22 de enero de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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Crítica y Revolución: un binomio inseparable

La crítica oportuna, revolucionaria, objetiva y constructiva es una herramienta de trabajo de suma importancia para la dirección. Nunca es un enemigo

En estos tiempos convulsos cualquier persona con un celular, una tableta y conexión a Internet se erige como periodista y arremete contra cualquier medida o persona, sin contrastar fuentes o realizar una investigación, por mínima que sea.

El blanco más fácil es atacar a la Revolución y sus medidas. Como es lógico, no pueden faltar las críticas desmedidas a dirigentes, críticas que en su mayoría carecen de objetividad y, mucho menos, de conocimiento sobre lo que se expone.

Esta práctica desmedida y no profesional ha socavado el verdadero papel de la crítica constructiva, aquella que tiene como propósito mejorar nuestro sistema social, poniendo el dedo en la llaga para evitar que se convierta en un mal crónico.

Por esta y otras causas, nuestros funcionarios, en buena proporción, son contrarios al papel de la crítica como herramienta para corregir el rumbo y solucionar las fallas señaladas por profesionales de la comunicación.

El periodista que señala las dificultades en el diario accionar de la sociedad en muchos casos es mal visto y, en el peor de los casos, es tildado de conflictivo e incendiario.

Es cierto que este concepto está enraizado en la mente de cuadros y funcionarios. De ahí el llamado que se ha hecho en diferentes oportunidades: los primeros cambios que debemos hacer están en la mente de los directivos de todos los niveles.

Si la crítica es constructiva, tomémosla como herramienta de trabajo. Fidel, en muchas ocasiones, destacó el papel de la crítica en los medios de comunicación, siempre enmarcada dentro de los principios de la Revolución. En el recordado discurso pronunciado en 1961, conocido como Palabras a los Intelectuales, afirmó: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.”

Esta frase sintetiza su visión: la crítica era válida y necesaria, siempre que contribuyera al fortalecimiento del proceso revolucionario y no socavara sus fundamentos. Fidel defendía que los medios debían ser instrumentos de educación y movilización popular, promoviendo la autocrítica constructiva pero rechazando lo que consideraba “propaganda contrarrevolucionaria”.

En 1985, durante una entrevista con el periodista brasileño Frei Betto (Fidel y la Religión), reiteró que la prensa revolucionaria debía “denunciar errores, combatir burocratismos y ser voz del pueblo”, aunque siempre alineada con los intereses socialistas.

Por lo tanto, la crítica oportuna, revolucionaria, objetiva y constructiva es una herramienta de trabajo de suma importancia para la dirección. Nunca es un enemigo.

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