29 de mayo de 2024

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Herencia mambisa en Girón

Es inevitable evocar a Fidel, como símbolo del valor y el heroísmo del pueblo, quien supo conducir a las fuerzas revolucionarias para resistir y aplastar el traicionero ataque en apenas 72 horas
Girón

Foto: JORGE

 

CIÉNAGA DE ZAPATA.–La imagen de Fidel descendiendo del tanque t-34, a unos instantes del triunfo definitivo, inmortalizó la victoria de Playa Girón.

Algunos historiadores resaltan que su presencia elevó la moral combativa de las tropas, además de lo que significaron sus dotes de estratega militar. Aseguran que apreció correctamente el plan del enemigo y dirigió el combate en las direcciones esenciales.

El «Gallego» Fernández, el jefe militar más vinculado quizá al líder histórico de la Revolución en aquellos duros y gloriosos días de abril de 1961, en estrecha complicidad cada minuto, llegó a revelar que Fidel fue el alma de la victoria de Girón.

«Había desatado la fuerza del pueblo, y solo así se explica cómo pudimos vencer un proyecto tan descomunal y agresivo», insistiría quien por entonces estaba al frente de la Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas, tropa preparada con la mayor prontitud para defender la Patria de los agresores.

En medio de una atmósfera de mucha tensión, José Ramón Fernández mantuvo permanente comunicación con Fidel desde su llegada al central Australia (no muy distante de la llamada Bahía de Cochinos), puesto de mando de las tropas cubanas.

El Jefe de la Revolución, sin embargo, no tardó mucho en aparecer ese propio día 17 de abril y trazar el plan para derrocar al enemigo en un territorio que ya era para él bien conocido. 

SIMPATÍA MUTUA

El 16 de marzo de 1959, a escasos dos meses del triunfo y en medio del furor por las lógicas conmociones sociales que vivía el país, marcaría el inicio de la profunda relación de simpatía entre los cenagueros y Fidel.

El helicóptero que transportaba ese día al líder de la naciente Revolución y a bordo del cual iba también el naturalista Antonio Núñez Jiménez, sobrevolaba a baja altura cuando se hizo visible un grupo de carboneros en plena faena, en un lugar intrincado, como apartados del resto del mundo.

Fidel decidió ir al encuentro de aquellos labriegos del monte, gente muy humilde, algunos descalzos, con ropas gastadas, hombres cenizos por el tizne y marcados por la pobreza.

Allí permaneció por varias horas, haciendo infinidad de preguntas y escuchando historias sobre sus condiciones de vida y de trabajo, según relata el investigador Julio A. Amorín Ponce.

A partir de entonces, y a medida que pasaban las semanas y los meses, su presencia se hizo más frecuente, así como la intención de procurar una vida decorosa para los pobladores y transformar la sureña región, la más olvidada de Cuba antes de 1959.

El proyecto de hacer mejoras tomó altura de tal forma, dice Amorín Ponce, que con el tiempo se puso en boca de algunos la afirmación de que la Ciénaga de Zapata era la «niña mimada» de la Revolución.

«Venía muy a menudo. Se enamoró de la Ciénaga de Zapata, de su naturaleza y de su gente, como mismo ocurrió en el pasado con otros notables cubanos. Y es que esta porción geográfica de Cuba ejerce atracción, tal vez por su diversidad contrastante».

Cuenta el avezado historiador que, ilusionado por hacer cosas en bien de los cenagueros, promovió campañas de vacunación, la realización de terraplenes, cooperativas de carboneros y pescadores, escuelas y villas turísticas, en una región donde la gente vivía del monte, de hacer carbón y de cazar cocodrilos para vender sus pieles.

Antes de 1959, en la zona el analfabetismo era superior al 90 por ciento, sin médicos fijos y con apenas cuatro escuelitas. Muchos enfermos morían en espera de ser trasladados a Jagüey Grande, a Cienfuegos o a Batabanó. En particular, la vida de los carboneros era infrahumana.

«En apenas dos años –narra Amorín– construyeron escuelas y casas para los carboneros, instalaron postas médicas y llegaron los maestros. Las transformaciones alcanzaron todo el universo social y económico, que fue más visible, por supuesto, con el paso de los años». 

NO FUE UN ENCUENTRO FORTUITO

Estos antecedentes hacen creer que no fue casualidad que unos meses después, el 24 de diciembre de 1959, Fidel se apareciera, junto a un grupo de cercanos colaboradores en el apartado caserío de Soplillar, para compartir la cena de Nochebuena con varias familias de carboneros.

Aquel breve tiempo transcurrido había reforzado la admiración del joven guerrillero por los cenagueros y en especial por los carboneros. Por eso, en esa fecha tan señalada, decide ir hasta allí y compartir con ellos. No fue nada fortuito, por lo visto.

Hay quienes afirman que aquella cena memorable, en uno de los parajes más pobres de la Cuba de entonces, marcó quizá el nacimiento de una nueva época, paralelo al nacimiento de la efeméride cristiana.

Personas que prestan servicios en el Memorial-Biblioteca levantado en Soplillar, en recordación de aquel suceso, piensan por otro lado que el gesto de Fidel de cenar con los carboneros que vivían en bohíos desvencijados, con piso de tierra y en condiciones infrahumanas, decía a las claras la gran valía del líder y de su decisión de consagrarse por entero a la emancipación total de su pueblo.

OTROS FACTORES DEL TRIUNFO DE ABRIL

Además de la unidad del pueblo y de la entereza de los combatientes, el propio Amorín y otros estudios consideran, como otros factores que favorecieron el triunfo, la materialización de la Campaña de Alfabetización, la cual fertilizó al país con conocimientos y valores patrióticos, y consiguió que en poco tiempo la mayoría de la población aprendiera a leer y a escribir.

Es un argumento convincente. Solo en enero de 1961, más de 300 alfabetizadores llegaron a la Ciénaga.

Por eso es que aquí no se hablaba de otra cosa que de la Revolución y de Fidel, pues en solo unos meses recibieron los beneficios que no tuvieron en siglos, precisa Amorín.

Otra razón: en el momento en que se produce la invasión, el país ya percibía los cambios sociales y la gente se identificaba con los conceptos de soberanía nacional, justicia social y dignidad.

La gesta está llena de cosas extraordinarias. En la llamada Punta de Brito, muy cerca de Playa Larga, milicianos del Batallón 339, de Cienfuegos, realizaron, desde un punto de observación, en medio del «diente de perro», el primer disparo organizado de la gesta de Girón. Junto a ellos se encontraban tres alfabetizadores.

Escuelas, hospitales, médicos de familia, instituciones culturales y recreativas, carreteras y centros de investigación se suman a la belleza natural de este lugar, en el cual la Revolución ha puesto su mano con particular énfasis, hasta en los sitios más inhóspitos.

LO QUE NO OCURRIÓ GRACIAS A GIRÓN

Al examinar este hecho, expertos consideran que la invasión mercenaria no fue solo un plan artero de la inteligencia estadounidense, sino una bien concebida operación militar que llevaba por verdadera finalidad la intervención directa de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Cuba.

La brigada 2506, armada y pertrechada hasta los dientes, estuvo escoltada por una poderosa agrupación naval yanqui que brindó cobertura al desembarco, en espera de la orden de que entrara en acción.

De haberse consolidado la cabeza de playa e intervenido directamente las fuerzas armadas de EE. UU., la historia hubiera sido diferente.

Con lógica, Fidel aseguró que la importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar, sino en lo que no ocurrió gracias a Girón.

Todavía, a pesar del tiempo, al llegar a la Ciénaga de Zapata y ver los obeliscos que honran a los caídos en combate, uno se siente conmovido de solo imaginar los posibles pormenores de aquella epopeya, repleta de hechos heroicos y de historias todavía por contar.

Se tiene la impresión de que en Girón hubo una porción alta de esa bravura de los mambises y del espíritu temerario de los jefes, siempre los primeros expuestos al peligro.

Por eso, es inevitable evocar a Fidel, como símbolo del valor y el heroísmo del pueblo, quien supo conducir a las fuerzas revolucionarias para resistir y aplastar el traicionero ataque en apenas 72 horas.

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