ¿puede un chofer alterar su ruta por decisión personal? ¿Quién controla que estos cumplan con su recorrido?
Como tantos otros días,  este viernes después de cumplir con algunos compromisos en la ciudad de Matanzas, emprendí rumbo a la terminal para regresar a casa.
Al igual que en otras ocasiones la jornada se complicó por las afectaciones del transporte ante la carencia de combustible y la aglomeración de personas en las paradas.
Pese a que muchos digan al pedir el ultimo: «Eso es por gusto, muchacho, aquí cuando entra algo es sálvese el que pueda y siempre termina la cola rota», a mí me queda esa vieja costumbre de respetar quién va antes porque llevaba tiempo aguardando.
Entre la multitud, un señor me responde: «Joven, el último soy yo, voy detrás del compañero de la gorra azul que a su vez va después del de la camisa a cuadros». Asiento con la cabeza en señal de entendimiento y me dispongo a esperar a ver qué pasa.
La cola comenzó a disminuir gracias a la eficaz actuación del inspector al velar porque los vehículos estatales paren y colaboren para mover a los pasajeros.
Tras un rato de espera y con el calor que acompaña esta época del año, veo a lo lejos un triciclo amarillo de los de diez pesos. Siendo sincero, por momentos me pareció un espejismo porque en mis últimas peripecias por la ciudad no he tenido la dicha de coincidir con ninguno que cubra el tramo Terminal-Peñas Altas.
Para mi disgusto y el de muchos de los que llevaban un tiempo esperando algo, el chofer del triciclo que venía con intenciones de cargar población rumbo a Peñas Altas decidió repentinamente cambiar su itinerario.
El inspector preguntó y el conductor le respondió que estaba en su horario de almuerzo y  había terminado su día de trabajo (no eran más de las 11:30 del mediodía).
Tras un buen rato de debate concluyó el intercambio de palabras sin un cambio de actitud en el chofer.
En lo personal me sentí representado por el inspector, que lejos de hacerse el de la «vista gorda» fue a mediar para que el transportista no se saliera de su ruta y las personas pudieran marcharse.
Sucede que como mismo un funcionario público no cumple con su deber y se le cuestiona su mala actitud, de esa misma manera se agradece cuando cumplen con su función.
La situación, que no es exclusiva de un día, ni de una sola zona de la ciudad, me lleva a varias interrogantes: ¿puede un chofer alterar su ruta por decisión personal? ¿Quién controla que estos cumplan con su recorrido?
En tiempos en que se resienten valores como la solidaridad y la hermandad, actitudes como la del inspector nos reafirman la confianza en el cumplimiento del deber.

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