El efectivo no llega a los bolsillos»
La crisis del efectivo en Cuba golpea con más fuerza que cualquier apagón. Lo que debía ser un tránsito sencillo hacia la digitalización se convierte en una odisea cotidiana para miles de cubanos, especialmente para los más vulnerables: nuestros jubilados.
Las causas son múltiples y se retroalimentan, la escasez de efectivo en las sucursales bancarias es una de ellas, a esto se suman los frecuentes apagones que dejan fuera de servicio cajeros automáticos y canales digitales, justo cuando el Gobierno impulsa la llamada «bancarización» como política central.
El plan choca, en la práctica, con una infraestructura eléctrica inestable y una población envejecida que no logra adaptarse a las tecnologías móviles.
El resultado es un círculo vicioso que genera desconfianza. Quienes tienen saldo en sus tarjetas no pueden gastarlo porque muchos comercios privados, necesitados de efectivo para reponer mercancías, se niegan a aceptar transferencias o aplican recargos de hasta un 30 por ciento por hacerlo.
Esta situación convierte el dinero en billetes en un bien más preciado que el propio saldo bancario, lo cual alimenta una economía paralela que el sistema oficial no logra controlar.
Ante este escenario, las autoridades buscan alternativas. En Matanzas, por ejemplo, se implementó un plan piloto para pagar a jubilados a través de trabajadores por cuenta propia y mipymes con el objetivo de descongestionar los bancos.
La medida es un respiro, pero no una solución definitiva. El propio ministro de Economía y Planificación reconoció que el Plan para 2026 es un «plan mínimo» en un contexto de «economía de guerra», donde los recursos son limitados y el bloqueo, la inflación y la falta de combustible agravan la crisis.
La falta de efectivo no es un problema menor, es la punta del iceberg de una profunda crisis estructural. Mientras no se garantice a todos los cubanos, especialmente a nuestros ancianos, la posibilidad de hacer efectivo su dinero con dignidad y sin largas esperas, construiremos una bancarización sobre cimientos de arena.
La solución no está solo en las aplicaciones, sino en recuperar la fluidez del dinero en la calle y, sobre todo, la confianza de la población en su sistema financiero.
