Premios Llauradó en Matanzas: «En Estaciones yo soy feliz»
La versión que hace Teatro de Las Estaciones de El principito es fiel a la esencia del colectivo matancero: con estéticas tan variadas como situaciones y personajes, ensalza al niño como centro de todos los procesos, sin prejuicios ni tabúes, al tiempo que defiende la necesidad de encontrar siempre la belleza de vivir.
Ello, unido al eficaz empleo de los elementos escenográficos, el vestuario, de luces y sonidos y el esmerado desempeño de los actores y actrices, le mereció a la agrupación el Premio Villanueva de la Crítica Teatral y, más recientemente, los Premios Adolfo Llauradó, de la Asociación Hermanos Saiz, a dos actores, en las categorías de actuación femenina y masculina en teatro para niños y de títeres.
“Los actores, en general, tenemos propósitos y metas, primeramente, recibir el agradecimiento y el aplauso del público y luego trabajamos también para obtener premios cuando uno lo merece. La noticia de me tomó de sorpresa porque amén de que aspiramos a eso también, no lo esperamos. El Llauradó es un premio importante dentro del teatro cubano y fue una sorpresa muy grande para mí.
“Este premio representa un gran logro dentro de mi carrera como actor porque llevo solamente cuatro años de graduado y tenerlo en tan poco tiempo me hace pensar que lo estoy haciendo bien, que el sacrificio, el trabajo de esos cuatro años han servido.
«Lo agradezco muchísimo, a Rubén, a Zenén, a todos los que me han apoyado desde el primer día: María Laura, Iván, Lucely, a todos. Este premio es un impulso para seguir avanzando, para seguir estudiando, para seguir perfeccionándome. Esto, como le decía a Rubén, empieza ahora”, reconoció Raúl Alvarez.
“La noticia del premio llegó inesperadamente. La mayor alegría de un actor es ser reconocido por su trabajo. Siempre aspiramos a eso pero nunca tenemos la seguridad de que pueda pasar o en qué momento. Cuando me llamaron de la AHS nacional informándome la noticia fue una emoción indescriptible; muchos sentimientos encontrados: alegría, llanto, satisfacción, gratitud.
“El premio es ahora mismo el impulso perfecto para seguir trabajando en mi carrera. El 2025 fue unaño de muchos retos, aprendizajes y esfuerzo para mí. El teatro es un entrenamiento constante, una búsqueda diaria y trabajar para los niños no es tarea fácil. Estoy muy orgullosa de hasta donde he llegado pero aún me queda mucho por aprender y eso quiero”, confesó Laura Marín.
En Un rastro en las estrellas Rubén Darío Salazar toma como referente las obras de Antoine de Saint-Exupery y Asteroide B-612, una mirada poética de José Manuel Espino, y diseñó un espectáculo lleno de metáforas, en el que siempre se venera al amor.
El camagüeyano asume varios personajes secundarios y un protagónico en la obra. “En un rato en las estrellas hago el Piloto y los planetas como el Vanidoso, el Bebedor, el Rey. Son personajes completamente diferentes.
«Los planetas son más secundarios porque salen en momentos muy breves, pero eso no les resta importancia. Como nos decía Rubén es nuestro momento en la obra donde, al ser tan breve, tiene que ser muy preciso para que atrape al público.
“El aviador es un personaje protagónico que, desde la mitad de la obra hasta el final, se encuentra con El Principito, lo ayuda, lo defiende; al principio no entiende de dónde sale ese niño, quién es, de dónde vino, pero en el transcurso de la obra va encariñándose con él y termina siendo su mejor amigo”.
Fue precisamente Un rastro en las estrellas el espectáculo en el que la espirituana, parte también del elenco de El Portazo, se inició en Las Estaciones, lo que significó un gran reto pues la joven actriz nunca había trabajado con títeres.
“En la obra interpreto los personajes de la Rosa y la Zorra, ambos son amigos de El Principito, pero son muy diferentes. La Rosa es
elegante, bella pero, al mismo tiempo, muy caprichosa y la Zorra es fiera, es salvaje, pero fue amiga y consejera del Principito.
“Fue muy bonito el proceso porque interpretar personajes tan icónicos de la literatura mundial hace que revivamos esa etapa tan importante y especial de nuestras vidas como es la niñez y que se la entreguemos mediante nuestras interpretaciones a esos niños del presente que vienen a ver con ojos curiosos.
“Fue y sigue siendo muy bonito siempre tenemos que hacer la obra. Por supuesto que uno nunca está conforme con el resultado porque aunque estoy muy orgullosa de adonde he llegado todavía siento que queda mucho por aprender y que cada función es la oportunidad perfecta para seguir perfeccionando”.
Laura Marín estudió actuación durante cuatro años en la Escuela Profesional de Arte Samuel Feijoo, de Villa Clara. Trabajó posteriormente en los grupos de teatro Escambray y Cabotín, donde se mantuvo los tres años del Servicio Social hasta que se traslada a Matanzas en 2023 para formar parte de El Portazo.
“Durante ese tiempo me mantenía visitando Teatro de las Estaciones. Iba a cada una de sus obras y Rubén me propone en algún momento trabajar con él en lo que sería su próximo estreno, Un rastro en las estrellas. Por supuesto que fue una sorpresa para mí, una alegría inmensa, un privilegio.
“A lo largo de todo el proceso de montaje me incorporo a las reposiciones de algunas de las obras en repertorio de Teatro Las Estaciones como El patico feo, Todo está cantando en la vida y actualmente estamos trabajando en una obra homenaje a Pelusín que pronto se estrenará.
“He podido participar en varios de sus conciertos con Rochy Ameneiro, con Enid Rosales hicimos un concierto homenaje a Teresita Fernández, he podido participar en eventos como Corazón Feliz”.
Cuando Raúl Alvarez llegó a Matanzas nunca imaginó ser parte de la tropa de la Luna y el Sol. Pertenecer a la Unidad Docente Carucha Camejo le abrió las puertas a la aspiración que lo acompañó durante mucho tiempo. “Me inicié en el arte creo que como la mayoría de los creadores. Cuando pequeño me integraba a todos los matutinos de la escuela, declamaba, bailaba, cantaba.
“Ya cuando tenía 18, 19 o 20 años comencé trabajando en el Guiñol de Camagüey y ahí estuve dos años como jefe de escena. No estuve como actor porque no tenía escuela, no tenía preparación, pero luego comencé a hacer personajes porque hubo un déficit de actores y pude hacer algunos personajes.
“Luego vine para Matanzas, me entero de que Rubén va a abrir una academia de teatro para niños y de títeres y que estaba la convocatoria abierta, me presento a la prueba, apruebo y comienzo a estudiar.
“Rubén me invita a participar en Todo está cantando en la vida, en el 2019, y tuve el honor de doblar personajes con Iván García, un actorazo de mucho prestigio, reconocimiento y experiencia. Nos graduamos con una obra de María Laura Germán, que Rubén versionó, A dónde van los ríos”.
Para ambos, Estaciones es una gran familia, una oportunidad de crecimiento permanente. “Estaciones es un grupo maravilloso donde apenas uno llega siempre todos los actores e integrantes del grupo te extienden la mano, donde te sientes muy bien.
“Ser parte de Estaciones es un privilegio, un orgullo, un honor porque es un grupo de alto nivel dentro del teatro de títeres en el país y en el mundo, un grupo muy reconocido que trabaja muchísimo y estar ahí es un logro también”, confiesa Raúl.
“Yo le doy gracias a Dios, a Rubén que me dio la oportunidad de estar en su grupo y a todos mis compañeros que me han tomado de la mano y me han enseñado a caminar. Estoy muy feliz con todo lo que me ha pasado en la compañía, con todo lo que, estoy segura, seguirá pasando porque tengo muchos deseos de trabajar y de aprender”, agrega Laura.
Los jóvenes actores reconocen asimismo lo que representa para ellos pertenecer a una de las agrupaciones de referencia del teatro de títeres en Cuba y parte del extranjero y lo que les ha aportado desde lo profesional y lo personal.
“A teatro de las estaciones le debo la oportunidad de ver el teatro de una manera diferente. Ha sido una escuela para mí porque luego de El principito he tenido la suerte de trabajar en varias de sus obras ya estrenadas, pero que aún siguen activas en repertorio y siempre he tenido la oportunidad como empezar de cero.
“Cada títere abre un mundo de experiencias, técnicas nuevas, voces, maneras diferentes de expresión y esas son algunas de las cosas a las que me someto siempre a que empiece algún proceso nuevo con Rubén. Entonces cada día es algo nuevo.
“Aún sigo aprendiendo y eso me gusta. Trabajar para los niños con ilusión, llevándole esa magia que logran Rubén y Zenén con sus maravillosos diseños; poder cantar, bailar para ellos han sido de las mejores cosas que he descubierto. Nunca pensé llegar hasta aquí y ya que estoy disfruto el proceso”, asevera la muchacha.
“Todos los días se aprende, todos los días se educa uno dentro del teatro y en la vida. Rubén siempre trata de que la preparación sea como profesional y como persona también. Él siempre está haciendo hincapié en eso. Mediante sus enseñanzas, su manera de dirigir y de ver las cosas siempre está pendiente de que uno sea mejor persona y mejor profesional.
“En Estaciones se canta en vivo, se baila, hay que decir bien los textos, hay preparación física y preparación en la parte musical. Es una escuela grande porque Rubén es un director muy exigente y si no sale bien pues no estrenas.
“Todo el mundo tiene que estar al mismo nivel y eso te da la preparación que necesitas para acercarte a los más experimentados y feliz. En Estaciones yo soy feliz”, concluyó el joven actor.
Nuevos desafíos aguardan a Raúl Alvarez y a Laura Marín, dos jóvenes actores matanceros que comienzan a desandar los caminos del teatro bajo la buna sombra de Rubén Darío Salazar en Teatro de las Estaciones, conquistando no solo el Premio Llauradó sino también el cariño de su público.
