29 de junio de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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Una cita mensual con la incertidumbre

Una imagen se repite cada mes como un mal sueño. Más de cien adultos mayores hacen cola desde muy temprano en el Banco de la calle Contreras, en la ciudad de Matanzas, con un solo objetivo: cobrar su jubilación

Una imagen se repite cada mes como un mal sueño. Más de cien adultos mayores hacen cola desde muy temprano en el Banco de la calle Contreras, en la ciudad de Matanzas, con un solo objetivo: cobrar su jubilación.

Lejos de ser un hecho aislado, esta escena retrata el calvario que viven mes a mes los jubilados cubanos para percibir lo que legítimamente les pertenece.

El desgaste físico y la paciencia al límite

Los cuerpos ya no responden. La fatiga, los mareos, el dolor en las piernas y la columna vertebral son parte del paisaje. Muchos llevan horas en ayunas y sin probar agua. Sentarse en el borde de la acera se convierte, en ese contexto, en un privilegio.

A medida que el reloj avanza, el descontento se convierte en un coro: un concierto de quejas, angustia y desesperanza.

Voces que exigen respeto

Una señora de avanzada edad confiesa con amargura: “Uno viene con la esperanza y te pueden decir de un momento a otro que no hay dinero”.

Por su parte, un hombre con un evidente impedimento físico añade: “Esto es una vergüenza para quienes trabajamos por más de 50 años y nos merecemos una jubilación feliz y tranquila”.

Este concierto de reclamos tuvo muchos solistas, cada uno con planteamientos profundos que reflejan el desamparo de toda una generación.

Solidaridad en medio del caos

La solidaridad fluctúa entre la colaboración y el egoísmo; se pueden observar ambas corrientes. Sin embargo, fui testigo de un gesto verdaderamente solidario.

Una señora de 91 años, que cobra la pensión de su hijo esquizofrénico, vive en el barrio de Versalles y se trasladó caminando hasta el banco.

Cuando los presentes conocieron su historia la acompañaron hasta el gerente y le gestionaron prioridad en la atención. Un acto de humanidad que merece ser destacado.

Una pregunta que queda en el aire

Nuevamente el concierto de voces se estructuró sin un director; la batuta pasó por varias manos, pero todas afinaban en la misma nota: ¿qué hacen los trabajadores sociales en estos casos críticos?

La espera continúa

Hoy, esa señora de 91 años sigue esperando. Como tantos otros. Porque la calle Contreras no es solo una dirección postal, se ha convertido en el símbolo de una espera que duele, que enferma y que, en una sociedad justa, como la nuestra, no debería repetirse jamás.

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