16 de julio de 2026

Radio 26 – Matanzas, Cuba

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Un respiro en el portal de la Gruta

 

Para sentir amor, bastaba con llegar al portal de la sala de video. Allí, donde la electricidad era un lujo prescindible y la luz del día se colaba generosa, el promotor cultural Bárbaro Velasco abrió las puertas de El Eco de la Gruta, un proyecto que, sin aspavientos, se convierte en refugio contra el vértigo cotidiano. No hubo focos ni amplificación sofisticada: apenas una pequeña bocina y una memoria flash para sostener, con música, los silencios compartidos. El aire lo puso la naturaleza; la magia, los presentes.

La cita, esa mañana de jueves, fue desde el principio un acto de voluntad. Quienes asistieron no llegaron por obligación, sino por el deseo expreso de habitar un espacio de intimidad, sensibilidad y, sobre todo, atención plena. Porque cuando el espíritu pide alimento, no hay mejor menú que la poesía y la compañía.

Bárbaro, anfitrión de oficio y alma del encuentro, abrió el fuego con un poema de Nicolás Guillén que pocos le atribuyen: “Para sentir amor”. Versos íntimos, amorosos, que desnudaron al Guillén menos épico y más humano. Luego, el poeta invitado, Eduardo Daniel González Gómez, tomó la palabra y leyó varias piezas de su libro “Sed de viernes”, publicado en México, y fragmentos de “Dale taller”, de su esposa. Pero la familia, como eje de estos encuentros, no quedó en el papel: Eduardo presentó a su hija Daniela, de 19 años, quien, entre anécdotas de su infancia, mostró manualidades de una belleza singular. La joven no solo hereda el oficio de las letras, sino que teje su propio camino con las manos.

El humor, esa sal que condimenta la vida, asomó con décimas de reconocidos poetas y cuentistas cubanos, y las risas se mezclaron con un ejercicio colectivo: el poema “La Muralla” de Guillén, leído a dos voces, donde el público completaba las frases como un coro improvisado. No faltaron los relatos de vivencias, las anécdotas compartidas y los libros que viajan de mano en mano —como el que una asistente llevó, repleto de historias de personalidades de diversas disciplinas—, porque en El Eco de la Gruta el saber se multiplica cuando se comparte.

Y como toda buena siembra, de esta mañana brotaron proyectos: Daniela será convocada para liderar un taller de manualidades con niños y jóvenes, un espacio para que ese segmento poblacional ocupe su tiempo libre en aprender algo nuevo. La música, mientras tanto, tuvo su broche de oro con la interpretación de Liliet Oliva, joven del catálogo musical del proyecto, cuya voz puso el punto final a más de una hora de tregua.

Porque no todo está perdido. En el reparto Armando Mestre, un portal sin electricidad demostró que el amor, la poesía y el arte aún pueden resetear las preocupaciones. Allí, por un rato, las vicisitudes se desvanecieron, y el aire, ese que la naturaleza regaló, supo a renovación y a futuro.

Foto: Tomada de Internet

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