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Los sobrevivientes peludos de Supertanqueros

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En las Alturas de Simpson, Eros encontró su hogar, un espacio que comparte con otras cuatro mascotas, pero en el que, según su dueño, él se ha apoderado del rol protagónico. El perro, desnutrido y asustado un año atrás, ahora asombra con su belleza a cuanto transeúnte le ve en la ventana de su vivienda de Jáuregui.

Niña, Susi y Eros comparten la suerte de haber sobrevivido al mayor incendio del que se tenga registro en la provincia de Matanzas, el de la Base de Supertanqueros.

LOS DÍAS GRISES DE AQUEL AGOSTO

Tras el incendio del 5 de agosto una nube de incertidumbres se apoderó de la ciudad. El sonido de sirenas que iban y venían desde y hacia la Zona Industrial, el humo negro dibujando el cielo y el olor potente que no frenaban mascarillas, irrumpió en la tranquilidad de la Atenas de Cuba aquella tarde de viernes.

Unas horas después se sumó el desconcierto por las víctimas y los desaparecidos. Desde ese momento, además de sofocar el fuego, la prioridad fue salvar todas las vidas posibles.

Seis perros, una gata y un pichón de codorniz fueron rescatados del siniestro por miembros del Cuerpo de Bomberos y la Cruz Roja Cubana en los días siguientes a la catástrofe.

Imágenes Un año después

La gatica Vida no tuvo la misma suerte de los otros animales. “Ella llegó muy mal, solo se veían sus ojos”, comenta la veterinaria Yusleydis Abreu. “Tenía los bigotes quemados, sus extremidades totalmente cubiertas de combustible. La anestesié para retirar todo ese pelo y piel dañada, y sabía que sería muy difícil. La traje para mi casa y sobrevivió una semana. Fue toda una guerrera, pero sus quemaduras eran muy graves”.

Tras los rescates, la Red de Bienestar Animal se activó en busca de veterinarios, para valorar el estado de las mascotas y de hogares temporales o de tránsito donde pudieran recuperarse de las lesiones y esperar su ubicación final. Gracias a colaboradores y animalistas se recaudó en ese entonces dinero para inmunizar a los canes rescatados con la vacuna pentavalente, lo que influía en mejorar su calidad de vida.

LAS CONSENTIDAS DE ENEIDA Y JULIO

La noticia de aquel incendio desestabilizó la salud de Eneida. Su tensión arterial descontrolada le impidió trabajar por aquellas fechas en que Matanzas vivía una de las peores tragedias reportadas en el país. Fue a través de las redes que conoció de dos perritas rescatadas, madre e hija, a quienes la Red de Bienestar Animal les buscaba un hogar.

“La decisión de adoptarlas fue de inmediato, enseguida que las vimos mi esposo y yo. Y cuando llamé para interesarme, el compañero que me atendió me advirtió que eran dos y le dije: sí, las dos las quiero.

“Días después se presentaron en la casa con las perritas”, recuerda Julio. “Nosotros teníamos ya tres perros, pero eso no impidió que les creáramos un espacio”.

Así llegaron Niña y Susi a la vida de Eneida y Julio, para convertirse inmediatamente en las consentidas de casa.

Imágenes Un año después

“Ellas para nosotros son muy importantes”, comenta Eneida, quien muestra con orgullo las instantáneas tomadas en aquel entonces y las nuevas imágenes en las que muestran ahora a la familia incrementada. “Mi esposo siempre está pendiente de su agua y comida. Niña está flaca porque parió, estaba gordita. Tuvo nueve cachorros.

“Se pasan el día detrás de mí. Cuando sienten el motor de mi esposo llegar se vuelven locas. Conocen el ruido desde lejos.

“Nosotros les tenemos gran amor a nuestras mascotas y nos hacen muy felices la convivencia”, asegura Julio, mientras que para Eneida ellas tienen un valor agregado: “Para nosotros es muy significativo que provinieran de Supertanqueros y que las rescataran”.

LA HISTORIA DE EROS

El 10 de agosto fue hallado Eros. Sus ladridos guiaron a los rescatista hasta el área donde aparentemente permanecía amarrado desde el inicio del incendio, sin agua y sin comida.

«Verlo donde estaba y como estaba, superó todo mi sentir como rescatista”, escribió Michel Cervantes Gómez en su perfil de Facebook. “No tenía nada a mano para liberarlo, juré que se iba conmigo y empecé a doblar el cable de acero hasta que se partió. Lo nombramos Eros, es un nombre con historia entre nosotros.

“En el momento del rescate le dieron comida y lo calmaron porque se encontraba muy estresado, desorientado, pero no agresivo, sí necesitando mucho afecto y moviendo la cola cada vez que veía a sus héroes. Ya es el tercero que hoy rescata la Cruz Roja de Cuba. Ya coordinamos para el traslado y las debidas atenciones que necesitará”, decía otro de los muchísimos post referidos a su rescate.

Martha Lina trabajaba en la clínica veterinaria Royal H Pet cuando le avisaron de ir a recoger a uno de los animales sobrevivientes del siniestro. “Fue muy impresionante de muchas formas. Primero, pasar el punto de control y ver todos esos carros de bomberos, ambulancias y personal en general. Cuando dijimos que íbamos a recoger un perrito, nos entregaron a Eros, que no tenía nada de chiquito. Me dio un poquito de miedo hasta que movió su colita, ya ahí me derritió. Recuerdo exactamente que me dije «¿Y cómo me llevo a este?», hasta que me miró y me respondí “cargado”. Estaba lleno de petróleo y muy, pero muy flaquito”.

Imágenes Un año después

Eros padecía una desnutrición severa en el momento del rescate. Sus orejas estaban cubiertas por plástico derretido y la inhalación de gases tóxicos le provocó problemas respiratorios y gastrointestinales en los días siguientes.

Solo 15 días después de sobrevivir al peor incendio acontecido en la provincia de Matanzas, encontró el calor de una familia y un nuevo hogar.

“La primera vez que lo vi fue por fotos. Pensaba que era un perro más pequeño. Se veía descuidado, no se veía bonito”, comenta Evián, su actual dueño. “Pero cuando lo tuve frente a frente fue un amor a primera vista. Enseguida me enamoré del perrito, porque a pesar de estar muy desnutrido era pintoresco y muy cariñoso. Aunque tengo varios animalitos más, Eros se ha convertido en el centro de la casa”.

Blanca Nieves, de 87 años, confiesa que, en su caso, el primer contacto con Eros le provocó miedo, temor de que la mordiera a juzgar por su tamaño. “Pero después lo vi tan flaquito, le pasé la mano. Y no, no he tenido problemas con él. Me pide comida como si fuera una persona. Es un perro siempre pendiente de todos los que vivimos en casa”.

UN AÑO DESPUÉS

El tiempo ha pasado y aunque Eneida no olvida el pasado mes de agosto, reconoce que el último año ha sido muy lindo. “Este tiempo con Niña y Susi ha sido maravilloso, porque son muy cariñosas”.

Sin embargo, aunque no les ha faltado el amor, en ellas aún quedan huellas de aquel trágico día. “Ellas están estresadas todavía. Cuando sienten un trueno o ven una candela, se ponen muy nerviosas y ansiosas, corren de un lado para otro y buscan y se esconden.

“Eros no se puede tener mucho rato trancado en el pasillo, porque empieza a gemir como si tuviera miedo. Es cobarde”, asegura Blanca, quien se confiesa consentidora del can. “Come muchísimo, nunca está lleno. Pero es muy noble, creo que es ideal para cuidar niños, es muy dulce para tratar.”

Consentidos y mimados, Niña, Susi y Eros han vivido los últimos doce meses. Más que recordatorio de uno de los días más tristes vividos por Matanzas, ellos son evidencia de la solidaridad y del humanismo desmedido que invadió a la Ciudad de los Puentes en ese momento, traspasando barreras de especies y maximizándose en verdaderos actos de amor.

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