Juventud en la cuerda floja: La paradoja del trabajo en Matanzas
Las aulas de la Universidad de Matanzas se convierten en una oficina de contratación atípica. Decenas de estudiantes se suman al Contingente Educando por Amor, un programa que busca aliviar el déficit de maestros en Cárdenas, Unión de Reyes, Limonar y la propia capital provincial . La imagen es poderosa: jóvenes formándose que, a su vez, se comprometen a formar a otros.
Los universitarios no solo cubren una necesidad urgente en secundarias básicas, preuniversitarios y politécnicos, sino que, se convierten en «facilitadores que fomentan habilidades socioemocionales» . Este año, además, la iniciativa se extendió a los estudiantes de la Licenciatura en Cultura Física, una respuesta directa y acertada frente a la alarmante falta de profesores de Educación Física en esos territorios .

Sin embargo, la lectura no puede detenerse en el aplauso al voluntariado. Si escarbamos un poco, esto es solo la punta del iceberg de una paradoja mayor que define el escenario laboral juvenil en la provincia. Estamos ante una juventud que «da el paso al frente» para sostener estructuras esenciales del estado, pero que al mismo tiempo se enfrenta a un mercado laboral que no siempre logra retener su talento en los sectores estratégicos.
La realidad de la calle nos dice que la empleabilidad juvenil no puede ser estacional, ni depender solo del voluntariado. El reto para los Gobiernos locales y la Dirección de Trabajo es doble: diversificar la oferta y, sobre todo, hacerla atractiva. No se trata solo de que los jóvenes encuentren una plaza, sino de que ésta sea digna, estable y esté alineada con su proyecto de vida. De lo contrario, la fluctuación hacia sectores de mayor remuneración, que ya es un fenómeno palpable, dejará huérfanos a sectores vitales como la agricultura y, ahora también, la educación.
La conclusión es tan esperanzadora como inquietante. Educando por Amor demuestra que la juventud matancera no le da la espalda a su realidad cuando se le convoca con un propósito claro. Pero que no se malinterprete: la solución de fondo no está en la heroicidad de un estudiante que asume un doble rol, sino en construir una economía territorial tan robusta que no necesite recurrir constantemente a los parches. Si logramos que el mismo entusiasmo que vemos en esas contrataciones se traslade a la creación de empleos en la producción de alimentos, la construcción o las nuevas tecnologías, estaremos hablando de un futuro laboral verdaderamente justo para los jóvenes de Matanzas, ese es el desafío para lo que queda de 2026.
